Opinión
Televisión y Basura II
Publicada en MeliYa el 19 de diciembre de 2003
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Elías Gómez F, no del portal.
Elías Gómez F
Televisión y Basura II
En el artículo anterior –TELEVISIÓN Y BASURA (I)- traté de establecer una visión intencionadamente subjetiva de algunos de los hitos del periodismo nacional sin los cuales a mi juicio es imposible comprender algunos de los fenómenos televisivos que padecemos. Si éste es el primer artículo de la serie que leen, les remito al anterior antes de continuar leyendo.
Si únicamente se nos permitiese utilizar una palabra en que confluyesen la mayor parte de las características de los programas basura, probablemente la palabra elegida sería morbo. Esta palabra tiene sus raíces, como tantas otras de nuestra lengua, en el latín, y hace referencia al gusto por la muerte. En la actualidad, el vocablo se usa para aludir a la atracción que el común de los mortales suele sentir no sólo por la muerte, sino por otra serie de fenómenos que podríamos incluir dentro de la clasificación freudiana de lo que es tabú, es decir, la muerte, el incesto, la homosexualidad, la infidelidad en la pareja, y casi todo lo que se nos ocurra. Todos estos elementos, y muchos más, son condimentos indispensables para aderezar la ensalada mediática que constituye la televisión basura.
El primer programa, que yo recuerde, que empezó a explotar comercialmente temas como los comentados fue el semanal Quién sabe dónde, en el primer canal de Televisión Española, hace más de diez años. Para quien no lo recuerde, dicho programa, que alcanzó cotas de audiencia inimaginables, dedicaba su emisión a investigar los casos de personas que un buen día, inesperadamente, desaparecieron de sus casas. El público asistía en directo al sufrimiento de los familiares, lógico fruto de la incertidumbre, y se ofrecía un teléfono de contacto para quien pudiese aportar pistas que ayudaran a encontrar a los seres queridos perdidos. En no pocos casos, un programa acababa felizmente con el reencuentro del hijo pródigo con sus queridos progenitores, aunque también se dieron situaciones en que un familiar perdido motu proprio declaraba su intención de que le dejasen en paz, ya que su exilio había sido totalmente voluntario. Aun en estos casos, una llamada de teléfono contribuía a aplacar en mayor o menor medida el sufrimiento de sus allegados. El programa estaba presentado por el periodista Paco Lobatón, cuya profesionalidad en diversos medios periodísticos queda fuera de toda duda, el cual gustaba de calificar a su programa como servicio público.
Las demás televisiones aprendieron pronto la lección, y comenzaron dedicar cada vez mayor tiempo a lo que desde antiguo se ha denominado en prensa crónica de sucesos. El siguiente punto de inflexión, a mi entender, se produjo el día en que se conoció el destino de las tristemente famosas niñas de Alcásser, tres adolescentes que fueron violadas y asesinadas cuando una noche cualquiera se disponían a acudir a una fiesta en una discoteca. A las pocas horas del descubrimiento de los cadáveres, la periodista Nieves Herrero realizó un programa especial en que entrevistaba en directo a los desesperados padres de las víctimas, y el programa fue indiscutible líder de audiencia esa noche de 1992. Esto no fue obstáculo para que la actitud de la periodista, que por otra parte es una profesional ampliamente reconocida en el medio televisivo y el radiofónico, recibiera no pocas críticas, algunas de ellas muy duras, por utilizar el morbo de los espectadores para alcanzar un éxito de audiencia sin precedentes en el canal privado de televisión Antena 3.
A partir de ahí, todas las cadenas de televisión que emiten en abierto, a excepción de La 2 de Televisión Española, han incluido algún programa que intenta mezclar la crónica de sociedad con la de sucesos, como Gente en TVE1, que ha sido rebautizado sarcásticamente por muchas personas como Gente muerta.
El siguiente hito en la televisión de nuestro país se produjo con la emisión de programas que copiaban el formato de algunos éxitos de la televisión norteamericana, como el del famoso Jay Leno. El pionero fue Esta noche cruzamos el Mississippi, del gran periodista Pepe Navarro, que mezclaba una sensualidad más o menos explícita con espectáculos musicales, el tratamiento de temas serios y parodias humorísticas. Pepe Navarro puede atribuirse el mérito –aprovechado luego por otros como Javier Sardá, del que hablaremos más adelante- de mantener a una audiencia millonaria despierta hasta altas horas de la noche, y de ser el responsable de innumerables bolsas bajo los ojos de muchos madrugadores. Navarro fue fichado por Antena 3, donde comenzó la realización de otro programa, La sonrisa del pelícano, de formato calcado al del Mississippi.
En un tercer artículo concluiremos con el repaso a los programas clave para la comprensión del fenómeno de la televisión basura en España.
Elías Gómez F. correo-e: munzter@terra.es