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Crónicas noveladas de historia.

Severiano Gil presenta en Toledo la segunda edición de 'La virtud del Diablo'

Desde una ficción no por ello inventada, relata el nacimiento de la ciudad moderna gracias a los intereses económicos de principio del siglo.

Publicada en MeliYa el 6 de mayo de 2010

MeliYa.com

"Melilla, 1909, a las puertas de una guerra en la que no sólo España va a verse involucrada, sino que, en las entretelas de la sangrienta campaña de ese verano trágico, las potencias europeas van a disputarse sus posiciones en el tablero de África de cara al siglo que empieza».

Severiano Gil presenta en Toledo la segunda edición de 'La virtud del Diablo'

Severiano Gil retrata así el argumento de su obra literaria -‘La virtud del Diablo’- que en su segunda edición fue presentada en la Sala Capitular del Ayuntamiento toledano, según informa La Tribuna de Toledo.

Con la presencia del alcalde, Emiliano García Page, del concejal del PP Fernando Sanz, y del presidente de la Casa de Melilla en Toledo, el autor quiso realizar un encuentro ‘al uso’ y prefirió ofrecer una conferencia sobre la razón de que Melilla «esté donde está». Con este objetivo, Gil aleccionó a los presentes sobre «el sustrato histórico en el que se mueven los personajes» de su novela.

La novela ‘Nubes de Levante, Brisa de Poniente’, está ambientada en los «acontecimientos bélicos del año 1909» y sustentada, sin perder de vista que este proyecto «será una trilogía que reunida bajo el epígrafe de ‘La Virtud del Diablo’», tiene como trasfondo el desarrollo de Melilla.

Todo ello a través de historias en las que se documenta, desde una ficción no por ello inventada, el nacimiento de la ciudad moderna gracias a los intereses económicos de principio del siglo pasado. Sin olvidar, claro está, los enfrentamientos que, a partir del verano de 1909, cambiaron el transcurso de la historia.

Por ello recorrió el escritor las vicisitudes y las decisiones tomadas tanto por Castilla como por Aragón en torno a un espacio que, además de ser fundamental para el transporte marítimo, constituía para la Reina Isabel un lugar estratégico como «colchón de presencia física frente a las amenazas llegadas de la zona morisca». Así, y tras numerosos encontronazos, Melilla empezó a cumplir su papel como fortaleza española en la costa africana.