Opinión
¿Qué planes tiene el Gobierno para Ceuta y Melilla?
Publicada en InfoMelilla el 29 de diciembre de 2008
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
¿Es que nos hemos olvidado de nuestras dos ciudades del norte de África? O ¿acaso el Gobierno español está decidido a mirar hacia otro lado cada vez que se producen incidentes en la frontera de Melilla? No les interesa que,los españoles, dirijamos la atención hacia nuestras dos ciudades españolas de la otra parte del estrecho de Gibraltar. Es evidente que, desde hace unos años, se ha establecido una especie de pacto del silencio para ocultar los manejos del rey alauíta de Marruecos, el señor Mohammed VI, que no ha parado de mantener la tensión en las fronteras de ambas ciudades, sin que parezca que ni el señor Moratinos –dedicado a acompañar a la señora Chacón para hacerse la fotografía clásica de cada Navidad con los soldados destacados en el Afganistán – ni el señor presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero (más prudente, menos arriesgado, que ha preferido quedarse en casa para demostrar a los españoles que a él no le va el tema de la guerra y que lo suyo es “la paz”); hayan demostrado el más mínimo interés en averiguar lo que sucede y en advertir a nuestros vecinos del sur que esta no es manera de agradecer los favores que, desde la Moncloa, no paran de hacerles.
No se entiende que nos vengan predicando desde el Ejecutivo las “buenas relaciones que existen entre Rabat y Madrid”; que se estén celebrando reuniones bilaterales por las que se les van concediendo créditos a Marruecos y, menos aún, que se les faciliten partidas para la adquisición de armas que, en alguna ocasión, pudiera ser probable que sirvieran para atacar a nuestras tropas de las dos ciudades que forman nuestra avanzadilla en la costa africana. Ya sabemos que el señor Zapatero les tiene alergia a las guerras; ya nos ha instruido la señora ministra de Defensa, sobre el concepto que ella tiene de lo que es un ejército, algo así como una ONG vestida de caqui verdoso y destinado únicamente a misiones de paz. Faltaría que nos aclarase, la docta ministra, lo que es una misión de paz, porque en los dos lugares en los que tenemos destacados soldados, al menos en los que tenemos más, que son Afganistán y el Líbano, parece que los únicos que piensan que están en misión de paz son nuestros soldados porque lo que son los talibanes y los milicianos libaneses no tiran con pepinos, sino que usan bombas y balas de plomo. Lo malo es que en “misiones de paz” también se muere y, máxime, si resulta que nuestros soldados no están convenientemente pertrechados para resistir al enemigo.
Pero vean que se me ha metido en la mollera una idea, que no me deja en paz. Tengo la corazonada de que, desde la visita del Rey a las dos ciudades africanas; desde que se armó aquella mar y morena tan bien orquestada por el señor Mohamed VI, secundado por su ministro de Asuntos Exteriores; que motivó la retirada del embajador marroquí en Madrid; da la sensación de que se ha querido correr un tupido velo sobre las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla y, sin embargo, no dudo que, como ocurrió con las negociaciones con la banda terrorista ETA, reuniones “haílas”. Ignoro si Maquiavelo tenía pensada alguna de sus malvadas estrategias para camuflar la traición de un gobernante a su país, pero me imagino que Rasputín, el fiel o, no tan fiel, confidente de la germánica zarina, si tendría alguna teoría para hacerlo y además con sigilo. En todo caso es evidente que el señor Zapatero, en eso de intentar ocultar sus negociaciones de tapadillo a los ciudadanos, es un verdadero experto aunque, ha tenido mala suerte porque, en cada ocasión que lo ha ensayado, alguien se ha encargado de levantar la cortina y todo “el pastel” ha quedado al descubierto. Y es que, a veces no basta hacerlo bien, es preciso, además, no dejar rastro que pueda acabar por dejar a alguien con las posaderas expuestas a la intemperie.
El juego se me antoja peligroso. Mohamed VI está bien visto en Europa, especialmente en Francia y, desde luego en EE.UU cuenta con más simpatías de las que ha generado un ZP díscolo, mal educado y faltón con la gran nación americana. Todo ello le facilita su juego, algo así como el del gato y el ratón. Aprieta y afloja pero, en cada ocasión en que lo hace, consigue avanzar un peón, aparentemente inofensivo, pero que no hay duda que forma parte de una jugada mucho más peligrosa, encaminada a que, a la menor ocasión que se le presente –ante una España con un ejército reducido, carente de material moderno ( estamos hablando todavía de los tanques Tigre) y conducida por un Gobierno al que sólo mencionar la palabra “guerra” le cogen todos los males – no tiene más que extender la mano para apoderarse de nuestras dos perlas africanas.
No estamos en tiempos del patriotismo acendrado, como el que levantó a los españoles en 1808 contra la invasión francesa, capitaneada por el general Murat; no tenemos a héroes como Daoíz, Velarde o Agustina de Aragón, que sean capaces de levantar a los ciudadanos para lanzarlos, al grito de “muramos por España”, a sacrificarse en defensa de los españoles del otro lado del estrecho. A todo tirar les podríamos enviar a algunos sarasas, travestidos o pacifistas progres, para que intentaran parar el ejército de Marruecos con lienzos arco iris o con pancartas con inscripciones de “no a la guerra” o “hagamos el amor y no la guerra”; que seguramente harían que se murieran… de risa, las huestes de Mohamed VI. Sin duda, sería una mala noticia que, todos estos signos de falta de autoridad, este abandono al que se deja a nuestros policías de Ceuta y Melilla, ante las provocaciones sistemáticas y, cada vez, más frecuentes y temerarias, por parte de los activistas marroquíes; no fueran más que una componenda, una estrategia, una alianza secreta para que, al fin, cuando la ocasión fuera propicia, con cualquier subterfugio, mediante un compadreo y bajo la apariencia de un acto de solidaridad y amistad con Marruecos; se estableciera un cambalacheo, una especie de componenda autonómica, por la cual Ceuta y Melilla pasaran a formar parte de Marruecos, bajo su soberanía, si bien, gozando de un estatus de ciudades autónomas. ¡Atentos, que torres más altas cayeron!
Miguel Massanet Bosch