Reportaje

Mistral Express, el barco que nunca encalló en las costas españolas de Melilla

Melilla no existe salvo para recaudar en Beni Enzar y, cómo olvidarlo, mandar a menores a la ciudad para que, pasados algunos años, consigan una documentación que les permita vivir en la Unión Europea.

Publicada en InfoMelilla el 16 de febrero de 2007

Salvador Ramírez

Marruecos no quiere ayuda ninguna que se relacione ni siquiera lejanamente con Ceuta y Melilla. Las ciudades autónomas no existen a efectos oficiales por eso, si se hundiera el Mistral Express, extremo que no se producirá, daría igual, Melilla no existe.

No existe oficialmente porque el tránsito de portadoras y portadores que a diario pasa desde Melilla a la provincia de Marruecos sí que existe a la hora de pagar a los policías marroquíes la correspondiente mordida por bulto.

El caso del buque de Comanav es absurdo. Cualquier remolcador podría tirar de la popa del barco y desencallarlo de las arenas de la playa de la Hípica. Expertos en la materia entienden que no sería necesario más de media hora de trabajo, como mucho, pero Marruecos no quiere.

Melilla no existe salvo para recaudar en Beni Enzar y, cómo olvidarlo, mandar a menores a la ciudad para que, pasados algunos años, consigan una documentación que les permita vivir en la Unión Europea gracias a una España a la que pertenece Melilla.

El caso del Mistral Express es un magnífico ejemplo del espíritu que preside las relaciones entre España y Marruecos. El más moderno, dicen, estado africano siempre está dispuesto a recibir subvenciones a fondo perdido de España, a beneficiarse de las ayudas comunitarias.

Su rey, Mohamed VI, presume de tener un hermano mayor en la Moncloa y lo felicita efusivamente cada 5 de enero, cuando Borbón cumple años.

Pero Melilla y Ceuta son una entelequia salvo para los muertos de hambre que cruzan cada día la inhóspita frontera y lo mismo limpian zapatos, que abrillantan vehículos o levantan un par de carteras en plena calle.

Marruecos es capaz de abandonar el Mistral Express antes de reconocer que se encuentra varado frente a las españolas costas de Melilla. España, para el califa alauita, acaba en Tarifa y en el puerto de Málaga.

Lo demás es un accidente y lo preocupante es que todos los Gobiernos españoles han ahuecado el ala a la hora de hablar de ambas ciudades, hasta Borbón mira al cielo y silva cuando le proponen visitar Melilla.