Reportaje

¡Vivan las bandas!...de Cornetas y Tambores de Melilla

Cautivo, Minas y Flagelado, tres agrupaciones de postín

Publicada en MeliYa el 25 de abril de 2006

S. Ramírez Vélez /FJ Calderón Gallardo

Eso, ¡que vivan las bandas de cornetas y tambores de Melilla!, esas que se han dejado la piel para dar realce a la Semana Santa poniendo voluntad y arte en cuantas salidas procesionales han requerido de su colaboración.

Terminado el serial cristiano, las cofradías se reforzaron su buen entendimiento con una Misa de acción de gracias en la Medalla Milagrosa y, como viene siendo norma -buena norma, por cierto- Juan José Imbroda invitó a una copa de vino.

El presidente de la Ciudad Autónoma quiere agradecer lo bien hecho. Sabe que, convenio de colaboración aparte, el esfuerzo de las mujeres y hombres de cofradía es tremendo. Sabe, igualmente Juan José que en manos de cinco cofradías y la Agrupación está la conservación y el florecimiento de una de las señas de identidad de Melilla: la Semana Santa.

Y, así las cosas, tras la Eucaristía, la gran familia de la primavera cristiana melillense se dispuso a confraternizar en el curso de una velada, allá por los salones del V Pino. Y esa fiesta no se la quisieron perder tres bandas de música, las tres que se enseñorean por las calles de la vieja Rusadir.

Las gentes del Cautivo y su Madre Rocío, los entusiastas chavales de Minas del Rif y la debutante -pero qué poderío y qué estampa- de Nuestro Señor de la Flagelación, todos ellos decidieron convertirse en protagonistas de la simpática velada.

Irrumpieron en el complejo discotequero a lo grande, desfilando, sacando pecho y gustando a la concurrencia -mucho político, mucho hermano mayor, mucha amistad- con sendos recitales para luego, absolutamente hermanados interpretar diferentes marchas procesionales al alimón y con el remate esperado por todos y respetuosamente atendido por todos: el Himno Nacional.

Hubo mucha cortesía en el V Pino. Así, cada banda de cornetas y tambores recibió una placa de agradecimiento de la Ciudad Autónoma de Melilla, porque se las han ganado a pulso, como los valientes. Cada cofradía -y la Ciudad Autónoma- recibió un capuchino de cerámica arcillosa sobre pedestal elaborados por los internos del Centro Penitenciario de la ciudad.

Y hablaron quienes tenían que hablar. Manuel Jiménez, arcipreste de la Vicaría Episcopal, director espiritual de la Cofradía de la Soledad y el Cristo de la Paz, y hombre de cristiandad popular y cercana, animó a todos a seguir en el empeño de engrandecer la conmemoración en Melilla de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret.

El presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa, Gregorio Castillo Galiano, no dudó en señalar que Melilla ha vivido la mejor edición cofrade de cuantas él recuerda en la ciudad, agradeció el aliento que recibe en el principal edificio de la Plaza de España y se propuso como meta seguir mejorando no sólo en la primavera de Cristo sino a lo largo de todo el año en el curso de la incansable labor social que llevan a cabo las instituciones cofrades.

Y Juan José Imbroda, gratamente impresionado por el trabajo de las agrupaciones musicales, agradeció el trabajo de este gran y artístico puñado de melillenses, sin distinción de edad, sexo, condición o confesión religiosa, y les anunció que estudia la posibilidad de incorporar las bandas a otros acontecimientos festivos de la ciudad.

Broche de oro, brillantes y amatistas a la Semana Santa 2006 y un movimiento que toma cuerpo y espíritu: la incorporación de los jóvenes melillenses a las bandas de cornetas y tambores de la ciudad para su mayor solera y fuste.