Opinión
¡Qué fácil es tirar piedras sobre los muertos!
Publicada en InfoMelilla el 6 de abril de 2009
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
Hay ocasiones en las que tener una cierta edad, quiero decir que tener una perspectiva de la vida que abarca un montón de años que no voy a desentrañar, tiene sus ciertas ventajas. Y lo digo porque el no tener que leer en un libro, un periódico o un documento algo que tuviste ocasión de ver personalmente, de vivirlo y de poderlo contar con pelos y señales, te libra de la molesta tarea de tener que realizar una comprobación que, en ocasiones, puede llegar a ser aburrida, pesada y, en muchos casos, bastante difícil. Es por esto que cuando he leído en La Vanguardia de Barcelona, situado en un lugar preferente, una entrevista que se le ha realizado a una señora, hija de emigrantes, nacida en Rusia y, por lo visto, “arrancada” de aquella tierra, diría que hasta molesta por ello y traída de regreso a España que establece unas comparaciones muy curiosas entre su tierra de nacimiento y la España de Franco. Por supuesto que toda persona está libre para expresar sus sensaciones, dar opiniones y criticar o alabar aquello que desee. Naturalmente que, como en todas las cosas de la vida, existen limitaciones, salvaguardas éticas y obligaciones basadas en el respeto a las personas a las que uno se dirige, en este caso particular, a los lectores del periódico, que tienen derecho a una información veraz y ajustada a los hechos a los que se refiere la persona entrevistada.
Ya sabemos que, hoy en día, hablar del general Franco es algo así como mentar la bicha en Andalucía y por ello, como ocurrió con Dick Turpin y José María el Tempranillo, la leyenda popular va agrandándose, al mismo tiempo que los hechos se distorsionan, se envilecen y se ajustan a la particular ideología de aquellos que, a través de generaciones, han ido recibiendo de sus ascendientes una versión, cada vez más subjetivada y menos de acuerdo con la realidad, de los acontecimientos que se relatan. Hoy está a la orden del día el querer reescribir la Historia de España, pero no desde Favila o los Íberos, que esta parte parece no interesarle a nadie, sino desde el año 1931, en cuyo mes de Abril se proclamó la II República en España. Los buenos, los republicanos; los malos, los de Derechas que entonces eran los de la CEDA del señor Gil Robles. Hubo, aunque no sea correcto políticamente decirlo, pucherazo. Si señores, porque ganaron los republicanos en las grandes ciudades, sin embargo, en las zonas rurales la victoria fue para los monárquicos (actualmente conservadores) y no se vayan a creer que es un invento de este modesto escritor, porque historiadores de la solvencia del marxista Tuñón de Lara y del liberal Miguel Artola, así lo reconocen. Claro que esto a muchos reporteros del momento no les entra, sencillamente, porque no saben Historia y se rigen por lo que oyen o lo que les resulta más rentable para hacerse famosos.
Sin embargo, hay que intentar aclarar las cosas. Por ejemplo, si es cierto que, como ocurre en todas las guerras y aún más si son civiles; hubo una represión contra aquellos que la perdieron, que tuvo lugar durante los meses posteriores a la finalización de la contienda. Que hubo venganzas, pues sí; que hubo revanchas y liquidación de cuentas por parte de aquellos que habían perdido a familiares en la zona roja, o que habían sido despojados de sus bienes, pues también. Nos podemos preguntar lo que hubiera ocurrido con los “nacionales” si la guerra la hubieran ganado los “rojos” y no creo que, a tenor de lo que llevaron a cabo durante los primeros días de la contienda (asesinatos en masa de derechistas, capellanes y desafectos a la República) y lo que demostraron saber hacer durante la guerra; mucho nos tememos que las purgas de Franco se quedaran pequeñas en relación con las que se hubieran producido de ganar los rojos. Quizá nos debiéramos referir a la forma en la que Stalin se hizo con el poder y los millones que pagaron con su vida al oponerse a él.
Así pues, cuando leemos que una señora, una tal Helena Vidal, compara, con el mayor descaro, a la España de Franco con la Rusia de Stalin, uno no puede más que sentirse afectado ante una falsedad tan evidente. Veamos si nos aclaramos, cuando terminaron los meses de represión, mucho menor de lo que nos pintan los interesados en magnificarla, los españoles vivimos una época de grandes privaciones, de hambre incluso y de las naturales secuelas de una guerra civil que imponía una reacción natural, y perfectamente entendible, dado que la guerra europea estaba a punto de comenzar y se temía que, de iniciarse, Francia y otras naciones intentaran recomponer el fracasado comunismo en la península. Yo le puedo asegurar a esa señora que, probablemente habla de lo que le dijeron sus padres más de lo que ella pudo constatar, que, salvo los comunistas que continuaban intentando, en la clandestinidad, derrocar el régimen y los “maquis” que pretendieron iniciar una guerra de guerrillas, más como bandas de bandoleros que como unidades organizadas; en España nunca se había podido ni se puede, en la actualidad, circular por las calles con más tranquilidad, libertad y seguridad
O bien, y es probable, esta señora ignora, quizá por su corta edad, lo que hacía el señor Stalin en Rusia, la vigilancia que ejercía sobre el pueblo, los comisarios de barrio y los delatores que se ocupaban de denunciar cualquier opinión manifestada contra el régimen o bien, y siento tener que decirlo, ha preferido ajustarse a las modas actuales, consistentes en camuflar la verdad para presentar los hechos históricos distorsionados para adaptarlos a la especial idiosincrasia de cada cual. Ni estuve reprimido, ni nadie se metió con lo que hacía, ni tuve problemas para estudiar (por cierto con libros confeccionados con un papel que hoy no serviría ni para limpiar retretes) ni dejé de divertirme como cualquier joven de aquel tiempo. España era pobre, España estaba afectada por los efectos de una guerra fraticida, pero cualquier comparación de aquella España con la tenebrosa Rusia soviética, suena a broma de mal gusto o sarcasmo de quien está resentido con ella, quizá porque sus padres tuvieron que abandonarla deprisa y corriendo. Los hubo que no llegaron a Rusia, que se quedaron en Francia y mal vivieron en ella. Pero la entrevistada tuvo la suerte de que su padre, seguramente era un cargo político afín al régimen soviético, lo suficientemente importante para que fuera aceptado en el paraíso moscovita. En todo caso esta señora debiera mostrarse más agradecida de haber podido regresar de aquella república sin que nadie la “purgara” ni la metiera en prisión y, por el contrario, se le permitiera vivir en España como cualquier otro ciudadano lo que al parecer le agradó tanto que no ha querido volver a su lugar de nacimiento. Me alegro de ello.
Miguel Massanet Bosch