Opinión

Para los del PSOE: “Iglesia que ilumina es la que arde”

Publicada en InfoMelilla el 9 de mayo de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Recuerdo que antes de las pasadas elecciones escribí un artículo poniendo en cuestión la posibilidad de que un católico pudiera votar en conciencia a un partido que llevase en su programa propuestas contrarias a los valores cristianos. Cuando me refiero a católicos lo hago, no considerando como tales a aquellos que no tiene escrúpulos en tenerse por tales y, sin embargo, no les importa divorciarse y volverse a casar o considerar la homosexualidad como una opción admisible, equiparable a la heterosexualidad o los que sólo se acuerdan de la Iglesia cuando un hijo suyo debe hacer la primera comunión, considerando tal práctica más como una fiesta mundana que como un sacramento. No, estos se llaman católicos pero, en su interior, saben que no lo son, como no lo son tampoco muchos que van al Rocío o a las procesiones sevillanas de Semana Santa haciendo demostraciones ostentosas de fe pero, en concluyendo los actos religiosos, se emborrachan y continúan con sus vidas licenciosas convencidos de que son unos verdaderos cristianos. Aclarado este punto y siendo evidente que muchos católicos, posiblemente mal aconsejados o informados por la prensa adepta al PSOE o excesivamente crédulos ante el teatro falsario de los socialistas, cayeron en la trampa de votarlos; ahora, precisamente cuando apenas ha acabado de comenzar la legislatura, tendrán ocasión de lamentar su decisión y descubrir cuales eran las verdaderas intenciones de ZP y su partido.

Al señor ZP y a la escuálida vicepresidenta de la Vogue, les ha faltado tiempo para iniciar su ofensiva en contra de la Iglesia católica, poniendo en marcha una batería de disposiciones encaminadas a “vengarse” de la postura de los obispos españoles y de una gran parte del clero ( que no todo), cuando defendieron la doctrina que predicó Jesucristo ante hechos tan lamentables como el aborto, los matrimonios homosexuales, el trágala de la ley de Educación para la Ciudadanía y otras de las “perlas” que, gracias al gobierno del PSOE, se han promovido para escándalo de muchos y ludibrio de los otros. Hay que dejar claro que nunca, la Iglesia católica, ha pretendido inmiscuirse en las decisiones libres de la ciudadanía, sino que se ha limitado a recordarles a los fieles el camino que debían seguir si pretendían actuar como cristianos. Es evidente que los que nos gobiernan, que en esto de cultura religiosa andan flojillos, que toda la espiritualidad de que disponen cabe dentro de un dedal y que todas sus aspiraciones y, lo único, que le piden a la vida, se centran en tener poder, hincharse de ganar dinero, trabajar poco y gozar a tope, sin trabas morales ni preocupaciones metafísicas; no pueden llegar a entender que haya alguien que no comparta sus ideas y ven, en cualquiera oposición que se les haga, la mano oculta de una derecha intransigente y reaccionaria.

No son capaces de asimilar que no es la Iglesia católica la que acude en defensa de unas ideas conservadoras, sino que es precisamente lo contrario, es la derecha, son los miembros de los partidos conservadores los que se acercan a ella, precisamente, por seguir las enseñanzas de Cristo; como lo han sido durante siglos las organizaciones democristianas y una gran parte de las liberales. La derecha defiende en la política lo que la Iglesia por su carácter espiritual no debe hacerlo y, por sus propias reglas, no debe intervenir. Veamos, para dejar clara esta cuestión, es lo mismo que si los socialistas se quisieran vengar del PP por hacerles oposición (la verdad es que sí lo hacen en cuanto tienen ocasión).

La señora De la Vega no ha disimulado las intenciones del nuevo Ejecutivo: pasarle cuentas a la Iglesia católica por su supuesta oposición al gobierno socialista. Pero ¿qué es lo que hay detrás de esta pantalla de la “laicidad”? Simple y llanamente que, a través de leyes orgánicas o de su modificación (en este caso la Ley Orgánica de Libertad Religiosa) pretenden darle carpetazo a lo que, claramente, expone la Constitución de 1978; en la que se declara que, el Estado español, será “aconfesional”. Esto supone que el Estado no debe ser beligerante en el tema de las creencias de sus súbitos, ni por activa ni por pasiva. La aconfesionalidad supone que la vigilancia del gobierno en los temas religiosos debe estar limitada a evitar que, en nombre de la religión, se pudieran cometer actos ilegales, punto. Aquí sería muy conveniente recordar que hay, hoy en día, en España confesiones religiosas que practican actos (ablaciones, por ejemplo) que son contrarios a nuestra legislación penal ¿se preocupan nuestros tribunales de velar por que ello no suceda? Me temo que no con mucha diligencia.

Lo que ocurre es que existe una clara intención, en este nuevo o renovado Ejecutivo, de no permanecer neutral en el tema religioso. Su proyecto es, y así lo dicen, luchar para laicizar a los ciudadanos de forma que los que no quieran acogerse a la “religión” oficial o sea el laicismo institunacionalizado del Estado, serán postergados al grado de ciudadanos de segunda. Es de destacar esta “regularización sobre el ejercicio del derecho fundamental a la libertad de conciencia” de que nos habla la señora De la Vega. ¿A que se estará refiriendo la vicepresidenta? El TC ya emitió su opinión al respecto en los temas de conflicto entre las creencias de la persona con respecto a leyes estatales que le obliguen a hacer algo, como en el caso de aborto. La opción fue clara: prevalecía la objeción de conciencia sobre la norma estatal, por tratarse de un derecho fundamental del individuo. Sólo en casos que implique hacer algo que esté prohibido por ley se limitan estas conductas individuales a que no sean destructivas para la sociedad.

Hay que resaltar que, durante la legislatura anterior, por la vía de los hechos consumados y valiéndose de la apisonadora de que disponía en el Parlamento el PSOE, se han implantado leyes (la Educación para la Ciudadania es una de ellas y los supuestos que autorizan la excepción a la ley penal sobre el aborto, otra) que atentan directamente contra el derecho a la vida y la facultad de los padres a ejercer su derecho fundamental a escoger la clase de formación religiosa y ética para sus hijos. ¿Estamos abocados a pasar por el tubo de la moral dictada por el Estado? Es obvio que, con la excusa de que hay otras religiones que coexisten en España con la católica, se pretende ningunearla y postergarla a fin y efecto de librarse de un molesto crítico que les resulta incómodo a la hora de promocionar sus doctrinas totalitarias. Parece que les apremia, a los del Ejecutivo, convertir la “aconfesionalidad” en “laicidad”, para así tener el instrumento que les permita implantar sus doctrinas materialistas y su moral relativista. Lo van a tener difícil mientras sea la propia Constitución quien le otorgue una trato especial a la Iglesia Católica; claro que, así como va cambiando el PP, ¿quién nos dice que no acaben por aceptar cambiar la Constitución?. Esto sólo está empezando y vamos a tener que sorprendernos, en los meses sucesivos, con más ataques a las libertades individuales. Sin embargo, la historia ha sido pródiga en conflictos entre Iglesia y Estado y, vean por donde, la Iglesia permanece y los estados que se le opusieron algunos ya no existen y otros han cambiado de gobernantes mil veces. Lo dijo don Quijote: “Con la Iglesia hemos topado, Sancho”

Miguel Massanet Bosch