Opinión
Los españoles, inocentes
Publicada en InfoMelilla el 28 de diciembre de 2011
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
Los que nos desahucian sin compasión, los que nos recortan siguiendo los designios de la Europa del capital y abandono de lo social, los que toman el cuerpo del Divino en forma de hostia siguiendo las directrices del Papado que exculpa a pederastas, los que apuestan por la escuela privada de las elites, los que se costean por que les sobra trasplantes con seguridad de compatibles, los que fornican por presiones y la pasta, tantos y tantos que a mi no me montan nada…son inocentes, ingenuos, cachirulos ,monigotes sin alma?
¡Ay triste muñeco o monigote de figura humanizada, vacío de valores, blanco de inocencia! Y es que la inocencia es una especie programada de locura, mi advertido diputado; es que la inocencia te llama a reconocerla pues de ella te has apartado, no por edad sino por sueños abandonados, creyendo lo cercano y no real te puede realizar ,iluso y perdido hombrecillo de escalones aplanados.
Angelical de ángeles de avatar o endiablados de Cervero, ingenuos de tómbola y saltimbanquis de Gepetto pluriempleado hagiográficos de Josefo y malvados con máscara de una falsa Navidad de saldo, consumista y vacía de sentimientos porque toca.
Inocente de fiesta, real o zarzuelero, papal o de papel, ducal de regalo o urdangariano a solas, culpable por desnudo acusador o trajeado gurteliano sin rubor.
Hoy he admirado a los “Baby loones Toones”, he esquiado, boleado, saltado alturas y longitudes, dado drives y mamporros por doquier y a quien los quisiese, estando generoso y repartiendo mis tierras de antiguo condestable castellano demostrándome que las consolas no pueden con mi imaginación.
Hoy he visto mi desnudez en el espejo y me he congratulado del vapor que disimulaba formas y volumen, pues a lo vivido por pasado pecho y hecho. He pactado con los monigotes de mañana, he quedado en ponerlos a currelar bien temprano y han aceptado de buen grado, queriendo sentirse útiles por un día a lo que yo no he puesto reparo alguno.
¿Qué es la trufa, tubérculo subterráneo u hongo de esos que acaban en –miceto?, y la respuesta es clara diáfana, escrita está, pues trufa sigue siendo mientras mi fiel amigo Caillou así me lo pida.
Aquí se acaba esta manifestación de inocentes palabras. Yo solo me limito a proyectarlas, pues de ellas es la culpa del acierto y de la forma y mía la de así creerlo y dejarme llevar, dejarme llevar…
Pedro Gallardo