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La Ciudad Autónoma invierte medio millón de euros y recupera para los melillenses la Plaza de Armas

La que se conoce como 'primera Melilla' se ha convertido en una zona de ocio, disfrute y admiración de la Historia

Publicada en MeliYa el 25 de enero de 2006

Salvador Ramírez

La Ciudad Autónoma ha conseguido restablecer la normalidad en Plaza de Armas tras un largo periodo de cierre al público motivado tanto por la ejecución de excavaciones arqueológicas como por la obra de recuperación del recinto, superior al medio millón de euros con cargo al 1 por ciento de Bienes Culturales y a la propia Ciudad Autónoma.

Juan José Imbroda, acompañado por miembros de su equipo de Gobierno, ha conocido de primera mano el estado final del proyecto que respeta las estructuras básicas de la propia plaza, crea una amplia zona de paseo en pleno recinto histórico y da una opción a los melillenses para su visita y disfrute.

La obra pone punto y final al adecentamiento que, comenzando por la plaza de los Aljibes y siguiendo por Santa Ana y la Puerta de Santiago, ha comunicado los dos primeros recintos históricos de una forma brillante gracias a años de trabajos de recuperación.

Sólo queda la recuperación y adaptación del Foso del Hornabeque para que los accesos a Melilla la Vieja queden expeditos y en un estado de presentación del que, como ha señalado el presidente autonómico, “pocas zonas de España pueden presumir”.

Ha sido una obra larga, lo propio de los proyectos de arquitectura histórica, continuamente sometida a los cambios ordenados por su dirección técnica. Tras algo más de un año, Melilla ve el final de una “obra de tronío”,en palabras de Imbroda, de manera que la Plaza de Armas queda como estaba el época medieval.

La Plaza de Armas bien podría denominarse como “la primera Melilla”. En su subsuelo, que gracias al proyecto terminado, puede seguir siendo objeto de ulteriores excavaciones arqueológicas, se han encontrado restos, sobre todo cerámica, de las civilizaciones fenicia y romana.

El mercado de la Alafía permite afirmar que Melilla vivió el medievo con intensidad, con incorporación de las poblaciones omeya, almorávide, almohade y nazarí.

Resulta evidente que Estopiñán aprovechó esta gran plaza para instrumentar la defensa de la ciudad y cubrir las agresiones procedentes de la zona de Marina y Hornabeque y el período que resta hasta nuestros días demuestra la importancia de la Plaza de Armas.

Desde ya, se ha concertido en una zona de ocio, disfrute e historia. “Los melillenses tenemos que estar orgullosos de nuestra historia -culmina Imbroda- por eso les invito a que contemplen este espacio recuperado”.