Reportaje
'Edone' abre una puerta de cultura creativa a la juventud de Melilla, que idolatra al grupo musical
Josemari, Jordi, Salva, 'Rayo' y Lázaro se ganan la aclamación de cientos de jóvenes en Shamrock
Publicada en InfoMelilla el 31 de marzo de 2007
Edone es un símbolo de esa cultura fresca que toda sociedad, hasta la melillense, necesita. El grupo musical de Melilla que siembra y cosecha el heavy metal está, cada día, a mejor nivel. El género que cultiva Edone puede tener adeptos y críticos pero ellos, los de Edone, se encargan de que los primeros sean legión y los segundos, minoría.
La Cultura, con mayúsculas ahora, necesita renovación. Hasta los amantes del pasodoble, la seguiriya y la marcha castrense tenemos derecho a sorprendernos con una manifestación artística perfectamente ejecutada y tenemos el derecho y el deber de aplaudir lo bien hecho, las sensaciones culturales que llegan al alma y demuestran que en arte y cultura no todo está escrito, que queda mucho magisterio por dictar.
Han vuelto al escenario. Lo han hecho en Shamrock, Puerto Noray, con lleno absoluto. Qué hermosura de puerto, qué alegría de juventud entregada a una magnífica manifestación cultural ejecutada por cinco jóvenes artistas melillenses. ¿Ambiente?.
Alguien puede pensar que eso del heavy es cosa de intransigentes, extravagantes, irreverentes. No, lo que se vio en Shamrock de la mano de Edone fue el pálpito de una juventud melillense más viva que nunca, disfrutando de un trabajo bien hecho. Esa juventud es la que queremos para Melilla y para todo el mundo: buena gente, artistas, joviales, perfeccionistas.
Daban las 23.30 horas de la noche del viernes, 30 de marzo, cuando José Mari pegaba cinco voces para que el resto de colegas pisara el escenario musical. 'Rayo' se cambiaba de indumentaria. Al batería de Edone le gusta tocar en pantalones cortos. Él es así. De manera que se fue a su 'nissan' y se puso las calzonas del concierto.
Fueron 13 temas más un bis reclamado a voces por el entregado público. Había de todo en el graderío. Mucho joven pero también algún talludo. Había occidentales y orientales. Chicas guapísimas y otras menos agraciadas. Mucha cerveza y algún güisqui. El ambiente era impresionante.
Los registros de voz de José María Sánchez -en adelante Josemari- son geniales. Él mismo es un genio, un artista cotizado a nivel nacional. Poca gente lo sabe pero hablamos de un escultor y pintor que interesa en el ambiente cultural del país y que trabaja a destajo para importantísimas instituciones nacionales. No diré más pero, pregunten, quedarán asombrados.
Josemari cantó mucho mejor que en Ferias. Estuvo entregadísimo al público y a sus compañeros de grupo, invirtió en complicidad y, gracias a Copeléctrica, se le oyó muy bien. Cuando quiso, electrizó con sus mejores subidas. Josemari, como el vino de Rueda, gana con el tiempo.
Jordi Villegas es una de las mejores personas que conocemos. Tras su apariencia de bestia parda, hay un hermoso ser humano que quiere y se hace querer. Toca el bajo en Edone. Acaso sea el instrumento menos agradecido porque la gente ve al batería, al solista o al cantante pero pocos reparan en el hilo conductor de un tema, a ese telón de fondo que hace posible la magia de la melodía. Jordi ha entrado con mucha fuerza en el grupo, marca los tiempos y deslumbra con su puesta en escena... y, además, es un ser genial, todo un señor.
Salva R. Berenguer, rítmica, y, de vez en cuando gracias a la generosidad de Lázaro, solista. Está creciendo de forma brutal. Es mi hijo, reconozco que no soy excesivamente objetivo. Salva me rompió, con pocos años a sus espaldas, un laud sevillano y un timple canario. Digo yo que le llamó tanto la atención el romper ambos instrumentos tuneros, que le dio por las cuerdas.
Salva toca muy bien la guitarra, tiene instinto, improvisa como le da la gana y se somete a una disciplina musical, la que le marca Edone, como el mejor metopa de Caballería. Tiene un gran maestro y amigo: Lázaro. Su maestro le va dando cancha y él, Salva, sabe aprovecharla. Buen tipo, este hijo mío.
José Ángel González, 'Rayo'. Qué decir. Si en el heavy hay algo que cuidar, mimar y enaltecer es la percusión. 'Rayo' es un auténtico crack, él es el ritmo, el espectáculo, la firmeza y el tiempo de Edone, pero es, asimismo, elemento integrador.
Me explico. No sólo es un formidable batería, sino motor grupal. 'Rayo' tira del grupo, conciencia a sus compañeros, lucha en diferentes campos de batallas -Ayuntamiento, seguridad, hostelería- y es el necesario gestor para que los intereses de Edone prosperen. Yo le aludo como 'el burro', pero, en realidad, quiero decirle amigo del alma, esa es la verdad.
Hablemos del mejor guitarrista de Melilla, Lázaro Contreras. Uno piensa que ya no va a sorprenderse con el trabajo de Lázaro pero quien así lo piense, se equivoca. Lo que el acreditado solista de Edone hizo en Shamrock en la madrugada del sábado ha sido deslumbrante.
¿A qué velocidad corren los dedos de este señor?. Lázaro -fíjense en el próximo concierto- no sólo interpreta los temas con el mejor oficio sino que se recrea en las suertes, diría cualquier taurino. Lázaro toca la guitarra perfectamente, es el mejor sin duda alguna, pero aprovecha momentos inapreciables para embellecer un concierto.
Cuando parece que la melodía atraviesa un páramo, él está improvisando, aunque sólo se entere él y dos o tres entendidos, es un artista de talla. Lázaro tiene la mala suerte -o la buena, no se sabe- de vivir en Melilla. En Madrid o Barcelona no hay dinero suficiente para pagar el arte que destila Lázaro por los cuatro costados. Y, como el resto de sus compañeros, es un ser humano admirable.
O sea, que lo del viernes noche, sábado de madrugada, Edone, Josemari, Jordi, Salva, 'Rayo' y Lázaro ha sido una historia cultural, artística, musical, inolvidable. Abran los gestores de la cosa pública sus entendederas y promocionen opciones sociales innovadoras que, por otra parte, encandilan a la juventud del siglo XXI, la que gobernará los destinos del Estado dentro de dos o tres décadas.