Opinión
Algo sobre lo que reflexionar.
Publicada en InfoMelilla el 12 de marzo de 2008
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
Cada año, el Banco de Madrid, convoca un Foro de Economía en Barcelona. Esta vez el acto se ha celebrado en el maravilloso salón “de los Espejos”, del remozado Liceo de Barcelona. Aunque sólo hubiera sido por admirar esta hermosa sala, milagrosamente salvada del incendio que destruyó una gran parte del teatro, ya hubiera valido la pena asistir al evento. Hay que reconocerle el mérito, el coraje y el esfuerzo al joven equipo del banco, en Barcelona, para introducir en “terreno hostil” una entidad que lleva el tan denostado, entre el separatismo catalán, topónimo de “Madrid”; pero, la numerosa asistencia que llenó la sala, da fe de la eficacia y habilidad de sus gestores para la captación de la clientela catalana.
La presentación del acto y las dos ponencias corrieron a cargo de dos técnicos que hicieron una disección bien documentada y correctamente expuesta de las varias causas que han contribuido a gestar la crisis que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno, se ha desplomado sobre el sector de la construcción y, como se podía esperar, sobre todas las industrias que, de una manera directa o indirecta, están conectadas con él. Si bien se trataron a fondo, por ambos ponentes, las posibles causas técnicas y económicas que supuestamente condujeron a el fracaso de las “subprime”, de las que se ha derivado la ralentización de la economía y la enorme volatilidad de las bolsas; a la hora de aconsejar nuevas inversiones, aunque cautos en los pronósticos, hablaron de la conveniencia de salirse de los tradicionales mercados europeos y americanos para centrarse en las economías emergentes de Oriente Medio, África y Rusia, que por estar desligadas de aquellos, por la reciedumbre de su aparición en los mercados mundiales, se verán seguramente menos afectados por los traqueteos que puedan sufrir los países occidentales que, según todos los indicadores, es posible que vaya para largo.
No obstante, cuando, en el apartado de intervenciones de los asistentes al acto, pude formular una pregunta relativa a la preocupación que sentía por la inestabilidad de aquellos países del este, donde naciones como Irak, Iran, Israel, Palestina y las distintas naciones africanas, si bien potencialmente y por el imparable ascenso demográfico, figuran como posibles mercados vírgenes, están sujetas, sin embargo, a los vaivenes de la política y a la inestabilidad social; no fueron capaces de darme una respuesta satisfactoria. Aclaro, me convencieron en cuanto a la parte técnica del análisis, pero para un inversor modesto, confieso que poco ducho en la materia, el hecho que se le ofrezcan como rentables fondos o inversiones en países que todos sabemos que tienen un grave riesgo de alteraciones políticas, la mayoría de ellos gobernados por verdaderos dictadores, y en los que la pobreza de la población es endémica; es como decirle que invierta en un negocio que dirige un domador de fieras sujeto a que, cualquiera de ellas, se lo zampe al menor descuido.
Esto me hace reflexionar sobre lo que pudiera ser una de las causas que más influye en la inestabilidad de las bolsas de todo el mundo, especialmente, en los últimos tiempos; atribuible quizá, más que a la solidez de las empresas que cotizan en ellas (no me refiero naturalmente a la actual crisis de las “subprime), a acontecimientos políticos imprevistos, que tienen su inmediata repercusión en la confianza de los inversores, tanto en cuanto a aspectos positivos como negativos, que interactúan sobre los respectivos parquets bursátiles. La facilidad con la que, a través de Internet y de todos los modernos medios de información, se reciben las noticias provenientes de los más lejanos lugares, hace que acontecimientos que antes tardaban meses e incluso años en conocerse ahora se tenga noticia de ellos en unos minutos, si no, casi al instante. Así vemos que lo que sucede en Wall Street se refleja inmediatamente en las bolsas europeas y en sus homólogas asiáticas y, las reacciones ante las buenas o malas noticias, como pudiera ser un levantamiento en Somalia o un atentado en Afganistán; surgen, de inmediato, sus efectos en las bolsas, hipersensibilizadas por la cantidad de variables, no sólo económicas, sino de toda índole, que se deben barajar antes de que, el potencial inversor, pueda decidirse a tomar cualquier decisión de tipo financiero.
Por ello me extrañó que, a algunos, el hecho de que mencionara la posible, yo opino que segura, influencia de las elecciones del domingo, pareciera que les sentara mal. Lo siento, porque no era mi intención hablar de una determinada opción política, pero lo que es indudable es que no se van a librar los inversores de verse condicionados por los resultados de los comicios, por lo que de ellos dependerá el modelo económico que regirá en España durante los próximos cuatro años. El que no quiera verlo así, sea por ceguera partidista, o por exceso de confianza, está en su derecho de pensar lo que le de la gana, pero de lo que no hay duda es, que de la gestión de la crisis que se nos echa encima, dependerá que España la pueda asumir con posibilidades de reducir su impacto sobre nuestra economía o, por el contrario, se sumerja de lleno en ella, si es que se busca capearla a base de paños clientes, como pudieran ser el aumento incontrolado del gasto público, el incremento de los impuestos y el consiguiente dirigismo estatal de la economía; todo ello de amargo recuerdo para aquellos que tuvimos ocasión de ver la España que nos legó el señor Felipe González: con una inflación descontrolada, un desempleo desbocado y un endeudamiento preocupante. motivados por una nefasta gestión. Claro que cada cual es muy dueño de pensar lo que le de la gana. Faltaría más
Miguel Massanet Bosch