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Ecologistas.

Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios

Lo hacen conscientes de que, en Melilla, por su extensión y su creciente población, es tarea hercúlea, es trabajo de titanes. Pero, a pesar de los reveses, jamás han bajado la guardia.

Publicada en MeliYa el 8 de enero de 2012

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A veces se les malcomprende porque los políticos siempre malcomprenden a quienes no persiguen nada en interés propio. No se creen que lo que algunos seres humanos quieren es conservar el patrimonio natural, el mejor legado que se les puede dejar a hijos y nietos, el oxígeno, el mar, las especies animales y vegetales, lo que la Tierra da de forma gratuita para mejorar la calidad de vida de los seres humanos. La comprensión del político de turno sería mucho pedir, vaya, una fantasía animada.

Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios
Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios
Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios

Guelaya nace en 1.987 precisamente para cuidar el medio natural y proponer sin desmayo a las autoridades más celo a la hora de trabajar en la Naturaleza y por la Naturaleza. Eliminar esas capas de cemento que sólo trae destrucción y muerte al medio natural. Lo hacen conscientes de que, en Melilla, por su extensión y su creciente población, es tarea hercúlea, es trabajo de titanes. Pero, a pesar de los reveses, jamás han bajado la guardia. Ocurrirá lo que ha ocurrido en toda Europa, tendrán que subirse al carro de la política aunque sólo sea para predicar desde los escaños oficiales. Por cierto, ya tienen uno en el Congreso de los Diputados, aunque pertenezca al Grupo Mixto.

Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios
Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios
Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios

Se enfrentan –lo dicen ellos- a “la gran cantidad de residuos que nos invaden, las pocas zonas verdes que existen llenas de basuras, el litoral desnaturalizado y lleno de residuos, y la persistente y contumaz obsesión de nuestros gobernantes locales de construir más y más, echar más cemento, hormigón y asfalto, a una ciudad que hace apenas veinte años vivía en un cierto equilibrio entre zonas verdes, huertas y asfalto”. Sí, difícil trabajo, Manolo Soria, casi imposible.

Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios
Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios
Guelaya, poco entendidos pero absolutamente necesarios

Aún así desarrollan su trabajo cerca de centros docentes y colectivos sociales. No pierden de vista a los cetáceos que se acercan al cabo de Tres Forcas o al mismísimo litoral melillense, no pierden de vista la evolución de las aves de la zona y no paran de denunciar los comportamientos incívicos de algunos melillenses que parecen haber nacido con el único propósito de destrozar el medio natural.

Todo ello, claro, desde la incomprensión, desde la sensación de ser considerados como ‘moscas cojoneras’ para el progreso -¡Ja!- de la sociedad. Nadie les va a agradecer bastante lo que están haciendo aunque no es menos cierto que Guelaya no espera ningún reconocimiento oficial porque se trata de dormir cada noche con la tranquilidad del deber cumplido y la conciencia blanca. Eso sí que lo consiguen.