Local · Semana Santa
Llegó a llover intensamente
La desolación y el llanto de Batería Jota guarda celosamente el amor a Dios en los corazones de la familia del Flagelado
El meteoro juega una nueva mala partida -la tercera en la última década- al paso de la Pollinica y las gentes de Ramos Vidal rezan a Jesús y a María de Gracia y Esperanza en el templo.
Publicada en InfoMelilla el 1 de abril de 2007
Domingo de Ramos. Jesús sabe lo que le espera, le espera la muerte. Está acabando su misión en el mundo y, tras tres años de apostolado ha llegado el momento de demostrar a los mortales que también el Hijo de Dios puede y sabe morir por ellos mismos.
El protagonismo cofrade de la jornada correspondía a Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder a su entrada en Jerusalem. Hablamos de las gentes del Flagelado, de Batería Jota, la institución que, con buena mano, dirige Juan Antonio Ramos Vidal y que viera la luz allá por 1942, año de hambres y servidumbres.
Qué tristeza y desolación. Es la tercera vez, a lo largo de la última década, que las gentes del Flagelado no pueden sacar la Pollinica y a María de Gracia y Esperanza. El pronóstico se cumplió y el meteoro volvió a jugar una mala pasada al cristianismo de Melilla.
Cristo quiso hacerlo a lo grande pero a lo sencillo. A lo grande porque fue aclamado por el pueblo, un pueblo subyugado por dos terribles cadenas, los más ortodoxos judíos y el Imperio Romano. Nadie quiere ser molestado por quien, como Jesús, proclama la libertad y la dignidad de las personas.
A lo sencillo porque no quiso corceles ni cuádrigas para entrar en Jerusalem, sino una pollinica, modesta, humilde como el Hijo de María. Sólo admite hojas de palma para ser aclamado. Anás y Caifás están muy pendientes desde Palacio, no pueden consentir lo que está pasando, y está pasando el líder de los líderes, el revolucionario Jesús de Nazaret.
Batería Jota Las mujeres y hombres de Batería Jota han llorado lo indecible. Ha sido tortuoso evaluar riesgos, probar a ver qué pasa, hasta que llegó la decisión final y todos se quedaron en el antiguo Ave María para rezar a los Sagrados Titulares. No se salió pero la hermandad cristiana y el amor a Dios sí que estaban presentes, radiantes, en las gentes de Cabrerizas.
Llega para morir en la Cruz el Hombre que ilusionó a todo un pueblo, el que perfiló una manera de vivir más humana, más justa. Por eso se dispone a morir, pero antes lo dejaría muy claro: 'mi Reino no es de este mundo?. Por eso, tras la aclamación, Jesús bajó de la borriquita para irse a su Reino y con su Padre.
La Pollinica de la Medalla Milagrosa quería mostrar la alegría de las gentes que quieren admirar a su héroe, al único ser humano capaz de crear esperanza en campos yermos, el páramos muertos por la desigualdad, la zafiedad de los poderosos.
Podía haber sido el primero de los dos grandes momentos felices de la Semana Santa. Cuando llegue el segundo, Jesús estará camino del Cielo, será el Domingo de Resurrección y el Padre lo estará esperando. Habrá que esperar a 2008, Juan Antonio.