Opinión
Lo que va de Irak a Libia
Publicada en InfoMelilla el 21 de marzo de 2011
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
George Meredith, poeta y novelista inglés de finales del siglo XIX, autor “El Egoísta” y “Los Comediantes Trágicos”, nos dejó el siguiente pensamiento: “El cinismo es un dandismo intelectual”.Y, señores, no puedo por menos de citar este aforismo para hacer mención a la ética que debe acompañar a toda persona pública en el desempeño de su cargo. Es cierto que los ciudadanos ya nos hemos ido acostumbrando a que, quienes nos gobiernan, vayan utilizando su poder según convenga a sus aspiraciones políticas que, en la mayoría de casos, nada tienen que ver con lo que son las necesidades reales del pueblo llano. Lo que no quiere decir, no obstante, que aquellos que, desde nuestro puesto de ciudadano de a pie, no nos acordemos de lo que ha venido sucediendo durante la legislatura y no observemos, con estupefacción, como aquello que, cuando les convino al gobierno, era reprobable, malo para España y un desmán de la derecha –siempre, empeñada, según ellos, a “atacar a la clase obrera y a explotar al proletariado”, para engordar las faltriqueras de los capitalistas” –; de repente, ha devenido en algo loable, necesario y conforme a la ética y la moral. Lo que pudiéramos definir como: guerra mala y guerra buena a la carta.
Seguramente, el señor Maquiavelo hubiera aplaudido con fervor a nuestro presidente, señor Zapatero, por valerse de una resolución de un organismo internacional, la ONU, que no se ha caracterizado, precisamente, por ser consecuente en sus resoluciones – un organismo dominado por clanes políticos y la masonería internacional, que lo utilizan para arrimar el ascua a sus particulares intereses políticos, económicos y financieros, para lo que no dudan en valerse de comisiones ad hoc que, bajo la capa de ocuparse del bienestar de los necesitados del mundo, lo que se llevan entre manos es luchar contra determinadas religiones, como la cristiana, apoyando a colectivos, como el caso de los homosexuales y lesbianas; amparándose en los llamados “derechos humanos” y empleando grandes sumas de dinero en apoyo de iniciativas tan desmadradas como es la de que, las mujeres, puedan, impunemente, masacrar a las criaturas que llevan en sus vientres – que, cuando consigue acuerdo para dictarlas, como ocurre en el caso de Libia, lo hace a destiempo, cuando el mal ya está hecho y sin valorar las posibles consecuencia que, una lucha armada, pueden significar para toda una parte del mundo africano, que está sufriendo los efectos de una ola revolucionaria que nadie sabe si lo que busca es la democracia o, y esto es lo más probable, extender el Islam por el sur de la UE..
De lo que no hay duda es de la satisfacción con la que, el señor Rodríguez Zapatero, se ha prestado, inmediatamente, a colaborar en sentarle las costuras al señor Gadafi; en la prontitud con la que ha puesto al Ejército en alerta y en la generosidad con la que ha ofrecido nuestros efectivos militares para tomar parte en la guerra contra Libia. Se diría que rebosa de satisfacción, que está eufórico y que, a poco que le dejen, va a sacar el sable de su funda para ponerse al frente de los países formantes de la coalición (vean la prudencia de Alemania, que se ha limitado a apoyar la acción pero sin enviar efectivo alguno a la zona de batalla). En efecto, hemos visto a un Zapatero como niño con Zapatos nuevos, sacando pecho y con su habitual risa de conejo a lo Mister Bean, encantado de poder enviar a nuestros soldados a enfrentarse con el señor Gadafi. Lo que sucede, señores, es que esta situación tan poco agradable, este tour de force contra el dictador de Libia, aparte de llegar con retraso, como es evidente, le permite que, en España, se hable de maremotos, terremotos y del tema de la revolución en el norte de África. Los titulares de los periódicos, especialmente de la mayoría de ellos y la TV noventa por ciento de la prensa que le son adictos, cubran sus portadas con las noticias que provienen de aquellos lugares, dejando para sus páginas interiores o para los últimos lugares de los telediarios, los graves problemas, económicos, financieros y sociales que nos vienen agobiando, entre los cuales se nos ha colado una noticia que afecta al recibo de la luz, una nueva subida del 12’5% en la parte regulada.
Pero no dejemos pasar por alto la incongruencia de los socialistas, cuando renegaron contra el señor Aznar por colaborar con los Estados Unidos, el Reino Unido, Portugal, Italia, Polonia, Dinamarca, Australia y Hungría, para hacer frente a un genocida como era el señor Sadam Huseín, un terrorista del Baas que había atentado contra la vida del primer ministro Abdul Karim Qassim y luego invadió los Emiratos; un señor que había ordenado un ataque químico, en marzo de 1988, en el contexto de la Guerra Irán-Irak, cuando fuerzas iraquíes utilizaron armas químicas contra la localidad kurdo-iraquí de Halabja, causando una gran mortandad entre la población civil. Se estima que, por lo menos, 5000 personas murieron en el ataque. Aunque la izquierda, de forma interesada, lo quiso presentar como una víctima de la ambición por el petróleo de EE.UU; .lo cierto es que el sujeto se había constituido en una pesadilla para el mundo occidental. La ONU, como siempre, se iba escaqueando de tomar una resolución que permitiera que se hiciera enmudecer al tirano, debido a las presiones de las naciones socialistas que no deseaban que los americanos tuvieran más poder en aquella parte del mundo y, muy especialmente, la entonces URRS que se oponía frontalmente a todo tipo de intervención americana.
Vean, sin embargo, el poder de una simple resolución de la desprestigiada ONU, que no cambia ni legitima un hecho armado contra una nación; una acción que, si no era legal desde el punto de vista moral y ético entonces, tampoco el simple hecho de recibir las bendiciones de aquel organismo, lo legitima ahora. La ética o la moralidad de una acción de guerra no dependen del visto bueno de un organismo burocrático, como es la ONU, sino de la justificación moral y ética que lo avale. Es posible que, el señor Gadafi, sea culpable de delitos horribles y que se merezca un duro escarmiento, pero en el mismo caso se encontraba el sátrapa de Irak y, sin embargo, el señor Zapatero y sus huestes se valieron de aquellos hechos para atacar al gobierno de Aznar, incumplir con las reglas del juego los días anteriores a las elecciones del 2004 y cargar toda la responsabilidad del atentado del 11 de marzo del 2004 sobre el PP; cuando lo quisieron relacionar directamente con la guerra de Irak para, con ello, conseguir auparse al poder en las elecciones de aquel mismo mes. Una jugada maestra de manipulación de la opinión pública de un país que, por desgracia para los que se dejaron embaucar, ha traído consecuencias desastrosas para nuestra nación y todos sus ciudadanos.
Falta por ver si esta acción que, no nos dejemos engañar, encubre los intereses petrolíferos en Libia y el afán de rapiña de algunas naciones, especialmente Francia, de hacerse con aquel importante centro de aprovisionamiento de combustibles; será tan expeditiva y eficaz como se nos quiere vender y si no se producirán nuevos efectos colaterales en otros países, que no ven con buenos ojos la intromisión de occidente en territorios tradicionalmente musulmanes, en los que la influencia occidental siempre se ha visto con preocupación y crítica. El gran beneficiado (tercius gaudet), al menos esto pretende él, ha sido el señor Zapatero convertido, de la noche a la mañana, en gran valedor del pueblo libio, lo que le permite colgarse la medalla de salvador del proletariado. Lo malo es que esta predisposición y esta euforia, no la hubiera dirigido a sacar de la crisis al pueblo español. O esto es, señores, lo que pienso yo.
Miguel Massanet Bosch