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El incierto futuro de la churrería de la Estación de Autobuses
La primigenia churrería estaba en la esquina de Pablo Vallescá, en el conjunto del edificio noble de la antigua Estación de Autobuses.
Publicada en MeliYa el 14 de enero de 2012
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Nos recomienda el web master de ‘El Alminar de Melilla’, don Enrique, que aprovechemos unas fotografías de la churrería de la plaza de las Culturas –extremo y actitud que agradecemos-, anteriormente churrería de la Estación de Autobuses de Melilla, cuyo futuro es tan precario como injusto, injusto porque se han incumplido las promesas realizadas en su día a quienes explotan este establecimiento tan socorrido por los melillenses. Hacen el típico churro de masa –nada que ver con los ´madrileños´ de ‘Colón’, Cabrerizas- pero los churros se han pegado un viaje de narices en los últimos años.
La primigenia churrería estaba en la esquina de Pablo Vallescá, en el conjunto del edificio noble de la antigua Estación de Autobuses. Allá se servía el famoso té con unas inacabables ruedas de churros idénticas a las actuales. Solía actuar en función de tarde el señor ciego del acordeón con los solos de Pepe ‘Palillos’ para amenizar las tardes melillenses. Cuando el último autobús de la Cooperativa de Transportes con Marruecos (CTM) salió con destino a Nador, la Estación perdió su operatividad.
Se derribó la mayoría del complejo y quedó algo del edifico donde se alojaron una farmacia, un estanco, una tienda de arte árabe, la churrería y algún taller. Pero había que construir la plaza de las Culturas y se prometió a los empresarios establecidos –churrero incluido- un local en el nuevo inmueble ‘mano a mano’, es decir, te vas y yo te doy una nueva sede. Mientras tanto, te hago un módulo y, desde allí, haces churros.
La farmacia sí que tuvo sede nueva, el arte árabe también pero el churrero se quedó con cara de haba con un problema añadido: tendrá que irse del módulo porque en esos terrenos construirán el Centro Tecnológico. ¿Dónde se va a instalar la churrería de toda la vida?. Ah, no se sabe. Mientras que para la Oficina de Turismos se habilitó una superficie que hoy está cerrada a cal y canto, mientras que se montó una taberna muy andaluza, el churrero sigue instalado junto a ruinas y con negro porvenir.
Los bajos de la Estación de Autobuses son tan irrecuperables como la costumbre de las familias melillenses de merendar con el ritmo del acordeón del seños ciego y de Pepe ‘Palillos’ pero la empresa de los churros sigue trabajando con una vocación numantina evidente. La temporalidad de sus respectivos enclaves, la inseguridad de su futuro les convierte en héroes de la supervivencia. Como diría la siempre recordada y admirada Carmen Goes, ‘es que no hay derecho, oiga’.