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Trabajo más que profesional el del equipo de Vicente Mendoza.
Abrazo musical entre melillenses y ceutíes con la portentosa actuación de la Orquesta Sinfónica
La zarzuela tomó el relevo del género al que algunos llaman culto, y los acordes de La revoltosa imprimieron la vitalidad elegante de la música española en el recinto religioso.
Publicada en MeliYa el 25 de mayo de 2009
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Con el presidente Vivas a la cabeza, emocionados y en pie, el público ceutí que llenó la catedral despidió con una larga ovación el concierto de la sinfónica Ciudad de Melilla. Al filo de las ocho y media de la tarde, comenzó a sonar la orquesta, cuyo programa incluía 16 temas musicales, escogidos de entre los géneros de ópera y zarzuela.
Ya en el inicio, con la obertura de Carmen, de Bizet, la sinfónica templó armas y puso en situación al público, al que captó de lleno con la rotundidad definida de una pieza, no por más conocida menos esperada, preparándolos así para el copioso y espectacular programa que siguió.
Nuestra sinfónica proporcionó un verdadero espectáculo, en el que no tuvo importancia menos destacable el magnífico escenario catedralicio, el cual, a pesar de una cierta cacofonía comprobada durante los ensayos, se reveló como indóneo una vez que el numeroso público llenó las tres centenares de plazas disponibles.
Siguiendo el programa, la aparición dosificada de las sopranos Teresa Huici y María del Carmen Gálvez, así como del tenor Sebastián Alarcón y el excelente barítono Alberto Arrabal, puso el final a la primera parte operística, a la que sucedió la segunda sin solución de continuidad, al considerarse que un repertorio tan extenso obligaba a la supresión del descanso habitual.
La zarzuela tomó el relevo del género al que algunos llaman culto, y los acordes de La revoltosa imprimieron la vitalidad elegante de la música española en el recinto religioso, que vibró con la suma de las notas musicales y la emoción que podía captarse en un público atento y, por qué no decirlo, ciertamente sorprendido del despliegue artístico de nuestra orquesta, el coro y los cuatro solistas, que llegaron, en un momento determinado, a escenificar una parte de su libreto marcándose un vals durante la interpretación de la mazurca de las sombrillas, de Luisa Fernanda.
No importaron las dos horas de metraje, porque el disfrute de los ceutíes que asistieron fue más que evidente, y el cansancio de los ejecutantes tuvo su correspondencia en la impresionante ovación que relatábamos arriba, y que fue una forma generosa y merecida de agradecer a la sinfónica de Melilla, y a toda la ciudad hermana en realidad, el regalo de esta noche de sábado sacralizada por la bendición de la música.
Al término del concierto llovieron las felicitaciones y las promesas, por parte institucional, en concreto por la consejera de cultura de Ceuta, de futuros intercambios músico-culturales entre ambas Ciudades Autónomas.