Reportaje

Cuando un buen trabajo emociona al presidente de Melilla

Juan José Imbroda se solidariza con los niños diabéticos de Melilla

Publicada en MeliYa el 5 de mayo de 2006

Salvador Ramírez

La diabetes es una complicada y variada enfermedad, nadie lo duda, pero hay estrategias para su control, tratamiento y dominio. Sí, dominio. A la enfermedad se la puede dominar, es cuestión e paciencia y también de ciencia y el segundo de ambos conceptos entra mejor en los más tiernos años.

El diabético niño, joven, es mejor enfermo -siempre que aprenda- que el adulto, hasta el punto óptimo de que su convivencia con la enfermedad alcanza unos parámetros de normalidad a través de los cuales pueden apreciarse muy pocas diferencias entre la vida de un niño sano y otro menos sano -no menos vital- por culparde la diabetes.

Enseñar a los pequeños. Esa es la incansable tarea de la Asociación de Diabéticos de Melilla (ADIMEL) que preside Joaquín Rosa, justo la misma que, en decisión plena de justicia y sinceridad, ha reconocido el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda: “Joaquín, el trabajo que hacéis no tiene precio, gracias en nombre de Melilla”.

No es para menos. Lo que Imbroda ha visto en ADIMEL es una sesión normal y semanal que la institución organiza para enseñar a los pequeños diabéticos melillenses a vivir con la enfermedad con la mejor calidad posible. Conocen su dolencia y le sacan la mayor rentabilidad del mundo.

Joshua es un chavalote de cuatro años, vitalidad desbordada, diabético y de inconmensurables vocaciones deportivas. Quiere ser “parador”, o sea, portero, pero le da igual parecerse a Víctor Valdés o a Iker Casillas (más éste que el blaugrana). Un día, jugando, se cayó fulminado. ¿Qué le pasa a Joshua?.

Es diabético. Bueno ¿y qué?. La disciplinada vida del pequeño junto a los desvelos de sus padres han hecho posible el milagro: el aprendiz de portero hace la misma vida que cualquier otro niño.

“Te juro que sufro, lo vuestro es de mérito”. Son palabras de Juan José Imbroda a Joaquín Rosa, después de haber hablado con Ahmed. En él las consecuencias de la enfermedad son menos esperanzadoras. Está casi ciego, pierde audición pero lucha como un titán. Nunca falta a las sesiones de ADIMEL.

Le ha dicho al presidente de la Ciudad Autónoma que un hermano padece la misma dolencia. Imbroda quiere hacerle algún regalo, cualquier juguete o juego que mitigue sus padecimientos, pero Ahmed cree que no es necesario. Está feliz con su madre, Fadma, que no le pierde de vista en su improvisada charla con el mandatario autonómico. Sabe que su deber es luchar.

'Luchar contra la diabetes'. No es una expresión que agrade al doctor Francisco Robles Ferrón, sí, el viceconsejero de Deportes y conferenciante de ADIMEL. Paco dice que la diabetes es “vuestra compañera”. El entrañable galeno, especialista en Medicina Preventiva, no tiene dudas: “tenéis que conocer la enfermedad y así podéis vivir mejor pero, a todos los efectos, no olvidéis que el cuerpo humano es un equilibrio”.

Robles quiere decir -lo dijo- que el diabético puede vivir normalmente si respeta ese equilibrio específico de la diabetes: deporte, alimentación, costumbres, todo tiene que desfilar al ritmo de la enfermedad y, por otra parte, hay que hacer desfilar a la enfermedad al ritmo del cuerpo del enfermo. Difícil pero fácil.

Ha sido una tarde de aprendizajes y sentimientos. Y de reconocimientos: la Ciudad Autónoma ya sabe muy bien qué se cuece en la sede de ADIMEL, cómo un grupo de 20 niños melillenses álgunas veces más, otras menos- y sus familias trabajan codo a codo con una enfermedad que no oculta horizontes de esperanza. Imbroda a Ahmed: “no te preocupes, la Medicina está avanzando mucho, seguro que te curas”.