Opinión
Un ciudadano preocupado por su partido
Publicada en InfoMelilla el 26 de marzo de 2008
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
Debo reconocerles que siento una cierta preocupación por lo que pueda resultar de tanta meditación en la sede el PP. Creo seriamente que existe el peligro de que ciertos sectores, los más pazguatos y negociadores del partido, impongan sus tesis de “convivir” con el PSOE, de renunciar a ciertas posiciones que ellos puedan creer que hay ciertas personas a las que les pudieran parecer excesivamente “conservadoras” y a abrirse más a lo que, según ellos, pueda ser más moderno y asimilable; por lo que parece que se exige de parte de esa sociedad que se siente incómoda dentro del refajo de una moralidad, que estiman arcaica, y de unas posiciones que tachan de poco realistas. En fin, que se inclinen a las tesis gallardonistas y dejen de defender lo que siempre ha sido la bandera y señal del partido desde su constitución por el señor Fraga Iribarne, quien, por cierto, a su vejez parece como si quisiera renegar de los que durante tantos años estuvo defendiendo.
No sé que quieren que les diga, pero a mí el que hayan prescindido del señor Zaplana me parece la primera de las concesiones que le han hecho a su eterno rival el PSOE. Ya vemos que el señor Aceves va a seguir un camino similar con lo cual queda bastante claro que, en la mente del señor Rajoy, no caben aquellos que, como en el caso de los dos mencionados, se partieron los cuernos en el Congreso para defender con uñas y dientes las ideas tradicionales del PP. Y aquí podemos entrar en todo tipo de elucubraciones que nos pueden llevar a pensar: ¿hasta dónde quiere llegar el líder del PP en su renovación y hasta qué punto está dispuesto a variar el rumbo del partido para acomodarse a lo que le piden determinados sectores más “democráticos”, llamémosle así, de la formación que él dirige?
No quisiera pecar de pesimista, pero ya estamos tan acostumbrados los sufridos seguidores y simpatizantes del PP a que, cuando parece que mejor tienen las cosas, las echen a perder por su falta de agallas y su quijotismo tradicional, que cuando vemos a acólitos como la señora Soraya Sáenz de Santa Maria (que figura en las quinielas como posible portavoz en el Congreso del PP) hablando de posible “abstención” en la votación de investidura del señor Zapatero, se me caen los palos del sombrajo. Veamos si nos aclaramos, estimada jovenzuela; si no estoy equivocado este señor, que ha utilizado todos los trucos habidos y por haber para hacer desaparecer al PP de la arena política, no tuvo ningún empacho en engañar a Rajoy cada vez que en la pasada legislatura se entrevistó con él; permitió que el contenido del Pacto del Tinell fuera aplicado en toda su rastrera y antidemocrática intención para apartar al PP de cualquier resolución que se tomara, tanto en Catalunya como en el Congreso de Diputados; ha atentado, sin el más mínimo recato, contra la unidad de España y ha conseguido llevar al país al borde del enfrentamiento entre españoles; pues bien, ahora nos vienen ustedes, los bisoños del partido, –los que se creen que lo saben todo de España, sin tener la más mínima experiencia en gobernar ni han conocido otra cosa más que una vida de bienestar y bonanza económica – a pretender hacerle el caldo gordo a ZP y a ofrecerle una baza política semejante permitiendo que se salga, con una simple abstención, de su ceremonia de investidura.
¿Ustedes saben el uso que, un astuto Zapatero, podrá hacer de la debilidad manifestada por el PP al no saberse oponer con rotundidad a la investidura de un sujeto que se ha demostrado incapaz de gobernar España, que ha engañado las veces que ha querido a los españoles y que ha permitido a la ETA que se rearmase bajo la excusa de negociar con ella? Por si no lo saben hay diez millones de españoles que los han votado, que esperan que algún día esta España, tan maltratada últimamente, recobre el pulso y se rehaga del maltrato a que la han venido sometiendo todos los gobiernos socialistas que, en mala hora, hemos tenido que soportar. Los que hemos confiado en Rajoy lo hemos hecho en el bien entendido que este señor se comprometa a defender el ideario básico que desde la primera Alianza Popular y a través de todo los presidentes de la formación se ha mantenido contra viento y marea. Puede resultar incómodo repudiar las bodas de los homosexuales; puede resultar impopular para ciertos mojigatos oponerse al aborto y a que deje de considerarse como delito y puede ser impopular en ciertas autonomías que se exija que en toda España se hable el español y que cualquier ciudadano tenga el derecho a hablar y a ser educado en él. Pero si no se mantienen estas premisas resulta que el PP dejará de ser lo que fue, si no se vela por la moral y ética que han sido patrimonio de tantas generaciones de españoles para conformarse con el relativismo tan en boga hoy en día y si aceptamos que España se convierta en un cúmulo de pequeñas naciones; no estaremos manteniendo nuestros ideales y convicciones.
Las derrotas electorales suelen ser amargas. Uno se pregunta lo que hizo mal y siempre hay el peligro de caer en la tentación de pensar que si se afloja en algo, si se retoca lo de más allá o se cede en tal punto las cosas irán mejor. Hay que hacer una revisión, por supuesto, de lo que falló y plantearse la forma de rectificar y empezar de nuevo, pero esto no supone quemar las naves y tirar por la borda todo el bagaje anterior para iniciar la andadura con nuevas ideas, nuevas personas y viejos defectos. El adversario es el mismo, sus intenciones no han variado y sus recursos son conocidos. Como ciudadano de a pie yo me permitiría recomendarle al señor Rajoy, que preste más atención a la comunicación con los ciudadanos; a mejorar su cobertura mediática hasta ahora claramente dominada por los socialistas; a recuperar la iniciativa en el Congreso y, sobre todo, a no dejarse cazar en las redes del señor ZP, como lo hizo en la legislatura pasada. Experimentos, señor Rajoy, pocos porque el partido necesita recobrar la confianza y la seguridad que ha perdido después de la derrota. Nos equivocamos en lo del Estatuto de Valencia y el de Andalucía, y debemos reconocerlo. Acertamos en el modelo de lucha antiterrorista, en la defensa de la bandera y de la unidad de España. Fuimos tibios e inconsecuentes en la defensa del idioma español y lo estamos pagando.
Rectifiquemos errores y afirmémonos en los aciertos.
Miguel Massanet Bosch