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'Los Salazones' po puede cerrar.
Paco Benítez, ese hombre que sabe ofrecer gastronomía por la vía de la amistad
Digo 'hasta luego' porque me niego a pronunciar el vocablo adiós. No me da la gana, Paco. Tus hijos y tú -en la retaguardia- tenéis que perpetuar el ilusionante proyecto gastronómico de 'Los Salazones' y no quiero 'peros'.
Publicada en MeliYa el 23 de enero de 2010
Hola, Paco. Hoy no soy periodista porque el corazón, a la hora de escribir estas letras, no se ajusta a leyes semánticas, de estilo o editoriales. Esto es una carta, querido amigo; es una carta de tristeza y esperanza pero también es una carta de honor, el honor de ser tu amigo; el amigo que ha disfrutado de tus virtudes humanas y profesionales.
Tú eras un crío y yo otro -menor que tú, que todo hay que decirlo- cuando mis padres, Pepe y Julia, llevaban a la camada a la playa de 'Los Cárabos´. Tras el baño, entrábamos en 'Los Salazones' y, a la derecha, donde hoy hay un comedor llamado al exterminio, comíamos sardinas asadas y arroz. Lo hacíamos con el bañador puesto y siempre pendientes de un joven que parecía el rabo de una lagartija, no paraba. Eras tú, Paco Benítez, hoy Medalla de Oro al Mérito del Trabajo.
Jamás he degustado un arroz como el tuyo. Que se aguante mi mujer, Pepa, que lo suele hacer muy bueno, pero como el arroz de 'Los Salazones' hay pocos.
Luego nos dio por el deporte. ¿Te acuerdas?. El Industrial Melilla nos hizo coincidir más en los conciliábulos que en el Álvarez Claro y el deporte, el fútbol, estrechó aún más los lazos de amistad que nos unían.
Amigo mío -por ello me siento bien honrado- también es Fausto Más que me hace llegar unas fotos del otro día, ese día en el que tus ojos se convirtieron en cataratas de agradecimiento, cariño y amor por Melilla y los melillenses. Antes de irte a Fitur 2010 para rematar a lo grande tu inconmensurable carrera profesional quisiste agasajarnos como tú sólo sabes hacer: a lo grande, a lo gran señor.
Qué bonito fue compartir esas horas con Maruja Hernando -preciosa, lo que no es novedad- y con Laura Céspedes -a punto de ser madre, más guapa que nunca- y con su padre, Manolo Céspedes -hermoso recuerdo el que hizo a tu padre, Manuel Benítez Naranjo- y con Ricky Fernández -el mejor comunicador deportivo de Melilla, sin duda- y con el remitente de estas fotografías, Fausto Más -cabal, profesional e íntegro donde los haya- y con Ricardo Fernández Amaya -policía de solvencia y prestigio, taurino de primera división- y con Juan Ignacio Romero -el gigante del Melilla Baloncesto por su talla y por su humanidad-, y con Antonio Moreno -qué gran persona, qué gran empresario-, y con Nuria -pareja de Fausto, que tiene que mejorar sus sevillanas pero no su perfil como ser humano, está sobrada-, y con tantos amigos que quisieron estar contigo, amigo Paco, en el momento del 'hasta luego'.
Digo 'hasta luego' porque me niego a pronunciar el vocablo adiós. No me da la gana, Paco. Tus hijos y tú -en la retaguardia- tenéis que perpetuar el ilusionante proyecto gastronómico de 'Los Salazones' y no quiero 'peros'.
Te mereces todos los reconocimientos que has recibido hasta la fecha pero mereces mucho más porque no sólo nos has ofrecido la mejor gastronomía. Nos has regalado una clase de amistad rara en los tiempos que corren: la amistad diáfana, transparente, desisteresada y sincera. O sea, la amistad del corazón en estado puro. Gracias, Paco. Un abrazo.