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El Flagelado cumple sus objetivos sociales con la verbena en torno a la Cruz de Mayo

Juan Miguel Martín Aranda anuncia su jubilación como hermano mayor de la cofradía y hermandad

Publicada en MeliYa el 8 de mayo de 2006

Salvador Ramírez

Como estaba previsto, noche de armonía, fiesta y solidaridad en la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación y Nuestra Señora del Mayor Dolor. Tardaron en arrancar los hermanos pero, al final, todo perfecto y el fin solidario de atender a la obra social de la hermandad y enriquecer su patrimonio, cumplido. Sin estridencias, pero cumplido.

La buena gente cristiana de Batería Jota concitó el interés de los vecinos -muchos jóvenes, bendita juventud- que se dieron cita en el coqueto y artístico local de la Hermandad que dirige Juan Miguel Martín Aranda.

Podríamos decir que casi dirigía porque, en mes y medio poco más o menos, quiere ceder los trastos rectores a Juan Antonio Ramos, hombre fundamental en la Semana Santa y en la Agrupación de Cofradías que ya se prepara para el grande reto de ser hermano mayor del Flagelado.

Ambiente estupendo de verbena de barrio, de reunión de vecinos unidos en amistad y en torno a la cruz, preciosa, que ha obtenido el tercer premio en la modalidad de asociaciones socio-culturales. Entre palmas verdes, emerge el rojo de pasión y sangre, símbolo del cristianismo, para ambientar un rincón tan acogedor como solidario.

Allá estaban los buenos amigos del Flagelado. La empresa Élite que ha pasado y pasa las suyas por mor de un intrusismo rabioso pero que se mantiene a pie de cañón y se permite el gesto humanitario de la colaboración. Allá estaban Jesús y sus incondicionales.

Y Sergio, el dueño de Melilla Musical, en la vanguardia de la técnica, rey de los amplificadores, jovial y comprometido. También estaba de verbena y sorteando una artística guitarra española mientras degustaba unas cervezas con sus correspondientes bollitos cofrades.

Fenomenal el trabajo en los fogones de un icono de la Cofradía: José Miguel Pomares, hombre cristiano y mariano que no duda en enfundarse un mandil de fondo amarillo y lunares negros. Estaba hecho un faraón y demostró de su arte culinario.

Sus mejillones al pil pil, un auténtico lujo aunque mucho más lujosa es su amistad, su entrega a fines de hermandad. No descansó porque los valientes jamás descansan y, además, sacan pecho, como Dios manda.

Hermosa y privameral la noche y la causa que unió a la buena gente. Luego acudieron el coro rociero de Nuestra Señora del Rocío y los transformistas Pascualín y Mandrágora. Poco más se puede pedir en nombre de la solidaridad bien entendida.