Local

El Centro de Hijos de Melilla da marcha atrás, permite fumar y lo celebra con una paella

La recaudación había bajado desmesuradamente desde la entrada en vigor de la famosa ley

Publicada en MeliYa el 5 de marzo de 2006

Salvador Ramírez

La famosa ley del tabaco sigue dando que hablar. No todo era tan fácil como el Gobierno Zapatero pensaba, hay derivaciones y consecuencias. El Centro de Hijos de Melilla, como no podía ser menos, puso buena voluntad y ni siquiera quiso acogerse a los beneficios de una sala especial de fumadores pero poco ha durado la alegría en casa del pobre.

En Asamblea General celebrada el domingo, los directivos, los mismos que aprobaron la restricción total cumpliendo a rajatabla el texto legal, tuvieron que decidir en sentido contrario y crear una zona especial de fumadores cerca del bar.

La explicación es sencilla: tanto las ventas del ambigú como la recaudación de las máquinas tragaperras del local, descendieron hasta extremos preocupantes y con esos dineros, la institución que preside Joaquín Díaz podía pagar los 1.200 euros mensuales de costes fijos, a saber, el alquiler del local de la calle de Castelar, las suscripciones de prensa y los gastos generales.

Al caer en picado la recaudación, el Centro de Hijos de Melilla se ha situado en un auténtico abismo financiero y ha optado por crear la zona de fumadores, coincidente con la barra del mar y la ubicación de las tragaperras.

Una institución en la que los socios pagan una cuota de ¡tres euros! Al mes no puede hacer milagros y muchos menos, si cabe, cuando los dineros correspondientes a la subvención de la Ciudad Autónoma se muestran reacios a llegar al centro. Tienen pendientes cantidades del pasado año 2005 y no hay forma de atender los gastos.

Por ello, los directivos de Díaz ya permiten fumar en la zona especialmente acotada y como, pese a los problemas y los reveses, el humor y el buen tono no se ha de perder, el Centro de Hijos de Melilla celebró la Asamblea con la consabida paella de Joaquín Rosa. Esta de vez pollo, conejo, legumbres de la huerta, higaditos y un buen número de gambas.

Y esta vez sí. Esta vez, los socios del histórico centro que fundara haced casi medio siglo don Eduardo León Solá celebraron la reunión fumando y, como siempre, rodeados del ambiente de campechanía y compañerismo que caracteriza a la institución.