Reportaje
Pasión y emociones de calidad sobre los mejores platos del Día de los Enamorados
Brabo elabora un surtido de creaciones culinarias dignas de San Valentín y Cupido
Publicada en MeliYa el 11 de febrero de 2006
Amor es un concepto tan ambicioso que puede resultar exhaustivo encontrar los vericuetos que sigue la famosa flecha de Cupido. Todo puede valer: la joya, las flores, un viaje al Caribe, ropa interior picante ¿y por qué no un verdadero homenaje gastronómico de calidad?.
Ese almuerzo, o cena, cargado de complicidades, al dictado de los mejores fogones y al amparo de las delicadezas propias de la buena comida, puede hacer milagros. ¿Amor?, quizá. Placer, seguro.
A estas alturas, en Melilla nadie va a descubrir la gastronomía de Brabo. Gretta y Driss son unos excelentes gastrónomos que, por raíces, combinan a la perfección la frescura de la cocina mediterránea con el clasicismo y mejor factura de las normas centroeuropeas.
Hace ya décadas revolucionaron el panorama hostelero melillense estableciéndose en la vía principal de Zeluán, provocando la aquiescente peregrinación de familias melillenses deslumbradas por esa charme y buen gusto gastronómico del apreciado matrimonio.
Con los años se fijarían en la carretera de Farhana para instalarse en una de sus transversales y crear un santuario de la buena mesa. Y allá sigue, poniendo la nota diferencial en la elaboración de unos platos distintos pero con un denominador común: calidad, elegancia y placer.
Brabo, como otros muchos establecimientos no le quita el ojo a San Valentín, Cupido y toda la cabalgata amorosa del 14 de febrero. Gretta y Driss han elaborado un menú especial y han querido compartirlo con compañeros de paladar de primera división. Ángel Melénedez, Mustafa Hamed, Laura, María José, Dani, en fin, melillenses que saben valorar sobradamente los encantos de una oferta de calidad.
El matrimonio de artistas de los fogones nos propone, para enardecer amores o simplemente para mayor disfrute de las papilas gustativas, un programa de acontecimientos que pasamos a comentar sin mayor dilación.
¿Qué mejor que unos aperitivos San Valentín para empezar?. Unas tostas caseras en forma de corazón con su magia encima que abre los fuegos a una creación de la casa: el nido de filete de lenguado sobre crema de puerros. O sea, pescado fresco, frutos de la tierra y un huelvo escalfado envolvente, caloría y emociones.
El alarde de calidad y decoración del plato viene de la mano de los langostinos flotantes, una brocheta sólo para enamorados con los mejores y renombrados productos de la Mar Chica y tomatitos enanos.
Brabo nos propone cerrar el triunvirato de joyas culinarias con un medallón de solomillo de ternera -probablemente lechal- acompañado de verduritas y pareja de salsas, cremas de contraste y sublimación del paladar.
La despedida viene de la mano de una bomba sensual: rojo y blanco, una auténtica explosión de sabores a base de nata, chocolate y fresa o frambuesa, como remate a una faena gastronómica digna de la puerta grande de Las Ventas.
Luego Gretta y Driss pone su aporte personal e indiscutible: la charla, la hospitalidad, ese café artesano, algún licor y amistad. Habrá melillenses que se enamoren, motivos tienen con el menú San Valentín, pero la sola degustación de la parrilla de manjares propuesto por Brabo merece la pena. Hombre, si hay amor, huelgan comentarios.