Opinión

Señor Alcalde, señor Presidente

Publicada en InfoMelilla el 10 de septiembre de 2010

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Así que una, sobre las diez menos cuarto de la noche, lo que le pedía el cuerpo era ponerse en pie, manos chocando y de la boca un grito: Presidente, Presidente, Presidente.

Y en la retina, en la memoria, la imagen de un señor con bigote, traje chaqueta y corbata, muy bien plantado, que en el hemiciclo nacional, tomaba la palabra y se dirigía a la Nación en mi nombre, en el nombre de todos los melillenses, como máxima autoridad que se había ganado en las urnas, sin necesidad de traiciones, puñaladas, subvenciones y otras tropelías al uso actual.

Casi, casi, sería volver del revés aquello de que buen vasallo, si hubiera buen señor. O no, mejor dejarlo así, que hoy por hoy, está como mas de actualidad, visto lo que vemos y lo que tenemos que soportar.

Reprimidas las enfervorizadas ganas de retrotraerme, diez o doce años atrás y volver a exigir mi derecho a ir a las urnas, convencida e ilusionada, que no se ha vuelto a repetir, me puse el uniforme de la ironía, del cinismo y el sarcasmo y di un vistazo al respetable que, igual que yo, habíamos cedido a, la curiosidad primero, el morbo, después, por ver que nos iba, que nos tenía que decir, el último alcalde del ayuntamiento melillense y el primer presidente de la mal llamada y ya popularmente aceptada Ciudad Autónoma de Melilla, que algunos cursis limitan a un escueto CAM y también lo aceptamos, porque ante tanto incapacidad política, el ciudadano termina viendo como bueno lo superfluo, lo baladí, lo estúpido y lo innecesario.

Un improvisado presentador y demostrado amigo, dadas las circunstancias, ante la timorata negativa de quien se comprometiera en el principio a hacerlo, nos dice a los presentes quien es, quien ha sido el ilustre conferenciante. Lógicamente se queda en el pasado y en el presente, pero a mi no me duelen prendas y me atrevo a decir quien va ser en el futuro, atención, porque esto va de exclusiva: sencilla y llanamente Ignacio Velázquez Rivera y no necesita más, porque con eso, tan solo, es pura historia melillense, su nombre forma parte, por derecho propio de la historia contemporánea de Melilla.

No voy, ni quiero, entrar a valorar su trayectoria política (gestión de los intereses melillenses), porque se me va a ver el plumero, si es que ya no se me ha visto de lejos.

Alguien le ha llamado, lo ha titulado: el padre del estatuto de autonomía.

Si, que no es poco, dado que los parteros, las comadronas, hicieron lo posible y lo imposible, por recortarlo lo máximo posible y, como ayer noche nos recordó, con ese buen hacer que le distingue y el señorío que le acompaña, con las zancadillas del socialismo, primero en esa Andalucía, a la que no se por mor de que afinidad nos quisimos acoger como provincias novena y décima (Ceuta y Melilla) que no consintieron por miedo a perder su ya precaria situación en aquellos entonces y que ahora han convertido en su cortijo particular y agencia de colocación de amigotes y familiares. Segundo, que el estatuto de autonomía salió refrendado de la ciudad con el consentimiento unánime de todos los partidos políticos, excepto de uno. Adivinen como se llamaba, y si no déjenme que tenga el inmenso placer de decirlo yo: UPM, con un solo representante en el Consistorio y el nombre de dicho representante, ya lo dejo a la inteligencia del lector, que a mí ya hay ciertas cosas que me dan grima escribir.

Y nosotros, hoy, aquí queriendo firmar colaboraciones con una Junta de Andalucía que nos escupió en toda la cara y que siguen siendo los mismos “señoritos” los que la manejan.

Decía el conferenciante, recordaba a los asistentes, que ha pasado, sin pena ni gloria, el 15 aniversario de la consecución del estatuto de autonomía para Melilla (pobre y ramplero, pero nuestro).

Y se preguntaba que se ha hecho, por los políticos melillenses para mejorarlo, ampliarlo. La respuesta es bien sencilla, nada de nada, porque desde hace doce años, está ciudad está envuelta en una constante batalla de intereses políticos, de luchas electorales, guerras por pillar “cacho”, de aquí o de allá y con esos “cachos” comprar voluntades que vivan bien cuatro años y que en fecha puntual, cumplan con su parte del contrato: el voto para quien bien les paga. La dignidad guardada en un armario. Y si la Esteban, por su hija mata, aquí por un puestecito de trabajo, aunque sea de lo más precario, también se mata, en este caso a la dignidad y la independencia (llamémosle libertad).

En una corta hora desgranó el señor Velásquez, la historia más reciente, del acontecimiento más importante que nos ha ocurrido a los melillenses. Dijo lo que tenía que decir y lo dijo con ese señorío que le caracteriza y esa sonrisa que le delata, que provocó cierta contenida hilaridad entre los presentes, por reconocer que los hechos que se le achacaban, en aquella burda pantomima de moción de censura, que apoyaban quienes hoy sientan sus reales, en los banquitos del poder, son los mismo, bastante más acentuados que los que se daban y con una ausencia de democracia, de respeto al contrario, que parece ser, que por cuestiones numéricas, no tiene derecho ni al pan ni al agua, ni al aire que respira.

Si algunos esperaban un mitin político, una declaración de futuras intenciones, se fueron con el rabo entre las piernas, porque la clase del señor Velázquez, quedó manifiestamente expuesta.

Que se pueden sacar conclusiones, pues claro, porque a buen entendedor con pocas palabras bastan. Dijo lo que tuvo que decir y lo dijo como el sabe decirlo.

Y si no escúchenlo en Cablemel que cubrió la conferencia desde el principio hasta el fin.

Como final de este extenso artículo, ningún político en activo en la sala, lo que ya deja a las claras en que ambiente de sordidez se mueve la política en esta ciudad. El señor Guerra, don Emilio, allí estuvo, marcando diferencias.

Mª NIEVES VIDA VERDÚ