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Mayores con suerte
Centro de Día, ser mayor para ser feliz
El caso es que el director del Centro Social de Mayores tiró de Cerdá para animar las Pascuas a los más veteranos.
Publicada en MeliYa el 10 de diciembre de 2010
Sí, sí, ya lo creo porque los responsables del Centro Social de Mayores y de la Residencia -nueva- de Mayores esperan acontecimientos a los que 'El Faro' ha tenido acceso y conocimiento, no podía ser de otra forma, los plumíferos estamos para éso y para más. Cuando en la calle y en los seres humanos se aprecia emoción e ilusión, el periodista ha de tener fino el olfato: Ahí hay noticia y de las buenas.
Resulta que don José Cerdá, guardia civil cabal que fue el hombre, hoy jubilado y más fresco que una lechuga de Murcia, recibió hace unos días la encomienda de formar la pastoral del 'Centro de Día'. El director, Ramón, que sabe de leyes, también sabe que Pepe Cerdá es uno de los mejores cantaores de flamenco de Melilla, aunque no se prodigue mucho, eso es verdad. Pepe ataca por todos los palos del cante jondo y lo hace con rigor y mucho, muchísimo, gusto con cualquier modalidad por complicada que sea. Es ruiseñor de compases y desgarrado tornero de sones.
Bueno, el caso es que el director del Centro Social de Mayores tiró de Cerdá para animar las Pascuas a los más veteranos y que don José no sólo reunió a la agrupación musical sino que ha compuesto villancicos nuevos más que enternecedores. Qué oído tiene el guardia civil. Ya están preparados para el debú. Será el 13 de diciembre a partir de las doce de la mañana y coincidirá con la presentación al público del Belén del Centro de Día, del Centro Social del Mayor. Dos horas más tarde, los músicos veteranos subiran a la sección de los menos autodependientes para llevar alegría por Navidad. Hermoso, sin más.
Allá estarán los máximos responsables de hacer verdad un aserto: Jamás el mayor español disfrutó de mayor calidad de vida. Eso es tan cierto como que los veteranos melillenses sonríen con iniciativas como la que ofrece la pandilla de Pepe Cerdá, sus voces, sus guitarras, sus botellas de anís y sus castañuelas. Oiga, pero es que ahí no queda todo porque cuatro días más tarde, el 17 de septiembre, la pastoral se plantará en la nueva Residencia de Mayores, la de la huerta ésa de cuyo nombre no me acuerdo (no es que no quiera acordarme, como Alonso Quijano, es que no me acuerdo, coño), para hacer felices a los residentes.
De paso, asistiendo a estos acontecimientos, recuerda uno tiempos no tan lejanos. En el barrio de Batería Jota, calle de don Jaime Ferranz, las familias de bien -en lo humano porque en lo económico no había ni una- tenían siempre preparadas dos o tres botellas de licor -aguardiente seco, coñac y Licor 43, mayormente-, y una fuente abarrotada de los mejores productos procedentes de la Estepa (los 'ricos') o hechos en los fogones caseros que solían atender las abuelas por aquello de la cienccia histórica (los menos pudientes, los menesterosos).
Bueno, no es cuestión de nostalgias. Lo importante es que el Centro Social de Mayores está de fiesta y va a estar de fiestón porque su pastoral ensaya y ensaya y cada vez le salen mejor los temas. El reto está a la vuelta de la esquina y los nervios a flor de piel. Cerdá, el bueno de Pepe, se conmueve cuando ve a señoras y señores con unos cuantos años a sus espaldas, interpretar villancicos como si fueran profesionales. No, si al final va a ser verdad lo del señor Aldous Huxley...'Un mundo feliz'.