Opinión

Desde la Medina: Ante Dios y los Hombres

Publicada en InfoMelilla el 1 de julio de 2009

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Desde la Medina

**“Homenaje a los Hombres y Mujeres de la Conferencia de Nuestra Señora de la Asunción perteneciente a San Vicente de Paúl de Melilla”.**

*“Ante Dios y los Hombres” “¡Callad y haced,

oíd el silencio,

dad paso a los hechos,

socorrer la indigencia! ¡Callad y haced,

aliviad temores,

aliviad las penas

de turbios corazones! ¡Callad y haced,

Dios en su bondad

os ha sabido escoger!. ¡Callad y haced!”.*

¡Qué difícil es acercarse a este atril, los nervios invaden y dejan huellas imborrables y en mi caso difícil de esconder. La responsabilidad me anega, la envidia me asalta, ejemplos son los vuestros, no los míos, por orador que hoy sea, déjenme decir cuanto mi corazón me dicta y realzar vuestra hazaña ante los ojos y oídos de los hombres. ¡Gracias! Excmas. e Ilmas. Autoridades, Señoras y Señores, Amigos todos: Paz y Bien

.

Rendir homenaje, estrechar las manos de hombres y mujeres, que aunque conocidos, anónimos fueron en sus hechos, y es que como fieles seguidores de la Palabra nos dais un claro ejemplo de saber utilizar las manos, el bien reflejado en los Evangelios: “Lo que hagas con una mano, que no se entere la otra”.

Así ha sido y así es vuestro caminar continuo, pese al paso de los años, ese vuestro sentido de servicio a los más necesitados, vuestra entrega absoluta y callada, así ha sido y es, mientras otros, como yo, apenas movíamos un dedo, hoy vuestras manos están llenas, ante Dios y los hombres, además por separadas, nos dejáis un claro y magnifico ejemplo de ayuda y de amor, no sólo a la familia, que me consta, también a aquellas otras familias olvidadas por muchos y que vosotros hicisteis vuestra con la única intención, solidaria intención, de elevarlos al mismo nivel de ciudadanos como cualquier ser humano sin distingos de credos, de culturas, ni razas.

San Vicente de Paúl, Conferencias vivas y activas de la Ciudad, que tanto ha costado y cuesta mantener, sólo la labor callada de hombres y mujeres, que en el silencio de mi palabra y pensamiento ya han sido nombrados y bien reconocidos, mantienen viva esa luz, y bien alzada luz como dice el evangelio:

*“Cuando se enciende una antorcha

nadie desea esconderla

si no que la eleva para dar luz

a quien entra”.*

Es esa vuestra labor social, evangélica, humana, es vuestra luz, la luz del mundo, la luz del hombre para y por el hombre, la luz del socorro, la luz de la eterna sonrisa, la que de vuestros rostros manáis. Dije al comenzar sentir envidia, si, y es notorio que la sienta, no he tenido el valor de acercarme a vosotros, sabiendo la de falta de brazos que os hacia, sabiendo de vuestras necesidades, de vuestros actos, dedicación y entrega, aunque anónimos sean, siento envidia, a la vez que os pido perdón por mi cobardía y SÍ gritar a los vientos vuestra hombría y valentía.

Esas vuestras atenciones, ese pedir constante, a veces cayendo en la pesadez, pero que gracias a esa fuerza interior, cristiana y humana, conseguís cuantos propósitos deseáis, cierto que esta Melilla es solidaria, cierto que siempre nos prestamos a dar algo, aunque insignificante, pero con esos pocos trocitos, seguid dando calor a quienes más los necesitan, multiplicáis los panes y los peces, si, así sois, grandes hombres y mujeres, milagrosos hombres y mujeres, así sois, callados y hacedores, sonrientes y llorosos en la intimidad, valientes ante el mundo, silenciosos y amables para quienes os rechazan. Esa vuestra entrega absoluta, sin horas, ni festivos días, los que pasáis en atender a quienes se os acercan buscando el amparo y el cobijo de unas límpidas y tendidas manos, no tiene más calificativos, para este pueblo, que Valentía, Coraje y Entrega. Por eso hoy, en este día y hora, en estos días de Gloria, por la muy cercana resurrección de Cristo, merecéis lo más hermoso de esta vida, el aplauso de todos, el reconocimiento de todos y los besos más gordos que se os podamos dar. Desde este atril, que difícil cuesta arriba se me hace, un silencio entrecortado, un tragar saliva y una respiración profunda me asalta al recordar tantas personas, tantas buenas gentes, hoy ausentes, pero que gozan de lo Eterno y Divino, aquellos que os pasaron el testigo y que vosotros poco a poco vais haciendo lo mismo con la sabia joven de quienes se acercan atraídos por vuestros hechos y acciones, y los preparáis, y los animáis y vivís con ellos el compartir para dar, el pedir para servir, la oración por bandera y el amor hacia los demás, a aquellos los más necesitados, pero también es cierto y penoso que esto ocurra en este siglo XXI rebosante de nuevas tecnologías, la indigencia parece no tener fin, día a día son muchos los melillenses que sufren y os necesitan, por la falta de trabajo, la falta de cobijo, la falta de atenciones familiares y tantas otras necesidades imperiosas de esta sociedad, hacen de vuestra presencia un alivio y una esperanza de vida para todos ellos. Esas vuestras tendidas manos hacia y para ellos, iluminadas manos de amor y servicio, y a veces extendidas también hacia nosotros, bien acomodados ciudadanos, dado que son muchas las horas que nos sentimos vacíos, solos, ¡gracias hermanos de las muy diversas Conferencias de San Vicente de Paúl, por oírnos, atendernos y aliviar la soledad de nuestros corazones!.

Hoy, no sólo de un homenaje se trata, aunque muy merecido sea, y seguro que bien acogido por quienes hacéis viva la Luz de la Esperanza, hoy es de obligado pedir, pedir una vez más, “pedir y se os dará”, eso dice los Santos Evangelios, y haciendo uso, no abuso, de la palabra, por la seriedad del Acto y la emotividad del mismo, y por las carencias de medios que siempre tenéis, dejadme por un instante ser uno más, desplazar mi cobardía, arrimar mi hombro junto a los vuestros y así pedir aunque me cueste la vida:

Excmas. e Ilmas. Autoridades: Abrid oídos y pechos, escuchad a estos hombres y mujeres de las Conferencias de San Vicente de Paúl y brindad vuestra ayuda, la de todo este pueblo que es Melilla, y que hace gala a los apellidos de Solidaria y Bondadosa y que acertadamente gobernáis, permítanme decirles:

*¡Callad y oid,

Dad y sonreír

Dios en su bondad

Os sabido elegir!

¡Callad y haced!.*

Y a vosotros, amigos y hermanos, entregados hombres y mujeres de las Conferencias de San Vicente de Paúl, gracias por recordarme que para amar a Dios hay que amar al prójimo como a ti mismo.

¡Buenas tardes y contad siempre conmigo!