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Toros.
La Cantina, la hostelería comprometida con el Arte de Cúchares
Vino y toros siempre se han llevado bien. Nada más que hay que visitar los cosos peninsulares para comprobar que en los aledaños de las plazas de toros, están las mejores cantinas de las ciudades.
Publicada en MeliYa el 23 de enero de 2012
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Hombre, que no se enfaden los cerveceros de vocación, que los hay muchos y con mucha ciencia, pero con lo que cae, ese fresco húmedo, propio del Mare Nostrum que nos baña, el invierno, el recogimiento y la abundancia de ropajes, lo mejor -es una opinión- es un buen Ribera de Duero o un Rioja de las añadas más afortunadas y, ¿por qué no?, en un sitio céntrico, recogido, con buen ambiente y mejor gastronomía. ¿Dónde?: en 'La Cantina', el hogar de los hermanos García, que ofrecen un servicio de lujo bajo la indesmayable vigía del padre, don Salvador García, el hombre que envenenó a sus hijos con la vocación hostelera.
Vino y toros siempre se han llevado bien. Nada más que hay que visitar los cosos peninsulares para comprobar que en los aledaños de las plazas de toros, están las mejores cantinas de las ciudades. La nuestra, Melilla, no iba a ser una excepción por ‘La Cantina’ está a 150 metros de la Mezquita del Toreo. O sea, se convierte en lugar de paso obligado antes y después de los festejos. Y, si no hay festejos, pues allí se festeja la afición a la que –como dice el diputado, don Antonio Gutiérrez- es la Fiesta de España.
El ambiente es tan selecto como cercano. Los aficionados al Arte de Cúchares –que ya cuentan con una peña de lujo en los bajotendidos de la plaza- gustan de acercarse al templo de los hermanos garcía porque se ha convertido en un auténtico museo de la tauromaquia con ejemplares de cabezas de hierros de reconocido prestigio como los ensabanaos de don Tomás Prieto de la Cal, lidiados en la Mezquita del Toreo, una ganadería que sigue creciendo por sus hechuras y por la vocación de Tomás, que ya implica a sus hijos pequeños en el noble arte de la crianza de las reses de lidia.
Desde el punto de vista hostelero, Salvador y Juan ofrecen de todo. Parece mentira que doña Isabel y sus niñas puedan cocinar tanto y tanto bueno en un escueto rincón del local. Casi siempre está lleno, menos los lunes –descanso del personal- y disponen de otro rincón, un coqueto reservado para celebraciones particulares. Reservado que los hermanos cuidan meticulosamente para que la clientela se sienta como en casa.
Allá en la zona general no es extraño encontrarse con el usía de la mezquita, don Antonio Gutiérrez, con otro don Antonio, el señor Barranquero, con don Pedro Venzal o con don Román criado –sentimos no citar a mayor número de buenos aficionados-, hecho que determina la prevalencia de la tertulia taurina sosegada. Siempre que se habla de toros, se discute pero discutir en casa de los García, es como echar un pulso a la vera del paraíso. O sea, que merece la pena un voltio por ‘La Cantina’.