Opinión

Pan y Circo

Publicada en InfoMelilla el 24 de junio de 2010

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

En este caso el circo no estuvo mal.

Con el privilegio de ver arder esa “cosa” que montaron, allí en la playa, con un toro encima de la plaza de toro y un intento de imitar la portada de la antigua feria, como alegoría, dicen, a eso mismo, a una feria que murió, sin pena ni gloria, para ser cambiada por esta especie de bodrio que es la Feria del Mar, con unas casetas que se convierten en auténticas saunas a las horas del mediodía, sucias, las lonas, mal repartidas en espacio, premiando a las de siempre y castigando a las que no “colaboran” debidamente.

Realmente no soy una experta en esto de los ninots, lo que se ve y lo que se lee en los medios y poco más. Dudo, razonablemente, que la fealdad del ninot oficial, sea fácilmente comparable a la de cualquier otro lugar. No este año, si no de una forma tradicional, con muy contadas excepciones.

Salvando esto, solo queda decir que los fuegos que procedieron a la quema de la “supuesta” alegoría, estuvieron muy conseguidos.

No sé si se deberá a que hace años que no me castigaba con la “obligación” de asistir a la noche de San Juan, no lo sé, pero lo que vi y lo que oí, desde la privilegiada terraza de unos amigos y en muy buena compañía, me pareció digno, más que digno y bien pausado.

Tal vez la magia de los artificios, sus colores y su belleza, hayan cambiado el pesimismo habitual con el que juzgo, las ineptas acciones del gobierno de Imbrodios. Tal vez.

Lo cierto es que me subyugó y me cautivó, de tal guisa que al término de la explosión de la traca final, no pude más que aplaudir, lo que a mi juicio fue un espectáculo muy conseguido, al menos muy de mi agrado.

No se puede decir lo mismo del desbarajuste que se organiza cada año y que nunca terminan de solucionar, al finalizar el espectáculo. Cierto que son muchos miles de melillenses los que abarrotan la playa queriendo ser testigos, en primera fila, de un espectáculo gratuito, que gusta igual a mayores que a niños, en un error popular, porque para valorar la belleza de la quema y de los artificios, lo mejor es darse un espacio prudencial y tener una visión más global de los mismos.

El caos circulatorio que a diario tenemos que padecer los melillenses, debido a una mala planificación del mismo, a una incapacidad manifiesta de los sucesivos responsables del mismo, responsables políticos por supuesto, que no han sido, ni serán capaces de entender que el parque automovilístico de la ciudad, requiere y exige una nueva y más inteligente ordenación del tráfico urbano, que no todo se resuelve inundando la ciudad de rotondas elípticas y eclécticas, algunas de ellas verdaderos insultos al buen gusto.

Todo no es poner cámaras, nuevos semáforos, generalmente mal coordinados, no.

Alguien, con una mediana inteligencia, abstenerse políticos, deberá sentarse con los técnicos que entiendan del asunto y estudiar cuales son las calles con más tráfico rodado, mayor problemática de aparcamientos incorrectos, posibilidades de cambio de dirección y sentido de la misma y adyacentes, es decir, usar la lógica en pro de buscar una solución a este terrible problema que convierte, a ciertas horas punta, a Melilla en una ciudad caótica y sin control (el abuso de las mamas y los papas, recogiendo a sus nenes en las puertas de los colegios, en doble y triple fila, es inadmisible, la lentitud del tráfico por el paseo marítimo, por culpa de los vehículos que se paran a hablar con los viandantes conocidos, el caos de la calle Ejercito Español, y López Moreno… en fin, plano en mano, no terminaríamos nunca)

Pero estos politicastros todo lo arreglan hablando mal de quienes le criticamos, parece ser que la culpa de los males que aquejan a esta ciudad, es de quienes denunciamos la inoperancia, la ineptitud y la ineficacia de una administración, que disimula muy bien, la cantidad de puestos, puestecillos bien pagados de asesores, técnicos y demás zarandajas que pululan y agobian las arcas (dicen que muy bien saneadas, para reír o para llorar) de la ciudad.

M. Nieves Vida Verdú