Opinión

Fe y tolerancia frente a anticlericalismo absolutista.

Publicada en InfoMelilla el 22 de agosto de 2011

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Ya, don José Ortega y Gasset, en su obra “ La rebelión de las masas”, sale al paso del engaño de determinadas posiciones ideológicas que se quieren presentar como favorables a las clases necesitadas,

Sin duda alguna la visita de SS. el Papa Benedicto XVI habrá servido para aclarar a muchos ciudadanos, que aún creen que con la pasividad y la complacencia con quienes no quieren abjurar de sus errores e intentan, con métodos ilegales y revolucionarios, alterar el orden y la convivencia entre todos los españoles; van a conseguir que nuestra nación evite la confrontación entre los españoles que, gracias a la labor de los socialistas, de intentar reinventar el pasado y sacar a relucir, de nuevo, las viejas diferencias derivadas de la Guerra Civil –por medio de la ley de la Memoria Histórica y el fomento y glorificación de aquellos hechos y aquellas conductas que se quieren presentar como heroicas, cuando no fueron más que baldones para la justicia, crímenes inconfesables y revanchas acompañadas de robos y desvalijamientos, a cargo de aquellas bandas canallescas de delincuentes que quisieron convertir a la II República en algo parecido a un nido de criminales – han logrado que, cada día más, los españoles nos volvamos mirar con el recelo de que aquellos tiempos marcados por el odio entre ciudadanos pudieran volver a reproducirse.

Ya, don José Ortega y Gasset, en su obra “ La rebelión de las masas”, sale al paso del engaño de determinadas posiciones ideológicas que se quieren presentar como favorables a las clases necesitadas, como remedio a la injusticia social y como panacea para la creación de un estado igualitario e ideal, en el que todos consigan la utópica igualdad. Dice el ilustre filósofo: “El encanallamiento no es otra cosa que la aceptación como estado habitual y constituido por una irregularidad de algo que mientras se acepta sigue pareciendo indebido”. Desgraciadamente, en estos días, hemos tenido ocasión de comprobar la importancia, la justeza y la exactitud de las palabras de aquel gran republicano, que, no obstante, al apercibirse del rumbo que tomaba aquella república tuvo el valor de decirlo y de oponerse a sus desmanes.

No voy a entrar en valorar las atinadas palabras de SS. el Papa, cuando se ha referido a que debemos permanecer vigilantes ante “un verdadero rechazo del cristianismo” o cuando ha mencionado a los que “se creen ser dioses para decidir quien ha de vivir o morir” y, al respeto mutuo que los ciudadanos deben tenerse en cuanto a su libertad para adoptar la religión que prefieran, sin que nadie deba “avergonzarse” de ser católico y de profesar el cristianismo o cualquier otra creencia; especialmente, si consideramos que estamos en un Estado aconfesional, que lo único que exige para practicar cualquier culto es que sus prácticas no vulneren las leyes del país. Claro que, si empezamos por ignorar lo que significa la palabra “laico” y se la presenta como una antítesis de la religión; entonces la cuestión ya no tiene remedio, porque contra la falta de cultura es muy difícil luchar. Laico equivale a alguien que “no tiene las órdenes clericales, lego”, o sea, que es un cristiano seglar. Sin embargo, vean ustedes a estos “cerebros” antipapistas y 15M, señores que presumen de tener estudios, como vienen confundiendo los términos hablando de “estado laico” o de “laicismo” cuando a lo que se refieren es al término “anticlerical”, tan de moda en algunas etapas de nuestra Historia moderna.

Resulta verdaderamente apabullante el grado de incoherencia, de ignorancia, de hipocresía y de mala fe que existe en estas masas, que se han movilizado contra la llegada de Benedicto XVI como si, el hecho de que el máximo representante temporal de los católicos, haya querido reunirse con más de un millón de sus jóvenes, para hablarles de temas trascendentales de religión, constituyese un atentado contra España. Si nos atenemos a lo especificado en nuestra Carta Magna resulta incomprensible que, el Gobierno de la nación, haya incurrido en tantos errores de bulto y semejante falta de sentido común, al permitir que los antipapistas interfirieran en un acto, autorizado previamente y que cumpla con todos los mandatos constitucionales. No podemos entender que, el ministro de la Presidencia, señor Jáuregui, perfecto conocedor de las leyes, pueda haber justificado que se permitiera una manifestación de antipapistas siendo conocedor de que, la intención de los convocantes, era, precisamente, chocar con los peregrinos para provocar algaradas y entorpecer el pacífico desarrollo de la JMJ; una reunión que, para desesperación de sus detractores, se viene caracterizando por la normalidad, orden, alegría y ejemplaridad de su transcurso. Lo contrario de la sordidez, intolerancia, provocación, tensión y rabia con la que se vienen manifestando sus detractores, con sus sonadas y provocativas algaradas anticlericales.

Un intento de limitar las libertades de los que han acudido a esta magna reunión cristiana; una mala imagen para todos los países que, a través de las señales de más de 100 televisiones, son informados de todo lo que viene sucediendo en España; un motivo más de preocupación para aquellos inversores que no se fían de nosotros; un descrédito para nuestro Gobierno, que se ha manifestado incompetente para evitar los enfrentamientos de la Puerta del Sol, con insultos, agresiones y ofensas a las creencias de aquellos peregrinos que mostraban abiertamente sus creencias y sus símbolos religiosos. ¿Cómo es posible que, desde el propio Gobierno, se pueda decir que hubo provocaciones por parte de los jóvenes católicos por el simple hecho de que mostraran efigies de Cristo u otras similares? ¿Dónde está aquí el respeto por las creencias de los demás?, ¿dónde el derecho a transitar pacíficamente por la calles? ¿Qué autoridad tenían estos sujetos, que se apoderaron de las calles, para intimidar a personas que venían del extranjero para ver al Papa y de paso visitar la capital de España?

Es obvio que, el Gobierno, no ve con buenos ojos esta explosión de religiosidad. Pero ya hace tiempo que, el señor Rubalcaba, inició su propia interpretación de la ley y dejó que los Indignados se apoderaran de la Plaza del Sol, perjudicando gravemente los bienes de los comerciantes ¿O es que ignoraba, el señor ex ministro de Interior, lo que consta en el Art. 21/2 de la Constitución, cuando habla de que “en lugares de transito público y manifestaciones, la autoridad podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes”. ¿Acaso perder una 70% de las ventas, como les ocurrió a los comerciante de Puerta del Sol, no es un peligro para sus bienes? Todavía resulta más absurda la excusa de que, esta concentración de las JMJ nos cuesta dinero a los españoles. Pues, aparte de lo que representa para Madrid esta propaganda gratis de que, más de 100 televisiones, retransmitan los actos de la visita del Papa; no hay duda alguna ( el alcalde Gallardón lo ha estimando en 250 millones de euros) de que ello va a proporcionar unos beneficios importantes a hoteles, pensiones, restaurantes económicos etc.

La intransigencia de los detractores de la visita papal, su comportamiento chulesco, agresivo y mal educado con los peregrinos extranjeros que nos han visitado, su nulo sentido del civismo y su concepto absolutista y totalitario de lo que constituyen las libertades de los ciudadanos; ha bastado para que se les haya catalogado definitivamente de antisistema, revolucionarios, activistas y terroristas callejeros lo que, de paso, a dejado al descubierto las vergüenzas de lo que queda de este simulacro de gobierno socialista y de la, cada vez más desacreditada, figura del candidato que a medida que pasan los días se le ve más incapaz para gobernar la nación. O esto es la impresión que tengo desde mi punto de vista de católico.

Miguel Massanet Bosch