Opinión

Vías de agua en el PP de Rajoy.

Publicada en InfoMelilla el 27 de noviembre de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Debo reconocer que se nota un cierto movimiento en ciertos sectores del PP que empiezan a demostrar, de forma expresa, su disconformidad con el tipo de oposición que se está llevando a cabo por el señor Rajoy y su equipo de directivos. Si a la clara posición de la señora Aguirre, que viene demostrando con hechos cómo se debe reaccionar ante una crisis económica, sin dudas, sin amagos inútiles y sin avances y retrocesos fruto de la inseguridad de quienes nos gobiernan; dando una muestra de valentía y de seguridad en si misma (como, sin duda, ha sido la decisión de bajar los impuestos a los ciudadanos para ayudarles a capear las estrecheces derivadas de una economía en horas bajas); se han venido a sumar otras voces autorizadas, como la del

ex–presidente del gobierno, señor Aznar, insistiendo en la necesidad de que el PP continúe defendiendo “sin complejos” sus principios y valores, que siempre habían constituido los pilares de la formación popular, y la del señor Álvarez Cascos que sigue mostrándose muy crítico con la deriva imprimida por Rajoy a su partido; parece que el malestar ya se está propagando a otros sectores del partido, en los que parece que empieza a cundir la idea de que, por el camino que lleva Rajoy y por el tipo de oposición que se está haciendo, lo único que se está consiguiendo es que el PSOE se vaya reforzando cada vez más y, de paso, que los errores que está cometiendo en el tratamiento que se le está dando a la crisis, no sean denunciados a los ciudadanos para que estos tengan la referencia de las alternativas propuestas por un partido de derechas.

Supongo que don Mariano se debe de estar mordiendo las uñas, si es que tiene este feo vicio, viendo el ejemplo que le está dando el señor Obama quien, lejos de dejarse deslumbrar por los jóvenes valores de los que, sin duda, dispone el partido Demócrata; ha optado por personas de larga experiencia en la política, de reconocida solvencia demostrada en el mandato del señor Clinton y de probada capacidad en el desempeño de los cargos que van a ocupar en el nuevo equipo demócrata, que se va a hacer con el gobierno de los EE.UU. Y es que, el señor Rajoy, tuvo pánico cuando se dio cuenta de que había perdido, por segunda vez, la ocasión de acceder al gobierno de España. Se le arrugó el ombligo ante el temor de ser descabalgado de su presidencia, y empezó a ver adversarios políticos en todas aquellas personas de su partido que habían demostrado su capacidad de trabajo, su efectividad y, lo peor para quien se agarra al poder como una lapa, que gozaban de más popularidad entre las bases del PP que él mismo. Entonces le pilló el síndrome del emperador romano Calígula y comenzó su particular caza de brujas, para lo que contó con el valioso concurso de todos aquellos “delfines” que estaba esperando la oportunidad de subir en el escalafón y asegurarse un puesto en la dirección del partido. Como en la caza de brujas del senador Mac Carthy, no dudó en eliminar de sus cargos a señores de la valía de Acebes y Zaplana, sin pararse en minucias ni andarse con contemplaciones cuando fue ocasión de defenestrar a la propia María San Gil, uno de los valores emergentes más sólidos del partido.

Los resultados de la gestión del nuevo equipo están a la vista y no puede decirse que hayan conseguido encandilar a las bases y si, que han logrado irritar a aquellos que votaron al PP pensando que sería el que nos defendió en el Parlamento en la legislatura pasada, que no era más que el fiel reflejo del de siempre, pero no, no fue así y esto ha motivado que muchos de los que lo apoyábamos hayamos desistido de hacerlo, porque no nos vemos representados en él. Pero son ya demasiados los descontentos, se empiezan a escuchar crujidos peligrosos en su estructura y parece que los unos, por intentar aprovecharse de los errores de Rajoy (entre ellos los señores Gallardón y Camps, al acecho) y los otros, confiando en que haya alguien con suficientes arrestos para enfrentarse al actual aparato y recoger los votos de los cientos de miles de descontentos que estamos esperando un vuelco que nos permita volver al redil de la derecha.

En todo caso, lo que se puede asegurar, es que la postura “conciliadora” del señor Rajoy, su empeño en no “crispar” y su escasa agresividad en el Parlamento, donde parece que, en lugar de actuar de oposición lo hace en apoyo del PSOE; unido a su escaso compromiso en la defensa de valores fundamentales para la gran mayoría de las bases del PP, como pudieran ser las cuestiones del aborto, los matrimonios homosexuales, la eutanasia y la defensa de la Iglesia católica; han sumido en el desconcierto y la perplejidad a muchos de los antiguos simpatizantes del PP, que se hacen cruces cuando escuchan a la señora Cospedal, –un valor que prometía, pero que ha caído en la indefinición en la que se mueve todo el equipo directivo – afirmar, sin el menor recato, que “España es una y no cincuenta” y que “ defendemos nuestros principios ante quien sea”. No parece que la marcha que han imprimido al partido concuerde demasiado con estas categóricas afirmaciones, si es que nos tenemos que guiar por la defensa que hacen de la unidad de España; el escaso o nulo apoyo que prestan a la libertad de expresión y de prensa –como se ha demostrado en el caso de la vergonzosa actuación del CAC en Catalunya, donde uno de los representantes del PP ha sido uno de lo que más han contribuido al juego sucio que se ha practicado con determinados medios de comunicación, que no han querido apoyar a los nacionalistas catalanes – y, lo peor de todo, su silencio cómplice en el tema del aborto y de la liberalización del mismo que parece estar en el proyecto ( una vez que se acabe la presión de la recesión económica) del PSOE, como uno de sus “logros” más señeros.

Es necesario que las bases del PP tomen verdadera conciencia de la forma torticera con la que, la actual dirección, está intentando darle la vuelta al partido que defendía, a capa y espada, los valores de la derecha: el patriotismo, la moral y la ética cristiana, el respeto por la vida y la solidaridad entre todos los españoles, sin distinción por pertenecer o no a autonomías ricas o pobres. Puede que algunos, los más timoratos, los que siempre temen que les pueda ocurrir algo y prefieren transigir siempre, estén dispuestos a dejarse apabullar y someterse a los caprichos de la izquierda –que nunca se conforma y cada vez pide más –; pero estoy convencido de que, la mayoría, estaría por una “refundación” del partido – ahora que este término está de moda – que le hiciera regresar a sus valores de siempre y a su concepción de una España unida, enmarcada en una Justicia justa e independiente, que garantizara los derechos y obligaciones recogidos en la Constitución. No creo que sea demasiado pedir.

Miguel Massanet Bosch