Reportaje
Gaselec rinde tributo al Arma de la épica, la leyenda y la gloria, la Caballería de Alcántara
Un paseo por la historia del Regimiento cargada de plasticidad, gestas y emociones
Publicada en MeliYa el 4 de febrero de 2006
La Caballería, no la 'andante', adjudicable a don Alonso Quijano y a su fiel mas desconfiado Sancho, la Caballería de guerra ha escrito no pocas y épicas leyendas e historias contrastadas a lo largo de los siglos. Como arma bélica ha llegado a ser tan letal como heroica, tan devastadora como devastada, según los vericuetos del conflicto en cuestión.
Fue un griego tebano, Epaminonda, quien comenzó a encontrar la eficacia de los ataques grupales a caballos. Acabó con Esparta con una serie de cargas de la línea oblicua, esto es, esperar y golpear rodeando al enemigo hasta quebrar sus retaguardias mientras los infantes dirimen el cuerpo a cuerpo.
Filipo II de Mesopotamia aprendería bien el método. A regreso de su cárcel de cristal tebana, cuando su patria y raza estaban llamados a conquistar el mundo conocido bajo la dirección de su hijo inmortal, Alejandro Magno, ideó la 'punta'. Innumerables escuadrones de hombres a caballo, al grito de 'aialai', a velocidad insospechada, quebraban cualquier defensa por férrea que fuere.
Alejandro Magno Alejandro mandó la 'punta' a las órdenes de su padre Filipo II, pero seguiría dirigiéndola con la misma fiereza cuando, desde el reinado de Mesopotamia y Grecia, conquistó Oriente y escuchaba con interés las hermosas historias que le llegaban de una tierra anhelada, Roma.
A Roma le dio no pocos dolores de cabeza Aníbal, sobre todo cuando corriendo la II Guerra Púnica, avasalló a seis legiones del emperador, 80.000 hombres, gracias a una maniobra envolvente en la que su Caballería -con los cánones heredados de los griegos- se puso a las puertas de Roma. Menos de la mitad de hunos (sólo 35.000 incluyendo a los aliados del bárbaro) acabaron con la prestancia de generales y tribunos.
La Edad Media, con una Caballería más ligada a los linajes y los títulos nobiliarios, promocionó la relación de vasallaje, “auxilium per consilium”. Aún así, a pesar del clasismo, los sucesores de los antiguos 'equites' griegos y los 'hippeis' mesopotamios llevaron a gala las virtudes del Arma: velocidad, explotación del éxito, sacrificio, todo lo cual sabemos gracias al testimonio del joven y docto historiador melillense, R. Berenguer.
Churchill Winston Spencer Churchill se refirió, en los años de la I Guerra Mundial, 'La Gran Guerra' a “esos monstruos acorazados”, según recoge su nieto del mismo nombre en su obra “No nos rendiremos jamás”. Acaso los temores del héroe de Normandía no eran infundados: los carros de combate estaban a punto de acabar con los míticos centauros.
Pero quedaban dos bellísimas historias de la Caballería del siglo XX por escribir. Una ocurrió en 1939, cuando la caballería polaca embistió desesperada pero heoricamente contra las ordas nazis en vano intento por salvar su patria.
La que nos interesa sucedió a 137 kilómetros de Melilla, en la demarcación de Annual. Julio de 1921. Se pierde la posición cuando Alhucemas -el regalo que quería hacerle el general Fernández Silvestre a su amigo Alfonso XIII- estaba a tiro de piedra.
Melilla En las operaciones de repliegue de la Comandancia General de Melilla era necesaria una 'punta', una 'línea oblicua' pero no para vencer gloriosamente, sino para morir con no menor gloria. El Regimiento de Caballería Alcántara, con su teniente coronel, Fernando Primo de Rivera, al frente cubrió la retirada de España.
No fue gratuito. Dicen las crónicas que fueron hasta siete las cargas lanzadas por Alcántara, las dos últimas, exhaustos jinetes y equinos, al paso. No eran cargas eran paseos a la más gloriosa de las muertes. La inmensa mayoría de los 650 hombres de a caballo, conociendo con certeza su trágico destino, se inmolaron y permitieron a la columna española tomar aire hasta su infausto final en Monte Arruit.
La Fundación Gaselec y la Comandancia General de Melilla ponen gran parte de lo comentado en estas reflexiones a disposición de los melillenses a través de una muestra dedicada al histórico regimiento de Caballería en el 350 aniversario de su creación, allá por los tiempos de Flandes.
Contenidos Litografías de Joseph Cusachs, como saludo al visitante, abren camino a un paraíso de gestas y leyendas con la Caballería como telón de fondo. Armas, uniformes, historias, fotografías y, sobre todo, emociones, hacen que a la exposición de Gaselec no le venga grande el calificativo de sublime.
Al margen de su valor histórico, la plástica, propiciada por las dos instituciones organizadoras, impacta de manera que cualquiera queda fielmente interesado el saber el porqué, el cuándo y el dónde.
Conocer en profundidad la historia de Alcántara, hoy 10, antes 14, es conocer mucho más la historia de la ciudad que le sirve de sede y acercarse a personajes determinantes que supieron escribir con hidalguía y patriotismo la página que le tenía reservada el libro de la Historia.