Reportaje

El delegado del Gobierno felicita unas Pascuas plenas de respeto a la diversidad de ideas políticas de los informadores melillenses

Es necesario hacer un alto en el camino, en la imparable escalada de declaraciones y contradeclaraciones, afinidades y fobias, simpatías y antipatías, con el fin de recordar que aquí, en esta empresa de la comunicación, todos tenemos nuestro papel.

Publicada en InfoMelilla el 12 de diciembre de 2006

Salvador Ramírez

Las barreras políticas han de desaparecer, al menos por Navidad, y conviene que políticos y periodistas se entiendan y compartan, en torno a una copa y unos ibéricos, la propia alegría de la festividad del nacimiento de Jesús.

Así de explícito no se ha manifestado el delegado del Gobierno, José Fernández Chacón, pero lo ha dado a entender, quiere respeto a todo el abanico del ideario político y ofrece respeto a las ideologías de los comunicadores.

Es necesario hacer un alto en el camino, en la imparable escalada de declaraciones y contradeclaraciones, afinidades y fobias, simpatías y antipatías, con el fin de recordar que aquí, en esta empresa de la comunicación, todos tenemos nuestro papel.

Fernández Chacón ha reconocido el trabajo de los comunicadores en el curso de una copa de vino español ofrecida en la propia Delegación del Gobierno, al más puro estilo institucional, con Francisco Avanzini, Loreto Tárrago, Narciso Serrano y Jesús Gómez Alvado, como testigos de lujo y excelentes anfitriones.

Este delegado del Gobierno tiene una virtud innegable, sabe responder a la oferta de comunicación y complicidad informativa.

Es agradable y se despoja de la púrpura del mando cuando estima que las condiciones ambientales así lo requieren. Eso ocurrió el martes a mediodía en la Delegación del Gobierno.

Hartos están -estamos- los periodistas de engominados del tres al cuarto que por no saber hablar no hablan y adoptan actitudes versallescas carentes de fondo y sentido, sólo por aparentar lo que no se tiene. De esos hay muchos.

No es el caso de Pepe Fernández Chacón, que reconoce la labor del periodista y ofrece lo mejor de su personalidad -ibéricos aparte, quede claro- para atender a gentes que están gratamente condenados a 'soportarlo'.

Y lo mejor de su personalidad es la franqueza, la cercanía, la amistad; vaya, que no parece un político sino el amigo de la calle de al lado. Felicidades gubernativas para todo quisqui.