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Cementerio.
La esperada 'reforma a fondo' del Cementerio Municipal de la Purísima Concepción
No es menos cierto que son demasiados años para una superficie que da para poco más y que la Ciudad Autónoma no ha cesado de construir galerías de nichos para atender a las necesidades de la población.
Publicada en InfoMelilla el 29 de octubre de 2011
Sí, sí, ya sabemos que se están encalando lienzos de muros y que se eliminan -en la medida de lo posible- esas plantas silvestres que se encuentran entre enterramientos y que afean tanto el camposanto, como cada año sucede en vísperas del Día de Todos los Santos, pero no es suficiente porque las voluntariosas cuadrillas de trabajadores designados por la Ciudad Autónoma no pueden remodelar todo un cementerio. Tampoco desconocemos que se trata de una obra aprobada en 1.889 en los terrenos conocidos como el ‘Rambla del Agua’, lo dice la historia del Cementerio Municipal de la Purísima Concepción.
No es menos cierto que son demasiados años para una superficie que da para poco más y que la Ciudad Autónoma no ha cesado de construir galerías de nichos para atender a las necesidades de la población. Esto no tiene nada que ver con el testimonio gráfico que Francisco Saro Gandarillas ofrece del aspecto del Pabellón de Margallo correspondiente a 1.910, aproximadamente. Pero sigue siendo nuestro cementerio y, mientras algunos camposantos tienen incluso recorridos turísticos guiados por su perfecto estado de conservación y por la historia que acumulan, el melillense –no será por falta de evocaciones históricas- merece mejor trato. Una reforma a fondo.
Los mismos y evidentes desperfectos detectados hace 12 meses permanecen en la demarcación. No hablamos de los trabajadores pertenecientes al servicio, que demasiado hacen con mantenerlo y bien, sino de las mentes pensantes de todo un organismo autonómico. Cuando se está pensando en cubrir el río de Oro y crear nuevos espacios ciudadanos o cuando se lucha por ampliar el puerto melillense, aunque no sea tan rentable, habría que acordarse del Cementerio. Igual que hace unos años se consiguió, por fin, instalar un ascensor de comunicación entre los patios del camposanto, el firme de gran parte de la superficie merece un plan integral de recuperación.
Hay familias prácticamente ilocalizables para que se encarguen de los enterramientos de sus antepasados. Pues habría que actuar como acertadamente se está haciendo con la recuperación y presentación de los edificios modernistas del Triángulo de Oro: “si usted no lo hace, lo hago yo y le paso factura”. El empeño de la Ciudad Autónoma no sólo limitarse a la mano de cal por vísperas sino en la consecución de un cementerio correspondiente a una ciudad que no para de crecer, a tenor del censo público.
Además, piense quien deba, que los melillenses no acuden todos juntos todos los días del año para honrar a lo suyos pero las visitas, aunque fueran pocas, del día a día merecen alguna pizca de interés y una buena dosis de cariño.