Opinión

Convulsiones transnacionales

Publicada en InfoMelilla el 16 de marzo de 2011

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Ante los constantes cambios que en nuestro tiempo acontecen, la cualidad que le podríamos atribuir a nuestro estado es la del desconcierto. En cuestión de meses emergen revoluciones y reivindicaciones de democracia y libertades en toda la península Arábiga y el Magreb. En pocos años se desata una crisis financiera de proporciones internacionales que socava nuestras certezas y formas de vida más incuestionables. La naturaleza se manifiesta en su forma más agresiva cada vez más a menudo. Y el eje económico y geopolítico se desplaza desde la soberbia atlantista al Océano Pacífico. En un mundo en constante cambio, con cimientos en creciente agrietados, la perplejidad de la razón de la que hablaba Kant se hace cada vez más patente.

En esta coyuntura internacional, parece que el eje de rotación global se desplaza desde una dimensión unilateralista con hegemonía estadounidense a una multilateralista en la que las potencias emergentes, los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China, ahora rebautizados BRICS, con la inclusión de Sudáfrica), están pisoteando económicamente a Occidente y sus PIIGS (Portugal, Ireland, Italy, Greece, Spain). La decadente Europa (tanto diplomática, como económica y políticamente) parece estar sometida a tensiones incómodas en este mundo multipolar en el que poco a poco nos adentramos. Y una de las principales la encontramos en materia energética. La enorme dependencia energética europea provoca que el más mínimo cambio en el tablero geopolítico remueva bajas pasiones y afanes conspiratorios en Bruselas.

En las últimas semanas se han desarrollado dos acontecimientos de primera magnitud que plantean incertidumbres entre las altas esferas euroestadounidenses. Por un lado, la tragedia japonesa ante la cual enmudecemos por las devastadoras consecuencias. Resulta tremendo cómo de un día para otro, un país que se caracteriza por ser una de las primeras potencias económicas mundiales y quizá la más avanzada tecnológicamente se hunde en el terror más inefable y se encuentra ante la amenaza nuclear y el declive económico. Ya se comenta que para hacer frente a la catástrofe va a hacer falta el ejercicio económico de todo un año.

Por otro lado, tenemos la rebelión libia contra el megalómano Gaddafi; en el tema libio parece que Gaddafi tiene las cartas a su favor. El inmovilismo de los principales organismos internacionales y la ausencia de información plantea la posibilidad de un Gaddafi invicto que genere dificultades a las necesidades energéticas europeas. Además, probablemente la reconstrucción japonesa necesitará de ingentes cantidades de petróleo y gas natural vía Gazprom, es decir, Rusia. Gazprom, que aumentó el flujo de gas hacia Europa para hacer frente a la disminución del abastecimiento procedente de Libia y que parece que gira sus expectativas económicas hacia China y los tigres asiáticos, puede dejar a un lado con toda probabilidad a sus socios europeos. De esta forma Europa mira cada vez más con preocupación al mundo árabe y en concreto a Libia.

Ante esta situación, la tragedia japonesa y el riesgo de hecatombe nuclear (se habla de que no existe ningún riesgo de un nuevo Chernóbil, pero Francia insta a sus ciudadanos presentes allí a que retornen a casa; a su vez Estados Unidos ordena a sus tropas presentes en los alrededores que salgan de la zona) reaviva el debate sobre el papel de las centrales y provoca lo que algunos medios de prensa han titulado “histeria europea” y “euroescepticismo nuclear”. Muchos se declaran a favor de la energía nuclear, pero nadie quiere tener una central al lado de casa. Así, ante las dudas que provoca la energía nuclear, la inestabilidad del mercado del crudo y la imposibilidad de hacer frente al gasto energético total desde las renovables, las nuevas vías de debate sobre el “mix energético” europeo y su independencia de potencias exteriores tendría que ir encaminado hacia la inversión en I+D+I que garantice la eficiencia y limpieza de nuestras fuentes de energía actuales y por qué no, el desarrollo de nuevas posibilidades (¿fusión nuclear?). En palabras de Hölderlin, “allí donde crece el peligro, crece también lo que nos salva”. Sabias palabras.

Javier Muñoz Serrano. Forum filosófico Melilla