Opinión

Paulino Díez y el movimiento obrero en Melilla

Publicada en InfoMelilla el 11 de septiembre de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

La reedición de las memorias de Paulino Díez, tituladas “Memorias de un anarcosindicalista de acción” cuya primera edición fue en Caracas en 1976, era algo esperado por todos los interesados en la historia de Melilla en general y ,especialmente, en la historia social, sindical y política de nuestra ciudad, campo este muy olvidado por la historiografía oficial de Melilla. Las memorias de Paulino Díez son una fuente de información única, por el momento, de unos años en que el colectivo de obreros de Melilla, llegados en oleadas migratorias coincidiendo con las campañas militares, empiezan a organizarse y luchar por sus derechos en una ciudad sometida a la autoridad militar y que, por lo tanto, vive en una situación administrativa especial que obstaculiza esta labor sindical y política ya que hasta la llegada de la II República y la implantación de un régimen civil en Melilla no pudieron actuar libremente partidos políticos y sindicatos. Con todo, por ser tan esperada esta reedición de las memorias de Paulino Díez, tal vez a alguno nos ha decepcionada el hecho de que el texto no estuviera acompañado de un estudio preliminar y unas notas más profundas y amplias, sobre todo en lo referente a Melilla. Así, me he permitido recoger algunos datos aparecidos en la prensa local de 1917 y 1918, años en que se vive una efervescencia del movimiento obrero en Melilla, que avalan y complementan lo que Paulino Díez escribe sobre esa época. Dicho esto, quiero aprovechar la ocasión para agradecer el que se editen libros como el que nos ocupa. Libros y estudios que van llenando ese espacio prácticamente en blanco que es nuestra historia social y política.

La crisis de 1916 – 1918

Aunque España no participó en la Primera Guerra Mundial, las repercusiones del conflicto generaron una profunda crisis social y política que prácticamente significó el fin del Régimen surgido con la Restauración Borbónica y la Constitución de 1876.

Este régimen basado en el “turno de partidos”, necesitaba del concurso de caciques locales, terratenientes y grandes empresarios agrícolas e industriales que utilizaran su influencia para ayudar a las autoridades a manipular las elecciones y así “legitimar” de alguna forma el cambio de gobierno pactado en las cúpulas de los partidos que apoyaban el régimen. Este sistema basado en la manipulación de elecciones generó una gran corrupción y descrédito de los sucesivos gobiernos que se iban sucediendo. Con todo, el propio desgaste del sistema y el que el voto de las ciudades era menos manipulable posibilitaron que en el parlamento pudieran entrar republicanos y socialistas y que se produjeran escisiones en los partidos que apoyaban al régimen generando una crisis política que se unió a la social y al militar originada por la aparición de la Juntas de Defensa.

Por otro lado, la neutralidad española en la Gran Guerra, posibilitó un despegue económico sin precedentes originado por la demanda de los países beligerantes. Sin embargo, aunque esta bonanza económica dio la oportunidad de saldar gran parte de la deuda exterior, de modernizar empresas y aumentar la reservas bancarias, esta riqueza sólo benefició a un reducido circulo de privilegiados: grandes empresarios, terratenientes, especuladores y acaparadores, que en muchos casos estaban conectados con el poder político.

Mientras estos privilegiados se enriquecían, el resto del país sufría las consecuencias del proceso inflacionista y de escasez de productos de primera necesidad derivada del desvió a la exportación de la producción nacional de alimentos y productos industriales.

Estos problemas incidieron especialmente en obreros y jornaleros que veían las enormes ganancias de sus patronos mientras ellos apenas podían mantener a sus familias con unos sueldos que no aumentaron al ritmo de la inflación. Entre 1914 y 1917 el coste de la vida se incrementará en un 37,5 por 100 según datos del Instituto de Reformas Sociales. Esta situación llevó a los obreros a la movilización masiva en defensa de sus derechos, impulsando la afiliación en los sindicatos tanto socialistas como la U.G.T. y anarquistas como la C.N.T. Finalmente la no solución por parte de las autoridades del llamado “problema de las subsistencias” originó una gran conflictividad social que desembocó en dos huelgas generales: una el 18 de diciembre de 1916 y otra mucha más intensa y grave en agosto de 1917.

LA SITUACIÓN EN MELILLA.

En Melilla se vivían los mismos problemas que en el resto del país aunque agravados por las peculiaridades geográficas y administrativas de la ciudad.

La paralización de las operaciones militares con el estallido de la guerra europea, motivó un estancamiento de la actividad económica de la ciudad, muy vinculada a los contratos con el ejército. Asimismo, la falta de fondos paralizaron las obras públicas que absorbían gran cantidad de mano de obra. La falta de productos básicos como la harina era aquí más notable porque al tener que traerla de la Península, estaba afectada por el encarecimiento de los fletes y la reducción del número de barcos que hacían el servicio con Melilla. En el Telegrama del Rif del 30-12-1917, aparece un artículo dedicado al incremento de los fletes dando a modo de ejemplo el precio de embarque de una tonelada de harina que en 1911 costaba 9 pts; en 1913 costaba 15pts.; en 1917 eran 19,50 pts y para 1918 Trasmediterránea pensaba cobrar 37 pts. En 1916 se creó una Junta de Subsistencia para buscar soluciones a dichos problemas pero no parece que fuera muy efectiva. Por otro lado existía en Melilla un comedor popular que por estos años daba diariamente unas 300 raciones para “obreros y pobres”.

En esta Junta de Subsistencias participó como representante de las sociedades obreras o gremiales Paulino Díez. Como podemos leer en las memorias de Díez en Melilla la autoridad militar impedía que se fundaran sindicatos y por lo tanto debieron de enmascarar su actividad bajo el nombre de sociedades gremiales. Díez resultó elegido para el cargo en una asamblea mitin organizada por las sociedades obreras de Melilla el domingo 23 de diciembre de 1917 en el teatro Alfonso XIII (situado en el solar que hoy ocupa el edificio Monumental) Este mitin se convocó para tratar sobre el problema de las subsistencias, los alquileres y el paro. Además de Paulino Díez intervinieron José Maldonado por el gremio de dependientes de comercio, José Carvajal por los tipógrafos y Joaquín Sánchez por los mecánicos y que desconfiaba de enviar un delegado a la Junta de Subsistencia. Presidía Díez y sentado junto a él en la mesa de presidencia estaba el inspector Francisco del Prado como representante de la autoridad. En esta mesa se colgó un cartel que decía: “PAN Y TRABAJO”. En un momento del mitin, al pedir Díez la amnistía, el inspector lo llamó al orden, lo que demuestra las trabas que sufrían los obreros al ejercer la labor sindical. En este mitin se aprobaron una serie de puntos que consistían en: protesta por el alza de los precios; que se iniciaran obras públicas presupuestadas y que no se llevaban a cabo como el hospital civil, el matadero, escuelas o el alcantarillado; mejora de las condiciones higiénicas de las casas; rebaja de los alquileres y propuesta de huelga de inquilinos si esta bajada no se producía; protesta por las nuevas tarifas de Trasmediterránea. Acabado el mitin los obreros se dirigieron a la Comandancia General a entregar al general Aizpuru un escrito en que se recogían los puntos aprobados en el mitin. Paulino Díez participó por primera vez en la Junta de Subsistencias en la sesión del miércoles 26-12-1917. Ese mismo día apareció la noticia de que las sociedades obreras solicitaban poder federarse para unir sus esfuerzos para los fines que perseguían. En las páginas del Telegrama del Rif podemos seguir las intervenciones de Díaz centradas entre otras cuestiones en el precio y la calidad del pan que se vendía en las panaderías privadas. Díez criticaba el elevado precio y la falta de calidad del mismo, esto lo refiriere en sus memorias, donde también denuncia el contrabando de productos de primera necesidad con la complicidad de las autoridades melillenses. Por otro lado el Telegrama también recoge las alabanzas de Paulino Díez a la panadería de intendencia que pagaba mejores sueldos a sus panaderos que en las panaderías privadas. Díez dimitió el 21 de enero de 1918 según el Telegrama tras un incidente surgido en la última sesión de la Junta a la que asistió. En su libro habla de la intervención de un piquete de obreros que impidió el embarque de productos destinados al contrabando. En el Telegrama del 22 de enero aparece un articulo titulado: “Subsistencia y contrabando. La ayuda al pueblo”, en que se denuncia el contrabando de productos de primera necesidad y pide que se luche contra esto, aunque alababa la actuación de las autoridades frente a la denuncia de Díez de que amparaban dicha práctica. El 25 de enero el general Monteverde, presidente de Junta de Arbítrios y de la de Subsistencia informa que por orden recibidas debe prohibirse la exportación de productos nacionales sean o no alimentos.

Las sociedades obreras también se implican en iniciativas de las llamadas “fuerzas vivas” de la ciudad. A finales de diciembre de 1917 y organizada por Pablo Vallescá se reunieron diversas entidades y organizaciones melillenses para redactar un comunicado con las reivindicaciones de la ciudad. Este manifiesto se publica el 10-01-1918 en el Telegrama del Rif. Las reivindicaciones eran: asegurar el suministro de carbón para la central eléctrica, incluso se proponen restricciones a bares y cafeterías en beneficio de las industrias que desarrollaban su actividad de noche. Prolongación del dique nordeste del puerto. Desgravaciones productos primera necesidad. Rechazo a las nuevas tarifas de Trasmediterránea y casas baratas para los obreros. Este manifiesto estaba firmado entre otros por Pablo Vallescá, Cándido Lobera y por las sociedades obreras Felipe Torres por la sociedad de arrumbadores, Salvador García por la de estibadores, Paulino Díez por el gremio de carpinteros, Joaquín Sarrió por los zapateros, Juan García por los canteros y Alfonso García por oficios varios. En el terreno estrictamente laboral encontramos que el 12-01-1918 la sociedad de obreros panaderos “El Progreso” anuncia una huelga a partir del 15 de enero. Se reivindica una reducción de la jornada a 10 horas y un aumento del jornal en un 25%. El Comandante General intervino reuniéndose con una delegación de patronos y obreros a los que convence para que aceptaran un laudo de una comisión de arbitraje nombrada por la Junta de Arbítrios. Finalmente el 20 de enero aparece la noticia de que se ha solucionado la huelga de panaderos y, por lo tanto, los soldados podrán dejar “de prestar servicio en las tahonas”. Vemos que mientras que se decía mediar en el conflicto, se empleaban soldados como esquiroles para romper la huelga. El 1º de mayo de 1918, se organizó un mitin en el teatro General Villalba (situado en el Real). Paulino Díez dio un discurso que según el Telegrama del Rif fue “de tonos violentos de propaganda socialista, siendo muy aplaudidos”. El inspector Francisco del Prado acudió como representante de la autoridad.

Sobre la huelga del personal de talleres, tracción y movimiento de la Compañía del Norte Africano que ocasionó la expulsión de Melilla de Díez, en el Telegrama encontramos noticia del aviso de huelga el 2 de septiembre de 1918, la huelga se convocaba para el día 6 en demanda de un aumento de sueldo. También se informa de que el Comandante General quiere arbitrar un laudo que ponga fin al conflicto y, por otro lado, ese mismo día 2 en el Telegrama se anuncia que queda establecida la censura de prensa en Melilla. El día 6 el Telegrama anuncia que las negociaciones están paradas y el 8 de septiembre el periódico señala una normalidad total en la Compañía del Norte Africano donde sólo faltan al trabajo 5 obreros.

La expulsión de Paulino Díez no marcó el fin de las sociedades obreros y el 29-12-1918 se nombra nueva directiva de la sociedad de obreros carpinteros y ebanistas. Presidente Francisco Benítez Ardanaz. Vicepresidente Antonio Leiva Hidalgo. Secretario Antonio García Navarro. Secretario 2º Antonio Aragón Rodríguez. Tesorero Atanasio Albacete Cánovas. Contador Antonio Gutiérrez Parrado. Vocales: Juan Martínez Mellado, Antonio García Maldonado y Antonio Martínez Cano. Martínez Mellado fue compañero de Díez cuando fundaron la C.N.T. en 1931 y Antonio Leiva Hidalgo fue elegido concejal en las filas socialistas en abril de 1931.

El domingo 22 de diciembre se realizó una comida homenaje al presidente de la sociedad de dependientes de comercio Manuel Peñas. Presidió el acto José Miró y José Maldonado dio un discurso en el que se pedía la creación de una verdadera casa del pueblo.

Por Carlos Esquembri Hinojo, de la Aasociación de Estudios Melillenses