Local · Semana Santa
Miles de melillenses comparten el Encuentro entre la Virgen del Rocío y Cristo Resucitado
El Encuentro entre las dos imágenes, que ha tenido lugar en la Plaza de España, ha congregado a más melillenses que ningún otro paso en un Domingo de Resurrección que llena de alegría el corazón de los cristianos
Publicada en InfoMelilla el 8 de abril de 2012
Una Plaza de España abarrotada esperaba ansiosa
el Encuentro entre el Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora del Rocío. El emotivo momento ha estado precedido por la paciente
espera de la procesión de Jesucristo que, después de muchas horas de camino, no ha tenido inconveniente en aguardar la llegada de su hermosa
y alegre madre con una larga espera en la calle Ejército Español.
Al Encuentro han acudido miles de melillenses que,
al paso de ambos tronos, iban juntándose y creando un corro para arropar a madre e hijo en el momento más emotivo de la Semana Santa. Este Domingo de Resurrección ha sido un día soleado
como pocos, el único en el que la amenaza de lluvia no ha empañado ni ensombrecido los pasos.
El que fuera prendido y crucificado ha resucitado, y
el sufrimiento de la Virgen María se disipa en la esperanza y la alegría que han compartido todos aquellos que celebran que Cristo ha vencido a la
muerte, llevándose consigo los pecados de cuantos reconocen en él al salvador y permitiéndoles experimentar una vida nueva y libre.
Las bandas de música de ambas cofradías no han cesado de tocar
durante todo el camino que, frente a frente, han realizado ambas tallas hasta encontrarse, una vez retirados los nazarenos y las mantilleras, para ceder todo el protagonismo a las imágenes. Una
vez cerca, los gritos de “viva” y los piropos a la Virgen –guapa, guapa, más que guapa- se sucedían entre los costaleros y entre muchos de los curiosos y devotos que les rodeaban.
En un último esfuerzo –antes de recorrer el camino de vuelta a sus respectivas parroquias, de las que salieron temprano-, los costaleros han elevado los tronos –primero el de Cristo, después el de la Virgen que, estando en lo más alto, hace una reverencia al agacharse las primeras filas de costaleros-. Con este signo, ensalzan el amor de la madre por el hijo y el del Hijo de Dios por todos nosotros, así como recuerdan que lo que viene del Padre es lo más grande.