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Diabetes.
Vivir con la diabetes sin complejos pero con el debido interés oficial
El presidente de Adimel, Joaquín Rosa, sigue al timón de una nave incierta y sometida a todo tipo de avatares y lo hace en una ciudad en la que, por no haber, no hay censo de diabéticos.
Publicada en MeliYa el 12 de noviembre de 2011
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La diabetes -puede- es una de las enfermedades menos investigadas por la ciencia médica y mucho menos en estos tiempos en los que nada sobra, mucho menos presupuestos destinados a la investigación. Tan sólo se mantiene el tipo a base de tiras reactivas y controles de glucosa. Melilla y su Asociación de Diabéticos (Adimel) lo saben y tendrán que repetir sus justas reivindicaciones el próximo sábado, 12 de noviembre, cuando sea leído el manifiesto del Día Mundial de la Diabetes. Será sólo un símbolo, un deseo de llamar a las conciencias de las autoridades pero, conforme pasan los años, los mensajes van quedando ya obsoletos.
El presidente de Adimel, Joaquín Rosa, sigue al timón de una nave incierta y sometida a todo tipo de avatares y lo hace en una ciudad en la que, por no haber, no hay censo de diabéticos. Pone su voluntad y lo hace sin condiciones. Cada viernes, la sede de Ciudad de Málaga congrega a niños diabéticos y a sus familias para enseñar y compartir, dos de las consignas del Manifiesto que se leerá próximamente. Pero el equipo Rosa trabaja con una minoría de diabéticos melillenses, cuyo número podría estimarse en 7.000 almas, sin contar con los diabéticos importados del reino vecino, que esa es otra.
Hay iniciativas, claro. Se celebra el Carnaval, se hacen marchas saludables, controles de glucosa, se mandan a grupos de niños melillenses para que pasen unas minivacaciones peninsulares con otros diabéticos de toda España. Últimamente, tras años de gestiones incansables, se ha conseguido que la sanidad melillense cuente con un endocrinólogo que atienda a niños y mayores, evitando así los continuos traslados a Málaga. Pero lo principal, la investigación médica, esa que tanto ha conseguido para combatir el cáncer o el Sida, escasea y no hay nada más fastidioso que saberse enfermo para siempre.
En cualquier caso, Rosa es inasequible al desaliento y camina por despachos con constancia, vendiendo nuevas ideas para que, al menos, los más pequeños no sólo sepan que son diabéticos sino que aprendan a convivir con la enfermedad y con los que no la tienen. Él siempre dice que es una cuestión de ejercicio y alimentación ad hoc pero su mensaje se viene un poco abajo cuando un diabético nota los síntomas de la enfermedad.
El asunto –como dirían los políticos- no es baladí. Por eso este sábado parece consecuente prestar un tanto generoso a lo que nos digan los representantes de los diabéticos melillenses.