Reportaje

El obispo que sigue pasando por la vida sembrando el bien

Ramón Buxarrais regala a Melilla la historia de una vida de apostolado comprometido

Publicada en MeliYa el 15 de mayo de 2006

Salvador Ramírez

Don Ramón Buxarrais Ventura es el obispo que durante 18 años ha presidido la Iglesia de Málaga. Años de especiales características, porque coinciden la recepción del Vaticano II y su progresiva aplicación, lo cual no es fácil, y la transformación política de España con el cambio de régimen de gobierno. Este es el mensaje biográfico preliminar que Francisco Parrilla hace, para la Diócesis de Málaga, de nuestro -de Melilla- obispo emérito.

Ya era de Melilla -sépase que la Diócesis es tan malagueña como melillense- y su firme voluntad de servir al prójimo le trasladarían al lado opuesto, frente a su catedral, del litoral costasoleño. Acá llegó en 1991 y aquí sigue dictando apostolado, como el sacerdote comprometido, que nunca dejó de ser, de quienes más le necesitan: los ancianos y los privados de libertad.

Don Ramón nace en Santa Perpetua de Moguda (Barcelona) el 12 de diciembre de 1929. De pequeño ingresa en el Seminario Conciliar, muy ayudado por su párroco. Es ordenado presbítero el 17 de diciembre de 1955.

Sus primeros destinos son como vicario parroquial de San Pío X, en Barcelona, y como Regente de Llissá de Munt, a partir del año 1957. Dos años más tarde, la inquietud misionera de Monseñor Buxarrais obtiene la autorización del obispo para desplazarse a Chile con un equipo de la OCSHA.

Concretamente a la Archidiócesis de Antofagasta, a la ciudad de Calama, en el desierto chileno. Allí es Vice-Rector y Director Espiritual del Instituto "Obispo Silva Lezaeta" y coadjutor de la Parroquia. También consiliario de la JOC y Capellán de la Cárcel, informa el obispado.

¿Hay curas inconformistas?, claro que sí. Ya señala el actual obispo malagueño y melillense, don Antonio Dorado Soto, que a don Ramón le ha tocado vivir los últimos 30 años de la Iglesia en España y de la propia España. Y en estas décadas ha dado tiempo a ser inconformista.

Todo ello está contenido en el libro -el último- publicado por el obispo emérito: 'Pasó haciendo el bien'. Sigue pasando, no se ha jubilado. Buxarrais echó un pulso a Marbella, cuando nadie se imaginaba que aquel rincón de vida alegre se convertiría en una auténtica camada de indeseables, algunos de cuyos sucesores viven hoy, dos décadas y pico después, a la sombra.

Recuerda aquella lucha de don Ramón contra los poderosos, los frívolos y los especuladores a la entrada e irrupción de Jesús de Nazaret en el templo de Jerusalem, tiene un cierto y claro denominador común.

Y es que la doctrina de Jesús sólo tiene un camino, el que muestran los Evangelios. Y es un camino tan comprometido como las decisiones de este sacerdote de Santa Perpetua de Moguda. Sus 'Cartas a Octavio', publicadas en el Diario Sur, siendo titular del obispado malagueño, son una lección de evangelización actualizada, no exenta de osadía, en la que Buxarrais apuesta por una nueva vida de compromiso cristiano.

A Melilla le ha tocado ser testigo de su nuevo libro y a Melilla han llegado don Antonio Dorado Soto, el fiel escudero de obispos preclaros, don Ángel Márquez, la señora de Márquez. A ellos se unió el vicario episcopal, don Antonio Ramos, y buena parte de la representación seglar del cristianismo local.

Cuando don Ramón fue proclamado obispo de Zamora -que por Castilla también estuvo- dijo lo siguiente: “saber conservar íntegro el depósito de la fe y, al mismo tiempo, dejarla iluminar por circunstancias nuevas es dejarse llevar por el Espíritu”.

Ese es el espíritu de 'Pasó haciendo el bien', es la actualización de la visión de un cristiano íntegro que actualiza su magisterio con el imparable vaivén de una sociedad cambiante, todo desde la perspectiva de impecables décadas al servicio de Dios en calidad de pastor.

Fue en la Gota de Leche, el destino melillense de su elección, cerca de quienes le veneran: ancianos, voluntarios, responsables, hombres de cofradía, amigos y hasta sevillanas rocieras. Don Ramón, en pleno e intenso ejercicio de su sacerdocio nos deja un legado, un libro de instrucciones para ser buenas personas y nos deja, en el mismo volumen, las perlas cultivadas de sus permanente contacto con el mundo de las letras.

Que siga el obispo emérito pasando por la vida -hoy, felizmente en Melilla- y haciendo todo el bien que pueda, que no es poco, por cierto.