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Comida de 'hasta luego' en el Fuerte de Rostrogordo.

Celebrado y brillante final al curso de la Asociación de Amas de Casa de Melilla

Llega el tiempo de vacación y asueto y ellas se despiden hasta el nuevo curso, como si fueran un claustro de inteligencia, experiencia y magisterio de vida, que, por cierto, es el papel que representan en la sociedad melillense.

Publicada en InfoMelilla el 11 de junio de 2009

Salvador Ramirez Vélez

Cuando Franco prohibía expresamente el asociacionismo, por aquello de su temor a la masonería -devoción que fue suya-, cuando agruparse era imposible, las amas de casa de Melilla se tiran al monte y crean una asociación, driblando como el mejor ariete futbolístico la legislación vigente. Y nace la Asociación de Amas de Casa de Melilla (AAM), hala, a lo valiente.

La 'jefa', en el centro.
La 'jefa', en el centro.

Son ya varias décadas de trabajo y reivindicación de unas trabajadoras sin nóminas ni cotizaciones a la Tesorería de la Seguridad Social que echan muchas más horas que sus parejas en eso del 'tajo'. Y son más responsabilidades porque hay que garantizar la higiene del hogar, hay que alimentar a los propios y a los apropinados, hay que educar a los chavales, hay que complacer -en todos los sentidos- al compañero y, si queda algo de tiempo, se descansa.

Buen ambiente en El Fuerte.
Buen ambiente en El Fuerte.

Hoy la cosa es distinta porque los tiempos han cambiado. Hoy, las amas de casa melillenses comparten alegrías, organizan talleres y cursos, intercambian conocimientos, viajan y siembran amistades. El deseado 'rol' de hace 40 años ya se ha conseguido y la AACM funciona como un reloj, tanto que tienen una importancia social que nadie pierde de vista.

Llega el tiempo de vacación y asueto y ellas se despiden hasta el nuevo curso, como si fueran un claustro de inteligencia, experiencia y magisterio de vida, que, por cierto, es el papel que representan en la sociedad melillense.

Hay que despedirse hasta dentro de un par de meses más o menos y qué mejor que hacerlo circunvalando una buena mesa gastronómica en el Fuerte de Rostrogordo. Ángela González de Weil es la presidenta de este proyecto tan veterano como ilusionante. Es mujer crítica pero sensata, autodidacta de la vida, viuda de un melillense admirado y recordado pero, sobre todo, activa como el rabo de una lagartija.

Las amas de casa melillenses embocan el estío cargadas de vitalidad porque no han parado ni en sus hogares ni en su asociación. Toca descansar un poco pero todo está previsto porque a partir de finales de agosto, la olla vuelve a hervir y Melilla entera se va a enterar de lo que son capaces sus amas de casa. Atentos.

El grupo posa.
El grupo posa.