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PESCA.
Caen en picado las capturas pesqueras en el Dique Sur
La otrora bahía o rada de Melilla se ha convertido en una laguna entre puertos con una entrada de mar escueta y rácana para la renovación de las aguas y el mantenimiento de las principales especies marinas.
Publicada en MeliYa el 6 de febrero de 2012
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La verdad es que la magia pesquera, en general, melillense va de culo, cuesta abajo y sin frenos pero destaca la evolución a peor de las rocas del Dique Sur. Para la zona un sesudo director provincial del antiguo MOPU -que duró menos que una gominola en la puerta de un colegio- tenía un proyecto ambicioso, 90 millones de las antiguas pesetas para convertir esa lengua de tierra en solaz de descanso, medio ambiente y pesca. El famoso proyecto quedó en la mente del aludido y poco más, pero el político no tiene especialmente la culpa de que cada día haya menos pesca en el Dique.
La otrora bahía o rada de Melilla se ha convertido en una laguna entre puertos con una entrada de mar escueta y rácana para la renovación de las aguas y el mantenimiento de las principales especies marinas. El Dique Sur, por la cercanía a la bocana industrial ofrecía alguna generosidad a los pescadores: robalos o lubinas de cierto empaque, herreras, doradas palmeras, pulpos arrastrados y poco más. Hoy por hoy, ya casi ni eso. Aunque los pescadores de caña, no pierden la esperanza de obtener alguna captura y disfrutar de ese placer de comerse en casa lo que se ha pescado con paciencia.
El puerto –ya sabemos- con tanto plan de modernización y aprovechamiento está vetado a los pescadores, menos a aquellos que, de forma molesta y hasta descendiendo por cuerdas, optan por calar sus cañas en la escollera o espaldón. Aunque, no crea, a pesar de ser mar abierta, hay que invertir en horas y conocimientos pesqueros para llevarse algún meretón o abadejo despistados que nada a la búsqueda de mejillones o cañaíllas. Se van estrechando los espacios para el pescador melillense.
A pesar del trabajo de la Federación de Pesca por atraer para Melilla competiciones de gran nivel, la oferta de materia prima está por los suelos. Hombre, no vamos a decir que Paco Navas haya dejado de vender cañas, aparejos, pies y plomadas pero ese ocio tan propio de la tierra como es la pesca es cada día más difícil de mantener.
Hay pescadores, no obstante, que no pierden la esperanza. Es el caso de Fali, un experto en trincar ranchos de lubinas al final del Dique Sur con cebos artificiales, o de Pepe ‘El alcalde’, infatigable pescador que, de vez en cuando se lleva un par de doradas palmeras, escapadas de las redes piscícolas de la Mar Chica. Menos mal que los agentes de la Guardia Civil suelen ser indulgentes permiten el arte de la pesca siempre y cuando no se haga el salvaje, que también los hay.