Entrevista

José Luis Muñoz, el hombre a quien la Justicia española no le permite contraer matrimonio

"Mi único delito es querer reconocer los derechos civiles de mi mujer"

Publicada en MeliYa el 1 de febrero de 2006

Salvador Ramírez

Esta es la historia de un hombre que no se puede casar con la mujer que ama porque la Justicia española no se lo permite. Dos sentencias en contra de sus intereses, y de los de su pareja, imposibilitan a José Luis Muñoz Santana contraer matrimonio con Fatima Jellal, pese a que llevan cuatro años conviviendo como pareja, compartiendo techo y cama, intereses y recursos económicos.

Hay un problema para la Justicia: él es español y ella marroquí. Le suponen un matrimonio 'de conveniencias' pero nada más lejos de la realidad. José Luis tiene bienes raíces, propiedades, es jubilado activo, es decir, de los que renuncian -hay pocos- a cobrar pensión de la Seguridad Social para seguir trabajando y ganándose cómodamente la vida...y seguir cotizando.

Y así ocurre porque José vino a Melilla hace siete años con su oficio de 'ferralla' (ferrallista) de lujo a cuestas, procedente de Málaga, y, desde entonces, no ha parado de trabajar y vive la vida holgadamente: “no debo nada a nadie, no tengo causas pendientes con nadie, quiero a Fati, vivo con ella desde hace cuatro años y me quiero casar con ella pero la juez cree que me caso por interés y no me deja contraer matrimonio”.

Desde que vive con José, Fatima es un ama de casa ejemplar. Es mucho más joven que su marido imposible pero forman una pareja conocida y celebrada, pocas pueden presumir de llevarse tan bien. A Fatima le deslumbró la vitalidad de su pareja, su sentido del humor, sus ganas de vivir y su generosidad.

Esposa No es su esposa -la Justicia no quiere- pero se siente como tal y adora a su compañero. Todo empezó con encuentros casuales en el mesón donde Fati trabajaba, hasta que decidieron irse a vivir juntos. De eso hace más de tres años y desde entonces, “de facto”, no de derecho, son marido y mujer.

José -Pepe 'El torero', para los amigos- sólo quiere casarse, convivir legalmente con Fatima y, de paso y mucho más importante que lo anterior “reconocer unos derechos que mi mujer tiene adquiridos por vivir conmigo, derechos que la Justicia debería conocer mejor que yo, ¿qué pasa, que por ser marroquí y mujer no tiene los derechos de todo el mundo?, ¿quién es racista en todo este embrollo?”.

Aún así, la Dirección General de los Registros y el Notariado, le dice a José Luis que confirma el auto de la Juez del registro en Melilla, fecha 1 de febrero de 2005, y niega la autorización para contraer matrimonio, entre otras cosas, porque “nos encontrábamos en uno de aquellos supuestos constitutivos de fraude de ley, apreciando en las declaraciones de los contrayentes que, a pesar de llevar 3 años juntos, no se conocen entre sí”.

Papeles “O sea, que yo no conozco a mi mujer después de todo este tiempo juntos y me lo tiene que decir una juez y la Dirección General de los Registros”. La resolución citada incluso sugiere que, a través del frustrado matrimonio la intención es “obtener los papeles”, es más, “aprovecharse de la apariencia matrimonial para obtener las ventajas que del matrimonio resultan para el extranjero”.

Estrella Fernández Amigo, la jefa del Área correspondiente de la Dirección General de Registros, no duda en firmar la resolución que concluye con el siguiente aserto: “el matrimonio pretendido no se ajusta a los fines que le son propios”.

A tenor de lo anterior, José Luis no ha terminado su lucha: “iré al Supremo, al Constitucional, a Estrasburgo o al Defensor del Pueblo, pero yo me caso con mi mujer y precisamente por ella porque para mí sería muy fácil seguir viviendo con Fati y despreocuparme de papeles. Quiero que tenga todos los derechos de pareja y la Justicia me dice que no”.

Aflora el sentido del humor no exento de hartazgo en la persona del perjudicado: “quizá me haya equivocado de pareja porque si quisiera casarme con un tío, no tendría el menor problema, es que ya no se llevan los matrimonios heterosexuales”.