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El torreón quitó hambre pero también dio mucha muerte
El Baluarte de las Cinco Palabras enriquece el patrimonio histórico de una ciudad que se ofrece a la Humanidad
Los niños de la década de los 60 recordamos cómo accedíamos a Melilla la Vieja por el Baluarte de las Cinco Palabras. Estaba prohibido pero, para eso éramos niños, para pasar olímpicamente de la prohibición.
Publicada en MeliYa el 26 de febrero de 2007
El Torreón o Baluarte de las Cinco Palabras es un emblema recuperado para los melillenses y una aportación para entender bien la historia y evolución de una ciudad ceñida a recintos tan guerreros como necesitados de oxígeno exterior.
Hay que recordar que Melilla no creció, por primera vez, extramuros hacia El Ensanche sino hacia La Alcazaba. Antes, 1.500 años antes, lo hizo hacia San Lorenzo, pero para ubicar un enterramiento púnico. Lo comenzó a recuperar don Rafael Fernández de Castro pero se lo cargó para siempre el Pabellón Ciudad de Melilla.
Es decir, La Alcazaba era la comunicación natural entre los melillenses del siglo XVI y posteriores con el entorno natural. Los huertos, las aguadas, las salidas defensivas y el incipiente comercio con el derredor, todos estos acontecimientos comenzaban por el túnel restaurado, salvaban la altura de Galápagos y desembocaban en el continente.
No es conveniente olvidar que Melilla fue una especie de istmo. A la fortaleza sólo podía accederse por Galápagos y posterior ascensión por la Puerta de Santiago, zonas bien batidas por los enemigos de la presencia española en la ciudad.
Los niños de la década de los 60 recordamos cómo accedíamos a Melilla la Vieja por el Baluarte de las Cinco Palabras. Estaba prohibido pero, para eso éramos niños, para pasar olímpicamente de la prohibición.
En verano, a media mañana, la pandilla irrumpía en la histórica y abandonada instalación defensiva, burlaba los correspondientes controles, investigaba con la mirada por si había algún policía nacional arriba y se descolgaba hasta la Ensenada para tomar un baño en día de poniente. Luego acabábamos en El Manco.
La recuperación del Baluarte de las Cinco Palabras profundiza en el conocimiento de aquellos difíciles años de privaciones, cuando la Corona correspondiente negada a Melilla el pan y la sal, cuando el Cristo de la Vera Cruz procesionaba por las inmediaciones del Torreón del Francés -justo en el otro parámetro de Melilla- para alumbrar a paquebotes, lanchones o laudes cargados de trigo y ternera.
Frente al Baluarte viven hoy familias pudientes en una hermosa urbanización de adosados. Antes lo hacían desterrados y tropa variante e inestable, la justa que llegaba de la Península para atender las necesidades del momento. También vivían seres de fortuna o en busca de fortuna sin arraigo melillenses y, finalmente, quienes no tenían sitio en los recintos amurallados.
El túnel del Baluarte era el sistema de comunicación entre melillenses de pura cepa y advenedizos o visitantes ocasionales. Ese túnel ha quitado mucha hambre a los más sufridos habitantes de una ciudad, más o menos, sitiada en todo momento. También a traído muertes y penuria.
Por todo lo anterior, es loable la recuperación de las Cinco Palabras. Junto a las galerías de San José, Melilla ha enriquecido unos fondos históricos que anhelan verse convertidos en Patrimonio de la Humanidad.