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Rebajas.
Veremos cómo se presentan las rebajas en tiempos difíciles
Melilla es diferente, o al menos los establecimientos pequeños o de toda la vida. Aquí siempre hay rebajas por familiaridad, por conocimiento o por vender.
Publicada en MeliYa el 9 de enero de 2012
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El sábado comenzó la temporada de rebajas de invierno. Bueno, empezó este período para las franquicias porque cosa diferente es el pequeño establecimiento, sobre todo el melillense. María Antonia Garbín ya ha dictado la normativa. Ya saben: aquello el precio antiguo y precio rebajado, o bien porcentajes, nada de productos deteriorados y denuncias al momento si los establecimientos no cumplen con la norma. Como todos los años, pero acaso sólo aplicable a las franquicias cuyos, responsables, además, conocen a nivel nacional o internacional lo que tienen que hacer, cuándo empiezan y cuándo acaban.
Melilla es diferente, o al menos los establecimientos pequeños o de toda la vida. Aquí siempre hay rebajas por familiaridad, por conocimiento o por vender. El comerciante de origen bereber sigue una ley distinta: vender mucho a precio menor; ganar menos pero no dejar de ganar a lo largo de todo el año; ni temporada de rebajas, ni gaitas. Y, o bien bajan voluntariamente los precios –marquen lo que marquen las etiquetas. O bien conceden crédito –hasta el alimentación- a interés cero, que también es una forma de rebajar.
Este año la cosa viene malamente. El Gobierno de don Mariano Rajoy ya ha dado muestras de su energía a la hora de recortar y meter el tijeretazo económico donde puede y no lo ha hecho en su totalidad porque quedan unas elecciones autonómicas cruciales: las andaluzas. A partir de marzo nos vamos a enterar de lo que vale un peine.
Aún así, un interlocutor significado del Gobierno Imbroda, nos decía no ha mucho que sí, que hay crisis pero que la economía melillense tiene resortes e imaginación para capear temporales. Habrá sociedades mixtas de la Administración Local que no se verán afectadas por el proceso de eliminación dictado por los gobernantes de Madrid. En definitiva, Melilla lo va a pasar mal, como cualquier pueblo de España, pero hay remedios puntuales. Ya los hubo en otros tiempos, cuando los peninsulares llegaban en tropel para mediovivir al otro lado del Mediterráneo.
El caso es que el turrón se acabó –y si queda se puede convertir en batidos o buñuelos- y que las rebajas de las franquicias cubrirán necesidades y no caprichos, como en años de bonanza económica. De hecho los Reyes Magos han olido este año más a practicidad que a ilusión. Y es que el temporal está más que servido aunque aquí, en este bendito rinconcito español, lo vamos a digerir con menos acidez que en otros sitios.