Local
Mascarón de proa de la gastronomía melillense.
De la barraca de Manuel Benítez Naranjo a Los Salazones de su hijo Paco
Los profesionales que atienden la reformada parcela saben enamorar a los clientes con dos buenos argumentos: excelente mesa y afabilidad.
Publicada en MeliYa el 6 de junio de 2009
Mi hermano Antonio y yo éramos niños. Él no se puede acordar porque iba en un cochecito, además era un trasto. Pepe y Julia -nuestros padres- nos llevaban a la playa de Los Cárabos y, tras el baño, comíamos paellas y sardinas a la placha en un barracón denominado Los Salazones.
Un señor, que dicen que jugó al fútbol en el Melilla, nos atendía como si fuéramos familia; luego me enteré de que se llamaba Manuel Benítez Naranjo.
A su lado, sus hijos, Paco y Manolo. Todo Melilla comía los domingos en Los Salazones y todos comíamos bien. La vida ha ido pasando y el restaurante de Paco Benítez se ha convertido merecidamente en el mascarón de proa de la grastronomía local. Quien conoce Melilla la suele conocer por Los Salazones. Paco, que es un máquina, recibe a sus clientes cuchillo en mano pero no para pincharles, no, sino para ofrecerles un jamón que sabe a dioses del Olimpo.
Justo en el sitio donde mi hermano Antonio y yo nos poníamos hasta las trancas de arroz, hoy hay una 'zona' de barrilitos para chatear a gusto. Los profesionales que atienden la reformada parcela saben enamorar a los clientes con dos buenos argumentos: excelente mesa y afabilidad. Paco -sus hijos también están pendientes- vigila en la trastienda mientras sigue cortando pata de guarro y queso añejo.
En la cocina no sólo hay fuego en los fogones sino en el corazón de sus responsables, empezando por Pepi, la costilla de Paco. Esa es la fábrica de los sueños, el paraíso del paladar, pero cuesta trabajo estar horas y horas enamorando a los sentidos.
¿Fue mejor aquella barraca de uralita que este restaurante de lujo?. Entendemos que se trata de lo mismo porque los espíritus dominantes pertenecen a las mismas personas, la estela familiar que dejó en Melilla aquel señor que tan bien nos atendía a Pepe, Julia, Antoñete y uno mismo. Salud.