Opinión

Una pataleta sin sentido, pero peligrosa

Publicada en InfoMelilla el 14 de julio de 2010

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Los socialistas no tienen un discurso político definido; no disponen de personas hábiles para encauzar a la nación por la senda del bienestar, la convivencia y el desarrollo económico; no poseen mentes que sobresalgan de la media de los ciudadanos españoles y, por no tener, carecen de lo que se llama vergüenza torera, porque si les favorece a sus planes de convertir a España en una sucursal de los trasnochados regímenes soviéticos, tanto les da decir un día que es blanco como, al día siguiente, afirmar con rotundidad que es negro y que siempre han sostenido lo mismo. Los socialistas no tienen ministros, ni secretarios generales, ni presidentes, ni tan siquiera personas de prestigio en alguna disciplina, sólo son meros mandados, instrumentos útiles para ZP, que le ríen los chistes y obedecen ciegamente lo que ordena; ya que, las pocas mentes claras de que han dispuesto, el señor Rodríguez Zapatero se ha encargado de anularlas antes de que pudieran hacerle sombra. Los socialistas desconocen una serie de términos de la lengua castellana, que han desterrado de su lenguaje político, por estimar que resultan inútiles para sus conveniencias sectarias, molestos para sus intereses y poco prácticos para su actividad política; así, por ejemplo, desconocen por completo el término ingles “faire play” al que le tienen verdadera ojeriza; ignoran también el vocablo “rectificar” seguramente por imposición de su jefe de filas el señor Zapatero, que goza del don de la ciencia infusa y por ello nunca admite que pueda estar equivocado. Por supuesto ya damos por descontado que palabras como: nobleza, respeto, consideración, verdad, honor, patriotismo, derecha, religión, ética y moral han quedado definitivamente proscritas del diccionario socialista desde que el señor ZP se hizo con el poder, con el firme ánimo de que nadie lo descabalgaría de él como no fuere arrancándolo a pedazos de la poltrona presidencial. Por el contrario, adoran el término “enriquecerse” y, si a este le acompaña el adjetivo “rápido”, miel sobre hojuelas.

Ahora, eso sí, nos tenemos que quitar el sombrero ante su maquinaria de propaganda del PSOE, debemos reconocer, aunque nos duela, que en ese arte de mentir, engañar, tergiversar, darle la vuelta a una situación que les es adversa, cargarle todas las culpas de lo malo que sucede en España al PP ( que hace dos legislaturas que ya no gobierna) y vender sus fracasos como si hubieran sido verdaderos aciertos; en todo esto señores, deberemos admitir que, como ellos, ninguno sería capaz de hacerlo mejor, con más traza y con menos vergüenza. Les voy a poner un ejemplo, festivo por supuesto, pero esclarecedor de la temeridad, hipocresía y facilidad con la que, estos monstruos de la prestidigitación política, son capaces de darle siempre el mejor enfoque posible hasta a la más evidente patochada. El señor Montilla, constituido en el primer andaluz de la historia que ha experimentado en sí mismo el fenómeno de la transmutación al catalanismo más excluyente y radical ( y también más hipócrita e interesado), como no podía ser de otra manera, asistió a este acto de secesionismo – autorizado, fomentado, apoyado y bendecido desde la misma Moncloa, el País Vasco y, no podía faltar el toque espiritual, por el propio clero catalán, encabezado por sus máximas autoridades – consistente en una manifestación de catalanistas dispuestos a no acatar la Constitución y a rechazar la sentencia del TC sobre la legalidad del Estatut catalán. Lo que sucede es que este personajillo que se ha hecho con la presidencia de la Generalitat, no calculó que su presencia pudiera despertar distintas reacciones, herir determinadas sensibilidades o provocar airadas muestras de repulsa como, en realidad, sucedió. Es sabido que en este mixing formado por tantos foros distintos y tantos partidos diversos, no han podido faltar los militontos de costumbre, incapaces de contener sus instintos y de conceder a los demás el derecho a pensar de forma distinta, sin que esto signifique que han de ser eliminados sin más concesiones; aparte de todos los arribistas, los que comen del cordero, los que viven de gritar “visca Catalunya” aunque suene con acento andaluz, existen otros más expeditivos que no acabaron de entender qué era lo que pintaba un andaluz arengando a la tropa separatista..

En una manifestación donde se conjugaban distintos sentimientos de izquierdas y nacionalistas, cada cual aprovechaba la ocasión para enfrentarse al poder central a su manera. Los anarco sindicalistas, esperaban pescar en las aguas políticas en las que nadaban; los feroces tiburones de ERC preparaban su caza, las orcas de CIU en busca de presas incautas, y las sardinas. Enlatadas entre la multitud, coreando los eslóganes, al son que les marcaban los activistas que dirigían el rebaño. Todo ello preparado cuidadosamente por los que, desde las bambalinas, en la negritud de los despachos, manejaban los hilos de la trama para sacar el mayor provecho de todo ello. Todos sabemos lo que se puede esperar de una concentración en la que se conjugan, bajo una idea central, las distintas tendencias de esto que, en líneas generales, se entiende como izquierda. No se puede evitar que alguien se desmande, se radicalice y, precisamente, esto fue lo que ocurrió cuando un grupo de manifestantes se preguntó qué era lo que hacía allí aquel intruso, aquel neófito catalanista de origen andaluz, que nada tenía que ver con la “rauxa catalana” y los miembros de Terra Lliure, auténticos protagonistas de aquella jornada reivindicativa. El señor Montilla, con todo su empaque de “President”, se vio acosado por un grupo que le miraban con cara de pocos amigos, le increpaban, le empujaban y lo zarandeaban, hasta el punto de que, su señoría, temió por su integridad, se puso lívido y optó por correr a refugiarse en la Consellería de Justicia; de la que, en cuanto pudo, salió en su coche oficial, para desaparecer de la zona de peligro. El gran “catalanista” tuvo que escuchar gritos de “charnego”, “españolista”, “queremos otro presidente” y el máximo insulto que puede recibir alguien que se considera catalán: “españolista”. Hasta aquí la crónica de los hechos, pero la cosa no ha quedado así, y cuando el President catalán ha reflexionado, se ha apercibido de que semejante proceder distaba mucho de la actitud de un héroe popular que se vende como salvador de la “nación catalana”; ha decidido acudir al manual de conducta del PSOE, sabiendo que no hay nada más eficaz que un desmentido a tiempo; ha declarado, con toda la faz, que no había huido y que todo eran inventos de la prensa, suponemos que para desacreditarle. En cualquier caso, mucho nos tememos que la manifestación en la que había puesto tantas esperanzas de hacer un papel estelar y, de paso, cosechar los votos que ha ido perdiendo por el camino a lo largo de la legislatura, no haya resultado como él tenía planeado; antes bien, es muy probable que haya sido el que se ha llevado la peor parte, no sólo ante sus supuestos votantes, que ya le retiraron la confianza, sino entre los fieles de su propio partido que, a la vista de las perspectivas que se les presentan para las municipales, es muy probable que se escapen por la maroma del despiste, como las ratas huyen de los barcos cuando intuyen que hay peligro de naufragar.

Han encendido la mecha. Han enseñado a los independentistas catalanes que, violando la ley, se pude poner en jaque al Estado. Lo mismo hicieron Maciá y Companys, y los resultados están reflejados en la Historia. Azaña no supo cortar por lo sano o no quiso; Zapatero, mucho menos preparado que aquel, y con menos conocimientos de la política, se está haciendo el loco, dejando que los acontecimientos se le echen encima. Lo que pueda resultar de todo ello no lo sabemos, pero, mucho nos tememos que nada bueno.

Miguel Massanet Bosch