Local · Semana Santa
Melilla entona la canción del respeto y amor a Dios el día de la muerte de Jesucristo
Un nuevo incumplimiento de horarios condena a la Soledad a tres cuartos de hora de retraso
Publicada en MeliYa el 15 de abril de 2006
Salvador Ramírez/Salva Berenguer
(duración aproximada 11 minutos y medio)
Video del Santo Entierro Video de La Piedad
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“Eloi, Eloi, ¿lama sabactani”. Fueron unas de las últimas expresiones de Jesucristo en la Cruz ante de expirar. “Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado?”.¿Qué quiso decir Jesús?, ¿acaso le echaba algo en cara al Padre?, porque parece una petición de explicaciones...
El doctor James Thomson, estudioso de las últimas horas del Nazareno, como si oficiara de forense del Hijo de Dios señala que Jesús “no murió por agotamiento, ni por los golpes, no por las tres horas de crucifixión sino por agonía de la mente que le produjo el estallido del corazón”. Hay que creer al erudito, la denuncia por abandono no es sino la parte humana desecha de la mente de Jesús, que se va a no se sabe dónde, mezclada con un corazón que se ha parado. Habla el poco hombre que quedaba en Jesús.
Tanto va el cántaro a la fuente que acaba en mil pedazos. La Soledad se vio ayer condenada a ¡tres cuartos de hora! de espera antes de evolucionar por la Avenida. Hay cofrades y hermanos mayores para quienes el horario establecido por la Agrupación de Cofradías no deja de ser una anécdota y a quienes un bledo importa cargar de acumuladas demoras al pobre que venga detrás.
Quico Calderón tuvo que ordenar, bien pasada la medianoche, a la Cruz de Guía que procesionara el añadido de la travesía peatonal de Severo Ochoa para hacer tiempo y para que nazarenos, hombres de trono y medio millar de fieles devotos entregados a la Virgen del Sagrado Corazón no quedaran entumecidos.
Es la primera vez -y van años- que el cronista asiste a este inaceptable espectáculo de descortesía cofrade. La queja de la Cofradía de la Soledad constará por escrito en el acta de la Fiscalía de la Agrupación y estaremos muy atentos a sus efectos. Lo dicho: inadmisible.
Y eso que empezaba bien la noche. La Piedad, perfectamente presentada por las gentes del Humillado, salió a hora con buena formación de nazarenos y la entregada labor de la Banda de Cornetas y Tambores de Minas del Rif.
Igual de puntual salía el Santo Entierro. Brillantísima la puesta en escena del Nazareno: Gala de la Policía Local, hileras, Escolta de Honor del Cuerpo Nacional de Policía -desfilando muy bien, y eso que no van a Rostrogordo- el cristo del Socorro sobre hombros femeninos y respetuosos con escolta legionaria, la Banda de Música y el Santo Entierro, formidable, con escolta de aquellos '40 Hombres de Mar, penitentes y Vicente Díaz de Villegas Herrerías al frente de la representación oficial, con su Estado Mayor, la Corporación con el presidente de Melilla, Juan José Imbroda entre maceras de la Ciudad Autónoma, flanqueado por dos parlamentarios, Antonio Gutiérrez Molina y Carlos benet, equipo de Gobierno, dos concejales de la oposición socialista, Celia Sarompas y José Luis Estrada, ninguno de Colación por Melilla (¿es lógico?) y Francisca Coll representando a la Administración General del Estado.
Luego, los regimientos con sus jefes y sus guiones y estandartes, y las representaciones institucional de la Jefatura Superior de Policía, con Florentino Villabona en presidencia, la Policía Local y el Instituto Armado abriendo paso a la Virgen de los Dolores, preciosa, con escolta de Guardia Civil. Cerrando, escuadra de gastadores de gala de Artillería y Banda de Música de la Comandancia General.
Juan nos cuenta que cuando la lanza romana atravesó el costado de Cristo brotó un chorro de sangre y agua, extremo que corrobora lo del 'estallido del corazón', tesis que también avala el fisiólogo Samuel Houghton.
Jesús de Nazaret, con estallido, mente muerta y todos los sufrimientos anteriores tuvo una muerte terrible. Hasta tuvo la soportar la inconveniencia de uno de los criminales que, también crucificados, le flanqueaban: “si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. La realidad es que Jesús, Hijo de Dios, casi a punto de dejar de ser humano, se mantuvo en su agonía y vergüenza, no por impotencia sino por amor a la Humanidad.
El problema del caos de puntualidad se debe a un incontenible deseo de las cofradías -sálvese quien puede- de eternizar su paso por la Avenida del Rey. Claro, pueden decir que para una vez que procesionan, aprovechan la ocasión. Ya, pero eso es desconsiderar al hermano cofrade de otra institución.
Ya se ha dicho: con justa pero controlada indignación, los hombres de la Soledad entraron -insólito- a la Avenida por Sidi Abdelkader, no por Comandante Benítez. El Rosario, a dos bandas entre Manuel Jiménez y Pepe Guerrero fue un bálsamo para la conciencia de más de uno que estaba siendo tentado para poner el grito en el cielo.
Pero la Señora y sus gentes son mucho más que un contratiempo, son la expresión de la fe cristiana más respetuosa de Melilla y, así, entre silencios, retrasos y devoción, su recorrido oficial fue todo un poema de amor a una Madre, serena, adusta y quebrada, que llora por la muerte de Jesús. Oscuridad reverente sólo quebrada por el ¿descuido? de una institución financiera que, a base de fluorescentes, anunciaba impensables tipos de interés.
Jesucristo escribió en la Cruz la última pero más grande lección de generosidad. El hombre, tras preguntarse por aquel desconcertante abandono del Padre, dice “en Tus manos encomiendo mi Espíritu”. El tránsito se ha producido, ahora es el Hijo quien, como todos los hijos, acude a la llamada del Padre tras haber creado, con su muerte, la más grande familia del orbe, la familia de los cristianos.