Opinión

Televisión y Basura III

Publicada en MeliYa el 20 de diciembre de 2003

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Elías Gómez F., no del portal.

Elías Gómez F.

Televisión y Basura III

En TELEVISIÓN Y BASURA (II), anteriormente publicado, iniciábamos un breve recorrido por los programas de la televisión española que han supuesto cambios en la misma sin los cuales nos es imposible entender la actual televisión basura que inunda las ondas hoy en día. Pretendemos hoy concluir este subjetivo repaso histórico.

Por el tiempo por el que nos quedamos en el anterior artículo, un programa revolucionaba las ondas de algunas emisoras autonómicas, como la andaluza Canal Sur y Telemadrid. Era el muy comentado Tómbola. Este programa consiste –ya que aún se emite en algunas cadenas- en que una serie de profesionales de la información del corazón (así llamado, aunque en mi opinión el nombre debería ser alusivo a otro u otros órganos del cuerpo humano) trate de dejar por mentiroso a algún famoso o famosillo, que no es lo mismo, mientras este se intenta defender como puede. En ocasiones la cosa termina en llanto; en otras, en palabras malsonantes; alguna vez en un más o menos fingido intento de agresión mutua. Los periodistas que aparecen en este programa, y en otros de contenido semejante, repiten hasta la saciedad como una cantinela su convicción de que su profesión es la misma que la de Matías Prats o la del malogrado José Couso: el periodismo. En latín se decía: excusatio non petita, accusatio manifesta, lo que en román paladino se puede traducir libremente como “¿por qué te disculpas si no te he acusado de nada?”. Pero no nos apartemos del tema.

El siguiente en aparecer fue Javier Sardá, periodista catalán que había hecho sus pinitos anteriormente en la televisión, y había dirigido un programa de radio de gran éxito. Crónicas Marcianas, título tomado de la obra del escritor de ficción especulativa Ray Bradbury, nos fue presentado por Sardá como una alternativa a la chabacanería y vulgaridad del programa que Pepe Navarro presentaba por aquel entonces en Antena 3, del que hablamos en el artículo anterior. Al inicio fue tal vez así, ya que al lado de contenidos de puro entretenimiento –y la televisión es fundamentalmente eso- nos ofrecía el presentador flashes de actualidad, unas dosis de humor de buen gusto e incluso debates en los que encontrábamos a polemistas tan lúcidos como a la política catalana Pilar Rahola o el abogado y periodista Javier Nart. Triunfó Sardá sobre Navarro, entre otras cosas porque al del Pelícano le salieron caras –dicen por ahí- ciertas intervenciones de algunos personajes que criticaban duramente al poder político y económico establecido. Y no es necesario decir más.

Crónicas Marcianas se mantiene, más de un lustro después, con envidiable salud al frente de las emisiones televisivas nocturnas, sin que haya quien lo tumbe, y eso que intentos ha habido. Citaremos como muestra el programa de Máximo Pradera, que resistió poquísimas ediciones, ya que, aparte de enfrentarse con el monstruo marciano, tuvo la mala fortuna de que a los dos o tres días de estrenar su programa, dos aviones de una línea comercial estadounidense fueron estrellados contra los edificios del World Trade Center neoyorquino por unos terroristas saudíes. Y el público en esos momentos –y hasta semanas o meses después- tenía centros de interés mucho más importantes que la apuesta arriesgada de una televisión privada. En cuanto a la calidad del programa en la actualidad, dado que todavía se emite de lunes a jueves, que el lector lo vea y emita su propio juicio, si es que así lo desea.

Hace unos cuatro o cinco años apareció en las pantallas de Telecinco el innovador programa Gran Hermano, en medio de una buena campaña publicitaria. Una vez más, el nombre del programa fue tomado de una novela de ciencia-ficción, la conocida 1984, de George Orwell, en la que un político inexistente era idolatrado por las masas de la superpotencia Oceanía (o tal vez era Eurasia), reflejo futurista –la novela fue publicada en 1948- de la desilusión de su autor, un norteamericano que había luchado en el bando republicano durante nuestra guerra civil, por los sistemas políticos marxistas impulsados o impuestos en práctica tras la victoria de los aliados durante la II Guerra Mundial por la Unión Soviética. El Gran Hermano, parábola de un Stalin post-moderno, observaba acusadoramente los movimientos de todos los ciudadanos de Oceanía a través de las telepantallas. Pero eso es otra historia.

Gran Hermano se nos vendió como un experimento sociológico, lo cual era sin duda un desenlace posible para el formato, pero acabó siendo un Tómbola de veinticuatro horas en el que hurgar los rincones más oscuros de los participantes y sus familias. Al final, lo que interesaba al público eran los posibles roces sexuales dentro o fuera de la casa de Guadalix de la Sierra, las discusiones entre ellos y saber cuál de las participantes había sido puta en una vida anterior. El programa fue un éxito desmesurado desde el principio, y algunos participantes de su primera edición aún están disfrutando de los réditos que les dejó su aparición en Gran Hermano I.

Ha habido decenas de variaciones en prácticamente todas las cadenas de televisión españolas que emiten en abierto, algunas con nulo éxito –El Bus, Academia de Actores-, otras relativamente rentables –La isla de los famosos-, y otras cuyo éxito ha superado ampliamente al del programa pionero –Operación Triunfo-, que en su cuarta (¿o es ya la quinta?) edición engancha a un número ridículo de espectadores si la comparamos con la primera. No todos estos programas son iguales, cierto es; mas todos, sin duda, pueden entrar dentro de un hipotético epígrafe televisivo que llamásemos telerrealidad. No entraremos aquí en la polémica de si Gran Hermano es lo mismo que Operación Triunfo, ya que para una breve –y, repito, totalmente subjetiva- historia de la televisión basura, basta con lo dicho hasta ahora.

Paralelamente a los programas citados, los llamados programas del corazón han visto multiplicados sus telespectadores espectacularmente en los últimos tiempos. No sólo los programas, sino las revistas, que ahora no únicamente leen las amas de casa, sino también los trabajadores de la construcción, los abogados y los adolescentes. Pero aquí nos ocupamos de la televisión. Citaremos aleatoriamente algunos programas, como pueden ser Salsa Rosa, A tu lado, Sabor a ti y Dónde estás corazón, sin detenernos demasiado en ellos. Sólo interesa para el propósito de esta serie de artículos decir que en opinión de quien escribe el corazón no es un órgano adecuado para dar nombre a los programas citados, que se ocupan principalmente de la actividad de las gónadas de sus protagonistas. Pero sabemos ya que en televisión lo más importante es la buena imagen, y que no es lo mismo decir programas del corazón que programas del pene y la vagina.

En los últimos tiempos, los programas de todo tipo que han sido descritos sucintamente aquí han seguido un proceso de retroalimentación unos de otros, es decir, que un mismo personajillo puede aparecer –y de paso hacer su agosto- en varios de esos programas, discutiendo con otros con efecto retardado, cobrando siempre, y haciendo más cierto aquello que dijo un ministro de que en España es muy fácil hacerse rico.

En el próximo artículo finalizaremos esta serie de reflexiones particulares sobre la televisión en España.

Elías Gómez F. correo-e: munzter@terra.es