Opinión

Melilla, la educación y el efecto Rosenthal II

Publicada en InfoMelilla el 19 de agosto de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de José Manuel Pérez Avilés, no del portal.

José Manuel Pérez Avilés

La figura mitológica de Pigmalión dió lugar a un concepto fundamental en psicología, estudiado por Robert Merton, que denomina efecto Pigmalion al hecho de que, los juicios que tenemos sobre las personas, cosas, situaciones e incluso sobre nosotros mismos tienden a convertirse en realidad. Para ayudarnos en nuestro trabajo, se pueden traer a colación algunas de las investigaciones que Rosenthal y Jacobson realizaron hace 40 años bajo el título ”Pigmalion en el aula”. En uno de estos experimentos, tomaron al azar una serie de alumnos de una escuela. Dieron sus nombres a los profesores informándoles, falsamente, que en los test aparecían como superdotados, cuando la realidad era que habían salido normales. Lo sorprendente fue que al cabo de ocho meses, dichos alumnos obtuvieron un rendimiento escolar realmente de superdotados. ¿Qué había ocurrido? Pues que la actitud positiva, la espectativa de los profesores y el cómo se habían relacionado con dichos alumnos, habían estimulado el aumento del rendimiento en ellos. O sea, todo había dependido de las ideas previas de los investigadores que habían hecho el experimento junto con la actitud positiva del profesorado que lograron el estimulo de los alumnos.

Creo que todo ello tiene mucho que ver con las relaciones humanas, con la conducta, con los modelos mentales, con las percepciones, con la escala o escalera de inferencias, con el aprendizaje, con las experiencias personales, con el comportamiento del ser humano, con los juicios y opiniones, con las creencias sociales, con los sentidos culturales y personales, con las actitudes, con los grupos de trabajo, etc, etc. Este experimento o este fenómeno se dá también en el mundo de las ciencias físicas. En física cuántica es célebre una controversia planteada sobre si el electrón se comporta como una partícula o como una onda. Lo curioso es que parece que se comporta como las dos cosas. Todo depende de las ideas previas de quién hace el experimento. Si el investigador piensa que el electrón se comporta como una onda, lo que consigue es demostrar que éste se comporta como una onda, y a la inversa.

Cuestión parecida sucede con los rumores, esos círculos viciosos donde las cosas empiezan mal y terminan peor. Por ejemplo, el rumor de que la gasolina va a escasear induce a la gente a ir a la gasolinera para llenar el depósito del automóvil. Cuando la gente empieza a ver colas de coches, se convence de que la crisis es real. Luego sobrevienen el pánico y el acaparamiento. Todos llenaban el tanque para vaciarlo en recipientes caseros y volver al surtidor a rellenar para hacer acopio de combustible.

Pero entiendo que el efecto Rosenthal con los escolares no es un círculo vicioso, sino un círculo virtuoso, o Pigmalión positivo. Considero importante el ser conscientes de la existencia de todos esos mencionados mecanismos que, a su vez, están interrelacionados. El solo hecho de darnos cuenta de que podemos estar condicionados por nuestras propias suposiciones, así como por las de los demás, nos pondrá alerta sobre nuestro accionar con los alumnos y sus consecuencias.

Recientemente, investigadores estadounidenses han informado que el fracaso escolar tiene mayores implicaciones para las niñas que para los niños, y que “si bien el fracaso escolar es menos habitual en las niñas parece tener consecuencias más severas o mayores implicaciones cuando ocurre". Y que las adolescentes que abandonan los estudios secundarios antes de graduarse, expulsadas o suspendidas, son más propensas a padecer depresión grave a los 20 años que los varones con análogas experiencias. "Ya sabemos que conduce a una mayor pobreza, tasas más altas de necesidad de asistencia pública y tasas de estabilidad laboral menores”. Y ahora este estudio muestra que tiene consecuencias en la salud mental de las niñas.

En Melilla se da la imagen o la sensación de que nos hemos ido acostumbrando a convivir con el fracaso escolar y a aceptarlo casi como una cosa normal y sin importancia. Sin embargo, estimo que debemos tratar, no sólo de no banalizar el problema del fracaso escolar sino de remover obstáculos, luchar y lograr la máxima sensibilización social contra él porque, modestamente, creo que deberíamos considerarlo como un problema muy grave y perjudicial. Pienso que con esta lucha contra el fracaso escolar defendemos a nuestros alumnos, a nuestras familias, a nuestros intereses, y también al profesorado. Por estas razones y porque nosotros somos quienes creamos nuestra propia realidad, creo que la lucha contra el fracaso escolar debe ser una acción implacable en la que debemos emplear todos cuantos instrumentos sean necesarios para cortar su proceso y sus perturbaciones y alcanzar el objetivo de suprimir el fracaso escolar.