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Bombalurina triunfa con un 'Cabaret' arrebatador y sublime que levanta al público de sus asientos

Formidable puesta en escena de Bombalurina con tres horas de representación y media hora de bises

Publicada en MeliYa el 9 de marzo de 2006

Salvador Ramírez

Estaba cantado desde el momento en el que todas las localidades de Cabaret se vendieron en menos de cuatro horas pero se ha confirmado el hechizo: lo que puede verse sobre el arquitectónico escenario del Cine Nacional, hasta el domingo Kit Kat Klub berlinés, es una obra de arte de muchos quilates.

Desde que el melillense pone el pie en el umbral del antiguo Kursaal hasta que termina el último bis, tiene la oportunidad de disfrutar de todo un espectáculo pleno de ambientación y entrega de las 60 personas que hacen posible el milagro. Y tiene la oportunidad de comprobar hasta qué registro de categoría puede llegar este grupo de melillenses.

Se hace difícil seleccionar momentos pero se va a intentar. Comencemos por el final. Hablo con la consejera de Cultura, Simi Chocrón, radiante: “estoy muy satisfecha, me gusta la comedia musical y, mucho antes de ser consejera, ya había visto los grandes musicales de Madrid e incluso de Nueva York, algunos dos y tres veces, me encanta. Lo de Bombalurina no sólo está a la altura del mejor, sino que lo supera”.

Eufórica Chocrón y eufóricas las 600 personas que consiguieron acceder a la premier, hay que decir que, bajo la dirección de Jotajota Imbroda, se han batido todos los records. La música del maestro Chamorro y sus 16 profesores, perfecta. Directo del bueno y participativo, no en vano los músicos forman parte del Kit Kat, son cómplices de una trama tragicómica previa a los peores años de la Europa del siglo XX.

El trabajo de las Kit Kat Girls y de las coristas está fuera de calificación. Si estuviéramos en lo académico, recurriríamos al cum laude. Son 12 chicas perversas, desbocadas, aunque aburridas del rigor de la vida nocturna que reciben al espectador de mala gana aunque con la insinuación propia del marco escenarial.

Seis efebos mariposones -en todo caso, bisexuales- ponen el contrapunto a las chicas, abriendo un horizonte sexual sin frontera, de auténtico desenfreno. Ofrecen una válvula de escape a una sociedad en absoluta decadencia, en el albor de los años trágicos marcados por el antisemitismo y la masacre.

Vayamos al elenco. Antoñito González es un chaval de ocho años que nos ofrece un registro de voz increíble en la interpretación de una prusiana marcha de sensaciones. Ataviado con el uniforma de juventudes hitlerianas, levanta al público de las butacas.

Vuelve César Arrarás en el papel menos favorecedor: el nazi que consigue dinero de París para financiar sus actividades criminales. César está desenvuelto, dominador del escenario y transmisor de una impronta dramática que le viene de genes pero que ha sabido regar adecuadamente con su entrega y su genio.

María José Ramírez Berenguer crece en voz y en saber estar en escena. Encarna a Fraulein Kost, la altanera pero ligera de cascos huésped de Faulein Schenider, que atisba la llegada de los nazis y se pliega, complaciente, al nuevo orden. María José saca una voz cascada pero mantenida que duele y gusta. Viéndola presentar informativos, pocos pueden imaginar la versión artística de la locutora. Sí, muy profesional.

Raúl Belmonte es el comerciante judío de la obra que reclama insistentemente su condición de alemán. Quiere contraer matrimonio maduro con la dueña de la pensión pero acaba deportado a las proximidades de un campo de concentración. Raúl está sobrado, canta e interpreta a la perfección la figura del buen hombre maltratado.

Nos descubrimos ante Mabel Romero, Fraulein Schneider. Su caracterización de vieja hotelera, en plena postrimería de su vida, achacosa, tímida y santurrona es perfecta. Conociendo la melodiosa y refinada voz, nadie puede imaginarse cómo canta con voz desgarradora, amenazando a sus propias cuerdas y saliendo vencedora y airosa del reto. Mabel está como nunca.

Juan José Rojas es Cliff Bradshaw, el ilusionado y joven escritor norteamericano que se pasea entre Londres, Paris y Berlín, a ver si se le ocurre algo y, por fín, escribe una novela. Emprende un amor imposible con Sally y hasta la deja preñada. Rojas está sublime, actor más que nunca, con poca concesión a la música e impecable en su presencia escenarial.

Sally Bowles, María del Carmen Gálvez. Hemos asistido a muchos conciertos que la Gálvez, en su calidad de reputada soprano, ha ofrecido en Melilla. Sabíamos de su capacidad y profesionalidad pero María del Carmen vuelve a impresionar a los melillenses: guapísima, irascible, tentadora y con un registro poderoso, puede ser tan soprano como contralto o lo que ella quiere. Olviden a la diva Minelli y sométanse al encanto de la Gálvez. Perfecta.

¿Quién no conoce a Antoñito Ferrer?. La Corte de Faraón, entremeses de los Quintero, Tienda de los Horrores, Jesús en Superstar y ahora Emcee. Antonio hace una interpretación de cinco estrellas. La opinión es unánime en proscenio y patio de butacas: ¡Es un genio!. Es el hilo conductor del entreverado cabaret. Desafía, transgrede, implica al público, sorprende, se ríe y llora. Brilla con refulgente resplandor en su vuelta a las tablas.

Cabaret marca un antes y un después en la historia de Bombalurina. Habrá que iniciar un foro de reflexión para debatir hasta dónde puede llegar este grupo melillense. Ayer, en la premier de prensa y patrocinadores, el grupo deslumbró, arrebató. Tras casi tres horas de representación y otra media hora de bises, el público, levantado de sus butacas y entregado al arte y la cultura, quería más. Un bombazo, vaya.