Opinión

¿Tiene consecuencias la píldora anticonceptiva?

Publicada en InfoMelilla el 13 de mayo de 2009

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Ya sabemos que nuestras ministras, vaya, las de Zapatero, no se cortan un pelo cuando se trata de dar todas las facilidades del mundo para que nuestra juventud tenga todas las oportunidades, imaginables y por imaginar, para hacer uso de lo que ahora, muy impropiamente por cierto, se ha venido en calificar como: “hacer el amor”; como si el amor se pudiera fabricar mediante el simple acto sexual. En castellano vulgar, que es el que debería usar el pueblo si no fuera porque, seguramente, le parece algo “ordinario” vamos, un poco hortera, se diría “ir a follar” o “copular” o “folletear” o cualquier otra de las mil maneras que la picaresca semántica del pueblo llano le ha sabido aplicar a lo que, por otra parte, es un invento que nos viene desde Adán y Eva. Lo que es evidente es que, hoy en día, la juventud ha llegado a tal grado de ofuscación mental en cuanto se trata de ejercitarse, con el mayor empeño, en esto de acostarse en pareja para “hacer un kiki”, que las consecuencias de semejante encelamiento, no han tardado en manifestarse en un visible ensanchamiento de las cinturas de muchas jovencitas que, vean ustedes por qué sinrazón, antes de que se hayan enterado de las múltiples aplicaciones de su órganos sexuales, se tienen que poner al corriente, a la fuerza, cuando empiezan a sentir unos sospechosos mareos. Las modernas teorías, emanadas del feminismo más recalcitrante, nos dicen que, en estos casos, a los padres (que sin comerlo ni beberlo se encuentran con semejante “regalo) se les impidenque, como era hábito corriente en otras épocas, pongan a la interfecta, con bombo incluido, de patitas en la calle, obligándoles a apechugar con el “marrón” mientras el causante de semejante desaguisado se va de rositas, esquivando el bulto. Aunque no venga a cuento, los resultados de esta campaña de los socialistas en contra de la familia tradicional, creo que debería corresponderse con unas leyes menos draconianas para los padres que, si no se les permite educar a los hijos como les parezca ni darles un soplamocos cuando sea oportuno ni retenerlos en casa u obligarles a regresar a una hora determinada; al menos pudieran largarlos con viento fresco a espigar cebollinos cuando el mastuerzo o la muñeca en cuestión se propasen con sus progenitores o lleguen a los 18 años, evitando así el bochornoso espectáculo de hijos que maltratan a sus padres, o que viven a costa de ellos mal que por su edad, (los hay que tienen cuarenta años y todavía la madre les tiene que dar biberón) ya debieran haber espabilado y haber aprendido que trabajando es como habitualmente una persona se gana el sustento. Pero, como suele ser habitual en mi, me he ido por los cerros de Úbeda. El caso es que, nuestra flamante ministra Trinidad Jiménez – en la que, por cierto, había visto buenas maneras en la forma de conducir la crisis de la famosa pandemia de gripe – se ha salido de madre ( y no es una alusión mal intencionada) al dar un paso más a favor del libertinaje infantil, porque sin duda no podemos calificar de mujeres a niñas de 14 o 15 años, por su falta de preparación para afrontar determinadas situaciones y muy propensas a dejarse embaucar por el primer casanova que se les ponga a tiro. El salto cualitativo que se ha dado al permitir que se expenda la llamada píldora del “día después”, sin la correspondiente receta médica, no se puede calificar de intrascendente ni de inocuo ni de una simple facilidad para evitar que se produzcan tantos embarazos

(sin duda una prueba de la falta de preparación y escasa responsabilidad de aquellas a las que les ocurre). Lo cierto es que, a una edad en la que el instinto de la sexualidad se exacerba, en que la pasión del momento inhibe el recto raciocinio y la libertad existente ( desaparecido el control de los padres en cuanto a los amigos de los hijos y las horas de regreso a casa) el disponer de semejantes salvaguardas es muy probable que, el acto sexual, para más de una joven se convierta en algo más que un desahogo esporádico , que doy por supuesto que causará estupor en según que personas amigas de la libertad absoluta para hacer todo lo que a uno le pase por la mente; deberemos acudir a lo que los médicos ya están denunciando, al menos una parte de ellos, como también algunos farmacéuticos, en el sentido de manifestar su rechazo a despachar semejante medicamento, porque sin duda lo es, sin estar autorizado por un facultativo. Se argumenta que, como cualquier medicamento, esta píldora está compuesta por sustancias que tiene contraindicaciones para determinadas personas y que, su uso, no se puede considerar, en absoluto, como tragarse una pastilla de regaliz y que, en según que personas, les podría causar efectos no deseados que llegaran a desembocar en enfermedades y consecuencias no deseadas a la hora de buscar el embarazo..

Lo que más nos llama la atención es que, hasta la fecha, los colegios de médicos y farmacéuticos no hayan puesto el grito en el cielo, no sólo por las consecuencias de que un medicamento, potencialmente perjudicial para la salud de aquel que lo ingiere, sea despachado sin la oportuna vigilancia facultativa, sino, incluso, por lo que esta decisión de sanidad significa en cuanto a ser una interferencia inadmisible en lo que son las competencias propias de la clase médica. Una profesión tan celosa de sus derechos y tan arisca siempre que se ha intentado menguar sus atribuciones parece que, al menos debería dar a conocer, públicamente, lo que piensa de semejante cacicada ministerial. A no ser que, dada la innata tendencia de la clase médica a situarse a la izquierda de arco político, prefieran hacerse los desentendidos para no perjudicar a aquellos con los que comparten sus preferencias políticas.

El eterno problema de España. El péndulo que nunca se detiene en el centro, sino que prefiere anclarse en los extremos del arco y decantarse por las soluciones más drásticas, sin parar mientes si, o por demasiado mojigato o por excesivamente liberal, se incurre en los habituales errores que una visión desquiciada de la realidad pueden hacer que se produzcan y sin contemplar las posibles consecuencias que, como ocurre en este caso, se pueden derivar de permitir que personas, no formadas todavía, puedan tomar decisiones sobre su propio cuerpo que les puedan traer secuelas que quizá puedan ser más graves y compensen menos que la libertad que se les otorgue a cambio. Sin embargo, el afán de correr demasiado, la terquedad en dar al traste con todo asomo de traba moral que pudiera condicionar la comisión de un acto, potencialmente peligroso, o la misma contradicción de otorgarle a una persona que no puede votar por no considerarla suficientemente formada para escoger a un representante en el Congreso o el Senado, de la facultad de medicarse por su cuenta, ya nos dan la medida del camino emprendido por el PSOE en cuanto a acabar con cualquier vestigio de lo que, muchos no nos ocultamos en declarar como un freno y una defensa necesaria para la juventud: la moral y la ética como apoyo a una formación que les permita tomar sus decisiones con el conocimiento de causa y la madurez requerida para ello.

Miguel Massanet Bosch