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El Gobierno central se ajusta a la ley y a los procedimientos para garantizar la seguridad en la Ensenada de los Galápagos
Historia de un proceso que finaliza con la recuperación de un rincón histórico convertido en zona de ocio y disfrute
Publicada en MeliYa el 12 de julio de 2006
Salvador Ramírez/Infografía: Pedro Sánchez Páez
La Delegación del Gobierno no quiere hacer política del 'culebrón' de la Ensenada de los Galápagos y, además, según lo cuenta su titular, José Fernández Chacón es tan fácil como lógico: Medio Ambiente -el Ministerio- regenera la cala para uso y disfrute de los melillenses, los técnicos advierten desprendimientos de cascotes, se inician obras de equilibrado y estabilización del cantil, la Ciudad Autónoma entra el polémica, las obras se terminan y la playa -corregidos los defectos- se entrega a Melilla.
¿Cómo va a certificar el delegado del Gobierno, José Fernández Chacón,la ausencia total de riesgo de desprendimiento de cascotes?. Lo pide el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, y advierte que no equipará Galápagos hasta que Chacón no le mande un escrito-garantía- y responde Fernández Chacón: “el delegado del Gobierno no es notario”.
Hay más. La Delegación del Gobierno no ha actuado de oficio ni a efecto personal de su titular en todo este embrollo. El proceso tiene su secuencia: hace 13 meses el Ministerio de Medio Ambiente opta por regenerar de arena la cala de Galápagos, en el curso de los trabajos los técnicos advierten la caída de cascotes procedentes de ambos cantiles -izquierda y derecha según se entra por los bajos del puente de Santiago- y se decide emprender unas obras de estabilización que acaban justo el martes, 11 de julio de 2006.
Pero no se decide por gusto. El Ministerio de Medio Ambiente, sabedor del desprendimiento de restos sólidos y de la antigüedad del espacio natural, encarga un estudio geotécnico a una empresa especializada. Resultado: hay que actuar sobre el cantil y corregirlo para evitar riesgos.
Entre las intervenciones llevadas a cabo por el Ministerio que dirige Cristina Narbona destaca la eliminación de una oquedad -semejante a una cueva al borde de la línea de mar-, una grieta de enormes proporciones, piedras semi-desprendidas y vegetación colindante, todo ello en la base de los baluartes que soportan la carga de la Batería Real, entre otras edificaciones.
¿Qué ocurre en el ínterin?. La Delegación del Gobierno conoce, por sus fuentes de información, que la Ciudad Autónoma, ejecutados unos trabajos de instalación de mobiliario urbano y adecuación de la zona, piensa inaugurar al baño la Ensenada. Los cascotes siguen cayendo sobre la franja de arena y aledaños.
Gavilán miente Una tercera persona contacta con Ramón Gavilán, consejero de Medio Ambiente y le advierte que no es recomendable abrir la Ensenada cuando se está realizando la obra de regeneración de la línea de arena e incluso no se dispone de los análisis higiénico sanitarios preceptivos, por aquel entonces, competencia de la Administración Central.
Gavilán “mintiendo” -palabras textuales de Chacón- dice que no se preocupe la Delegación del Gobierno, que no se va a abrir al baño.
Pero no ocurre así. El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, inaugura el acceso a Galápagos y aquí paz y el el cielo gloria...y en la tierra, nuevo cierre del rincón veraniego del barrio del Mantelete, continuación de la calle de Jardines.
Sembrado de críticas y contra-críticas, réplicas y contra-réplicas, la historia termina el 11 de julio de 2006 cuando “Medio Ambiente termina su obra de estabilización de los cantiles y las recibe; nos hemos limitado a desarrollar un proceso administrativo normal y ajustado a ley y nada más, siempre pensando en la seguridad de los usuarios de la Ensenada de los Galápagos”, manifiesta José Fernández Chacón a MeliYa.com, hastiado de tanta polémica.
Pero en la polémica advierte contradicciones: “me sorprende que el presidente de la Ciudad Autónoma me pida un certificado por escrito -que no puedo dar- de garantías y que el viceconsejero de Medio Ambiente celebre la reapertura de la Ensenada. Es curioso”.
La Administración Central del Estado, representada en Melilla por la Delegación del Gobierno, no ha hecho sino “cumplir con su obligación” y, en su deseo de habilitar cuantas más playas posibles a los ciudadanos, en 48 horas abrirá la aledaña a Galápagos, la de la Alcanzaba, una hermosa cala de estrecha longitud, alto declive y hermosas vistas, demarcación en la que “como en Galápagos, nos hemos limitado a cumplir con la ley y los procedimientos”.
Una salvedad: cuando Juan José Imbroda habla de riesgos de desprendimientos ha de tener en cuenta un detalle: “el Ministerio de Medio Ambiente ha ejecutado unas obras para evitar riesgo de desprendimientos en los espacios naturales, es decir, en los cantiles. Las edificaciones -torreones, baluartes- son competencia de la Ciudad Autónoma”, aclara Chacón.
En cualquier caso, Medio Ambiente va a comunicar al organismo autonómico la finalización de las obras de estabilización del cantil en las próximas jornadas. A partir de ese momento, “las playas son espacios públicos y la Ciudad Autónoma puede hacer lo que desee, equiparlas o no, eso no es competencia de la Administración Central”, sentencia el delegado del Gobierno.